La noción de cuerpo en el Renacimiento tardío

Anatomía de Read, 1559 ca.
Anatomía de Alexander Read, 1638.

por Elina Montes

En Human Anatomy: from the Renaissance to the Digital Age (2006), Benjamin Rifkin y Michael J. Ackerman realizan un interesante relevo de las principales obras que ocuparon el centro de una disputa por el saber a partir de la segunda mitad del siglo XVI. Y esa fue, también e indudablemente, una disputa que se dirimía en el campo de la representación. Se trató de un debate que, tanto en las ciencias médicas como en otras áreas de lo que iba delineando la esfera de la ciencia, estaba ganando el bando de quienes abandonaban un modo más libresco de adquisición y transmisión del conocimiento y, al optar por la experimentación y la observación, fundaban una concepción moderna de la especulación y la investigación. No podemos dejar de notar, sin embargo, que cuando una forma nueva de mirar se posa sobre el objeto, también lo redefine y modifica, por lo que los discursos y representaciones que la ciencia médica produjo en ese período fueron dando forma a nuevos modos de concebir el cuerpo humano, que podrían definirse incluso como menos sagrados y más seculares y reificados.

Los autores de la obra mencionada al comienzo de este escrito afirman que el arte renacentista de la anatomía presenta a los muertos “como encarnaciones vivas de nuestra condición y nuestro destino”. Podrían pensarse casi como un reemplazo iconográfico del memento mori que el arte medieval entregó bajo las series de la “Danzas de la muerte”. A partir de mediados del siglo XVI, circulan en Europa una importante cantidad de manuales de anatomía, ilustrados por eminentes artistas, procedentes especialmente de Italia, Francia, los Países Bajos y Alemania y dirigidos a un público muy heterogéneo compuesto en principio  por médicos, barberos y cirujanos, al que se le sumaban artistas y eruditos (al respecto quizá convenga aclarar que, en algunas regiones, artistas, boticarios y médicos pertenecían a un mismo gremio, lo cual –a nuestros ojos- ofrezca quizá una composición bastante ecléctica de esta comunidad de intereses). Por supuesto, no podemos olvidar que ya Leonardo da Vinci había realizado prácticas anatómicas que quedaron reflejadas en espléndidos dibujos ban destinados a la circulación entre de un grupo muy reducidosados en la disección de unos veinte cadáveres, aunque se sabe que estos diseños estaban  destinados a circular entre un grupo reducido de amigos, no hay evidencia de que se hayan usado en la práctica médica.

El más conocido de los tratados renacentistas es, por supuesto, De humani corporis fabrica libri Septem, o simplemente Fabrica, que el anatomista belga André Vesalio, docente de la Universidad de Padua, publica en 1543, con dibujos del ilustrador flamenco Jan Steven van Calcar entre los artistas principales.

Vesalius_Fabrica_p190
André Vesalio, 1643

Probablemente, y para mejor comprender el fenómeno que hace a la producción de un material de este tipo a partir de mediados del siglo XVI, resulte eficaz recordar que la disección de cadáveres humanos se reinició en los siglos XIII y XIV, luego de un largo período en el que recayeron sobre la práctica prohibiciones de distinta naturaleza que inhibían el desmembramiento y posterior hervor de los restos humanos para ser utilizados en las preparaciones. Si bien, la disección continuó seguramente de manera clandestina para evitar las condenas, es con el Renacimiento –y de la mano de la profunda revisión de los modos de adquisición del conocimiento que le compete al período- que se reanudan los procedimientos, aunque de modo muy ocasional y con fines médico-legales o bien para la realización de estudio del cuerpo humano por algunos artistas italianos. Al respecto, Martín Carreras[1] aclara que en

el renacimiento de la anatomía humana se da en el contexto histórico donde confluyen la traducción del Canón de Ibn Sinna (y otros textos médicos) del árabe al latín hacia el siglo XII, época en la cual vivieron los primeros empiristas medievales de occidente. Hacia fines del siglo XIII y XIV, Mondino de Luzzi había revivido la disección de cadáveres en la Universidad de Bologna. Pero era una época aún dogmática, y cuando la evidencia empírica se contradecía con la escritura de Galeno, se consideraba que los preparados anatómicos eran anormales. En esos años, catedráticos de la Universidad de Tübingen solicitaron al Papa Sixto IV que autorizara la disección de criminales condenados. Sixto IV declaró en Bula en 1482 que siempre y cuando los cadáveres recibieran cristiana sepultura, la Iglesia no se opondría a la disección de cuerpos de convictos.

Se otorga, a través del documento papal, un derecho a la desacralización de restos humanos que admitían ser considerados como despojos y, a los ojos del lector contemporáneo, de seguro no escapa la triste evidencia de que la Bula de Sixto IV legaliza una práctica que no ha cesado de actuarse y que acepta como válida la plena disponibilidad para usos científicos (médicos y farmacológicos) de aquellos cuerpos invisibilizados que la sociedad encierra o margina.

La conformidad por parte de la Iglesia activó la puesta en marcha de programas en las universidades que ya explícitamente incluyeran la clase anatómica con disección y manipulación de restos humanos. Esto no se produjo de manera inmediata ni en todos los países o casas de estudio tuvo la misma respuesta. En Inglaterra, por ejemplo, y en Cambridge, no es sino en 1570 que los nuevos estatutos admiten la disección como práctica y autorizan a la Facultad para que se utilicen para tal fin hasta dos cuerpos por año, cifra que da la medida del escaso contacto oficial que los estudiantes tenían con la anatomía de cuerpos cadavéricos. Éstos, si por un lado evidenciaban como caducas las concepciones galénicas, por el otro instalaban una necesidad concreta en cuanto a la circulación de diseños y tablas que fijaran el nuevo conocimiento adquirido de manera experiencial. Esta cifra también justifica el crecimiento exponencial de una actividad ilegítima, como es la del mercado de cadáveres. Carreras señala que hubo

un aumento desmedido en la demanda de cadáveres para disección. No daban a basto con todos los condenados a muerte. Desde el siglo XVII hasta bien entrado el siglo XIX se convirtió en una lucrativa empresa el robo de cadáveres de los cementerios para vendérselos a los anatomistas. A modo de anécdota relatan que cuando falleció el escritor Laurence Sterne, en 1678, se descubrió que su cadáver había sido robado cuando un familiar lo reconoció sobre la mesa de disección en la Universidad de Cambridge. Se estima que en el cementerio de Bully’s Acre en Dublin se robaban entre 1500 y 2000 cuerpos por año.

En un mismo orden de cosas, Jonathan Sawday[2] precisa que

Las disecciones se habían practicado en Oxford desde 1549, cuando los estatutos de la Universidad obligaron a los estudiantes a presenciar por lo menos dos disecciones a lo largo del curso de su carrera. En Cambridge, el Caius College, hacia 1565, recibía dos cuerpos por año a tal efecto. (56)

El autor agrega, algo más adelante que en Escocia la práctica se realizaba ya en 1505 y agrega que el Gremio de cirujanos y barberos de Edimburgo

tenía garantizado un cuerpo de criminal ajusticiado por año para tales propósitos. En Londres, el Acta de 1540 que unificaba los gremios de barberos y cirujanos, también disponía la provisión de cuerpos para anatomía. Cuatro criminales ejecutados por años le eran asignados a la nueva institución.

Retornando a la obra de Vesalio, es preciso aclarar que fue muy difundida en su tiempo y tuvo sólo durante la vida de su autor dos ediciones, en 1543 y en 1555. Para que los legos podamos comprender el impacto que significó su obra el siguiente ejemplo es más que significativo, en efecto, demostró que el tabique ventricular era macizo y que, por tanto, la sangre no podía atravesarlo hacia el ventrículo izquierdo. Este hallazgo, por sí sólo, derrumbaba los preceptos de la fisiología galénica y fue la base de estudios posteriores sobre el corazón y el aparato circulatorio que contarían, entre los precursores, además de Vesalio, al teólogo y médico español Miguel Servet en su obra Christianismi restitutio (1553) y a Realdo Colombo, discípulo de Vesalio, en su obra póstuma De re anatomica (1559). Otro anatomista contemporáneo de Vesalio fue Gerolamo Fabrizi D’Acquapendente, describió las válvulas de las venas, pero supuso que su función era obstaculizar el paso de sangre hacia la periferia. Él fue uno de los maestros de William Harvey que, en De motu cordi (1628), el famoso tratado sobre la circulación sanguínea llegaría a una correcta interpretación de la función de los vasos sanguíneos.

La obra de Vesalio se considera precursora en la divulgación de tablas más precisas que fueron un soporte fundamental a la hora de ayudar a los estudiantes a memorizar lo que habían podido visualizar al presenciar la disección de los cadáveres.

Detalle del frontispicio de Fabrica de Vesalio
Detalle del frontispicio de Fabrica de Vesalio en la que la disección del cadáver es parte de una clase pública

El frontispicio de Fabrica muestra una escena de disección, en la que abundan alusiones y guiños. El lugar principal de de la imagen es un esqueleto, colocado en el centro y organizando la página, parece aludir a cierta finalidad moral de lo que se está llevando a cabo y –a la vez– ser un recordatorio de las falacias de las apariencias de lo humano. Algunos autores señalan que la revolución metodológica que inaugura la anatomía vesaliana debe ser analizada también en relación con las reformas luteranas y post luteranas: el reclamo de realizar una autopsia (centrarse en la mirada personal) acompaña el presupuesto luterano de la “Sola Scriptura”, la lectura individual del libro sagrado, que prescinde de los comentarios e las interpretaciones eclesiásticas glosadas. El frontispicio muestra a Vesalio en una de sus clases de anatomía. La posición del autor en la imagen es una declaración de principios: se opone a una larga tradición médica en la que el doctor comentaba la disección ex cathedra, es decir, mientras otro, un asistente, realizaba la incisión, la extracción u otras intervenciones sobre el cadáver. Hay en el gesto –entonces– una reivindicación de la experimentación personal y una revalorización del compromiso directo del anatomista con el cuerpo.

disección.1493
El grabado de 1493 muestra al maestro dirigiendo la disección practicada por un ayudante
alexander read
En la imagen de 1638, Alexander Read y otros colegas realizando una disección; no se presenta como una clase pública.

En lo que atañe a las representaciones del cuerpo humano, notamos que el artista encargado del diseño de Fabrica, elige presentar el cuerpo-objeto de la mesa de disección que, a pesar de la plasticidad de las figuras, contrasta fuertemente con el paisaje tranquilo del fondo. Se trata de esqueletos, o figuras que muestran los órganos o sistemas musculares expuestos y que son cuerpos evidentemente muertos. Esta aclaración se hace necesaria puesto que la barrera entre lo muerto y lo vivo se vuelve cada vez menos evidente en los siguientes tratados ilustrados, en los que una estética barroca hace de la exposición de las vísceras un hecho inquietante, al proponer un juego macabro en la manipulación de los cuerpos.

Giulio Cesare Casseri
Giulio Cesare Casseri
G.C. Casseri (1627)
G.C. Casseri (1627)

Esto último se vuelve particularmente evidente en los grabados de Adriaan van den Spieghel para la obra del italiano Giulio Cesare Casseri, De humani corporis fabrica libri decem (1627), en los que las misma figuras alzan los colgajos de piel para mira con asombro las vísceras contenidas en su interior. Ya a principios del siglo XVII, finalmente, se hacen conocidos los diseños de Cornelis Huyberts para el anatomista Frederik Ruysch que publica su Thesaurus anatomicus Primus (1701-1716). Aquí, la anatomía humana participa de grotescas e intrincadas representaciones que se asimilan tanto al género de las naturalezas muertas como al de los gabinetes de curiosidades que comenzaban a saturar los salones de los coleccionistas.

Frederik Ruysch (1701)
Frederik Ruysch (1701)
Frederik Ruysch
Frederik Ruysch

THE DAMP.
by John Donne

WHEN I am dead, and doctors know not why,

And my friends’ curiosity
Will have me cut up to survey each part,
When they shall find your picture in my heart,
You think a sudden damp of love
Will thorough all their senses move,
And work on them as me, and so prefer
Your murder to the name of massacre,

Poor victories ; but if you dare be brave,
And pleasure in your conquest have,
First kill th’ enormous giant, your Disdain ;
And let th’ enchantress Honour, next be slain ;
And like a Goth and Vandal rise,
Deface records and histories
Of your own arts and triumphs over men,
And without such advantage kill me then,

For I could muster up, as well as you,
My giants, and my witches too,
Which are vast Constancy and Secretness ;
But these I neither look for nor profess ;
Kill me as woman, let me die
As a mere man ; do you but try
Your passive valour, and you shall find then,
Naked you have odds enough of any man.

LA MIASMA
(trad. de E. Caracciolo-Trejo)

Cuando esté muerto, y los doctores ignoren el porqué,
y la curiosidad de mis amigos
me separe en pedazos para estudiarme,
piensa que una súbita miasma de amor
pasará por todos sus sentidos
y en ellos habrá de trabajar como una vez en mí, y así preferirán
tu asesinato a una masacre.
Pobre victoria, mas si osas ser valiente
y hallas placer en tus conquistas,
mata primero el enorme gigante, tu Desdén,
y deja que la hechicera Honor sea muerta luego,
y como un godo o vándalo levántate,
destruye el pasado e historia graba
de tus artes y triunfos sobre los hombres,
y sin estas ventajas, mátame entonces.
Pues yo podría convocar tan bien como tú
mis gigantes y brujas
que son la gran Constancia y el Secreto
pues éstos ni busco ni con ellos trato.
Mátame cual lo haría una mujer, déjame morir
como hombre solamente, no ensayes
tu pasivo dolor, pues así encontrarás
la diferencia, desnuda, de cualquier hombre.


[1] Carreras, Martín. “Sórdida historia de la anatomía”, disponible para consulta online en:

http://www.mancia.org/foro/articulos/76069-sordida-historia-anatomia.html

[2] Sawday, Jonathan. (1995). The body emblaazoned; dissection and the human body in Renaissance culture. London: Routledge.

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

2 comentarios en “La noción de cuerpo en el Renacimiento tardío”

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