Defoe ´Unbound´: where’re you going, Daniel?

por Marcelo Lara

‘What’s going to be then, eh?’

Anthony Burgess, A Clockwork Orange

Defoe_Journal_of_the_Plague_YearEstábamos yo, Marcelo, y mi jefa, Elina, sentados en aquel mesto “El charrúa”, esquinando Bermúdez y Baigorria, preparándonos para, oh hermanos míos, caminar las casi dos cuadras que nos separaban de las siete puertas que tendríamos que cruzar para llegar hasta donde, por primera vez, dictaríamos una clase de Literatura Inglesa: la cárcel de Devoto.

Han pasado ya algo más de dos meses, quizás. Ha pasado ya el asombro (los asombros) frente al grito “¡Literatura Inglesa!”, que nos anunciaba por los pasillos del C.U.D. (Centro Universitario Devoto). Nunca nos habían anunciado así en Puan, nunca… Ha pasado ya el asombro ante el ir y venir, entrar y salir del aula de gente que no conocíamos. Hemos dejado nuestras vulgaridades en la vereda: nuestra histeria, nuestras comodidades, nuestras estupideces.

Durante estos dos meses han pasado, aunque abajo nombre autores, textos:

Germani
Sennett
Romero
Williams
Ackroyd
Chaucer
Shakespeare
Defoe
Foucault

Dar clases en la cárcel de Devoto es (nos es) asistir a una fiesta comunal, es entrar a fluir en una comunidad unida por la fuga que la literatura no cesa de jugarnos. Dar clases en esas aulas ha sido (lo es) abismarse a un espacio de construcción de alegría, un momento en el que la belleza se cocina sin receta.

De alguna manera, mi relectura número mil de “La mujer de Bath”, de Chaucer, tuvo la posibilidad de que yo la escuchara por primera vez en ese lugar. Ahora estamos leyendo Defoe y, la última clase, nos sorprendíamos comunalmente de la narración de A Journal of The Plague Year, esa obra en la que podemos leer al Estado colocando su lupa sobre los individuos, sus costumbres, familias, propiedades, sueños, vidas, cuerpos, esperanzas; colocando junto con la lupa el bisturí sobre los guiones que anuncian la potencia: formas-de-vida. Nos sorprendíamos de cómo se las arreglaba el narrador para construir su omnisciencia, de las suturas que advertían los años que habían pasado entre el suceso y su inscripción. Nos sorprendíamos, también, de los tan tempranos “certificados de salud” que los individuos necesitaban conseguir para escapar de la ciudad. Michel, debemos aceptarlo, nos alumbró el camino, y también nos derramó las piedras que necesitábamos para tropezarnos, para no dormirnos, para estar atentos y no hacerlo sucumbir a la altura del dogma. Todo el mundo se hace amigo de Michel en el edificio de Bermúdez al 2600.

Los rostros de los alumnos, mientras leen Defoe, me recuerdan al mío, al que imagino que fue con nueve años en aquella sala de la calle Lavalle, cuando acudí al estreno de E. T., al que imagino que fue cuando a mis veintiocho años llegué por primera vez a la casa de mi madre en Montecassiano, al que imagino que tengo cuando hoy, a los cuarenta, los veo leer, asombrarse, entrar en ese juego extraño que le dicen literatura, pero que yo sospecho que allí le llaman, en verdad, vida.

 

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

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