Reescritura y colonialismo : Aimé Césaire lector de Shakespeare

por Lucas Margarit

La obra The Tempest de William Shakespeare fue escrita en 1611 para la corte. Es evidente que se entronca con el motivo del poder político ya que nos muestra claramente dos generaciones de nobles y auspicia buenos augurios a la nueva pareja de jóvenes –y herederos-, Ferdinand y Miranda, quienes en el futuro ostentarán el poder. Sin embargo, distintas problemáticas, como el poder, la noción de representación en sus diferentes niveles, la magia o el lenguaje, entre otras, se entrelazan en una obra que es de las más complejas de este autor.

une-tempete-3Es esta la última obra que escribe Shakespeare en solitario y puede pensarse tanto como un testamento poético, es decir como un repertorio de las preocupaciones estéticas del autor, como una obra donde se manifiestan sus reflexiones acerca del poder y de la política, tal como lo hizo anteriormente sobre todo en las piezas históricas. La trama de The Tempest vacilará de un extremo a otro, desde los problemas acerca de la representación hasta los que plantea la usurpación de un trono, en este caso, de Milán, que bien podría asimilarse al inglés.

Asimismo, deberíamos contemplar entre estos dos extremos uno de los conflictos más importantes de este período y también de la obra shakesperiana: la relación entre Naturaleza y Civilización. Shakespeare, como es habitual, se nutre de diferentes fuentes y las reelabora para exponer sus objetivos dramáticos. Entre estas fuente vamos a tener en cuenta una serie de relatos y crónicas marítimas acerca de la expansión colonial inglesa, específicamente un viaje llevado a cabo en 1609 hacia Virginia, en el norte de América, por una tripulación liderada por Sir Thomas Gates que se creyó perdida. Sin embargo, luego de sobrevivir y convivir con nativos en una isla de las Bermudas, regresan a Inglaterra en el año 1610, donde narran su experiencia en ese ámbito salvaje y natural. Lo que no deberíamos dejar de lado, es que incluso esos relatos estarán contaminados por el pensamiento europeo, con lo cual esa experiencia narrada será absolutamente parcial. Por ello, frente a esto se tejieron numerosas versiones acerca de los nativos y de las consecuencias, tanto positivas como negativas de su llamado “estado salvaje”, es decir de su vida natural.

Este tipo de relatos ya nos permite entrever la tensión que se crea en la opinión pública y, luego en la obra de Shakespeare que estamos tratando, entre Naturaleza y Civilización; sin embargo la inclusión de fragmentos del ensayo “De las Caníbales” de Montaigne nos anticipa que la perspectiva que nos ofrecerá Shakespeare no será claramente unívoca, sino que, por el contrario, se mostrará crítica con ciertos aspectos del logocentrismo y del eurocentrismo, incluso el final de la pieza nos remarcará el evidente fracaso de la imposición de la palabra en Caliban, personaje que pertenece a otro ámbito cultural, o incluso mejor dicho, al ámbito de lo natural. Su monstruosidad, podríamos afirmar, nace por la imposición cultural que sufre, imposición que da cuenta de una identidad que se ve avasallada y que debe coexistir a la fuerza con su alteridad. Desde su primera aparición, en la escena 2 del primer acto, dice Caliban: “You taught me language, and my profit on’t / Is, I know how to curse. The red plague rid you / For learning me your language!” (I,2, vv. 364-366[1].

Césaire, desde su mirada caribeña, rediseña la apropiación que hace Próspero de la isla de Caliban, llevando la pieza shakesperiana hacia un nuevo campo de tensiones dramáticas, lo cual implica en Une tempête una reapropiación no sólo en el plano de las ideas, sino también en el lingüístico. El lenguaje se territorializa para comenzar a funcionar como un espacio de lucha de poderes, tanto de Próspero y Caliban, como del hombre blanco y el esclavo. Une tempête se publica y se estrena en el año 1969, esta pieza tal como afirma el mismo texto, está concebida a partir de La tempestad de Shakespeare, pero Césaire exhibe modificaciones importantes desde el inicio: leemos en el título:

“Une Tempête

Théâtre

d’apres «La Tempête» de Shakespeare

Adaptation pour un theatre negre”[2]

Esta adaptación, es evidentemente una apropiación del texto shakesperiano, apropiación que traslada el ámbito de la pieza isabelina al de un territorio marginal, anunciando de este modo cambios posteriores que responden al interés político del autor. Césaire nuevamente tomará el hecho de la imposición del lenguaje como manera de apropiarse del “otro”, como una evidencia más de la crítica que desea llevar a cabo de la inmoralidad del colonialismo, tal como afirma en su Discurso contra el colonialismo: “Le grave est que « l’Europe » est moralement, spirituellement indéfendable””[3]. Leemos en la obra de Césaire de qué modo la relación entre los personajes se presenta desde el punto de vista de la imposición lingüística y cultural, dice Próspero: “Puisque tu manies si bien l’invective, tu pourrais au moins me bénir de t’avoir appris à parler. Un barbare! Une bête brute que j’ai éduquée, formée, que j’ai tirée de I’animalité qui I’engangue encore de toute part!”[4]. Igual que en la re-escritura que lleva a cabo el poeta inglés Auden, Caliban maneja acertadamente el lenguaje, lo utiliza con un extremado rigor y una riqueza tal que es evidente que se ha apropiado del lenguaje del amo tanto para ubicarse en un lugar diferente al colonizador como para poder atacarlo con vehemencia[5]. Frente a este pedido de agradecimiento por parte de Prospero, Caliban responde que la única razón por la cual fue “educado” por su amo es para poder obedecer órdenes ya que el verdadero conocimiento es de uso exclusivo del invasor, conocimiento, que en palabras de Caliban, se encuentra encerrado en enormes libros que Próspero guarda para sí.

Frente a esto, ambas obras, la de Shakespeare y la de Césaire, nos presentan una clara oposición que si bien puede tener algún motivo político en Shakespeare, en Césaire ese enfoque será lo que constituya la obra como eje de su crítica al colonialismo, a la usurpación de territorios y a la violencia.

Si en la obra inglesa se nos muestra un evidente fracaso de Prospero ya que esta tensión inicial entre los dos personajes invierte los términos que podríamos suponer para un territorio que podría ser considerado un espacio idílico, la naturaleza entonces se rebela frente al experimento social del europeo. Aquello que se presenta, desde la mirada del conquistador y del colonizador, como un orden absoluto y necesario, termina evidenciando sus propias carencias, de allí que la relación con Caliban se frustre a partir del afán del mago por imponer su cultura sobre la naturaleza del nativo de la isla. Entonces, este territorio mágico, repitiendo cierto paradigma del género utópico, se nos muestra como una anti-utopía ya que no encontramos equilibrio alguno entre las fuerzas opuestas.

En un momento en la obra de Césaire Caliban anuncia su rebeldía, develando el engaño y la ilusión creada por Próspero:

Prospero, tu es un grand illusionniste:
le mensonge, ça te connaît.
Et tu m‘as tellement menti,
menti sur le monde, menti sur moi-même,
que tu as fini par m’imposer
une image de moi-meme:
Un sous-développé, comme tu dis,
un sous-capable,
voilà comment tu m’as obligé a me voir,
et cette image, je la hais! Et elle est fausse!
Mais maintenant, je te connais, vieux cancer,
et je me connais aussi!
Et je sais qu’un jour
mon poing nu, mon seul poing nu
suffira pour écraser ton monde!
Le vieux monde foire! (III, 5)[6]

En la obra de Shakespeare, la ilusión se centra en el modo en que se lleva a cabo la representación en la isla a través de la magia de Próspero y la ayuda de Ariel, allí se pone en evidencia, en parte, el conocimiento del artificio por parte del resto de los personajes. Todos sucumben a dicho artificio creado por Próspero e intentan –en una repetición interminable – una nueva usurpación del poder. Próspero quiere recuperar su trono en Milán, Caliban recuperar su territorio. En la obra isabelina, Caliban aún no tiene una conciencia plena del hecho de la colonización que recién comenzaba, sin embargo Shakespeare nos muestra el resultado ambivalente de la imposición violenta de la cultura europea en un mundo no europeo: es decir, por un lado la imposición de un orden cultural en el campo del orden natural, pero por otro, la visión eurocéntrica en el ámbito de la alteridad. Como habíamos señalado anteriormente, tanto en una situación como en la otra nos enfrentamos al fracaso que culmina con el abandono de la isla por parte de Próspero y los náufragos.

La obra de Césaire -a partir de la estructura inicial de la pieza inglesa- nos ubica en una nueva toma de conciencia frente al sentido de la imposición colonialista. Próspero, el hombre blanco, crea a través de la ilusión una imagen engañosa del mundo y de sus habitantes. Ya no es en principio el enfrentamiento de dos concepciones del mundo a través de la representación. Por el contrario, la ilusión en este caso es el modo en que se realiza una construcción del otro a partir de los parámetros de quien posee el poder. Caliban es conciente de esta situación y de esta imposición. Césaire, a partir del resquicio que deja Shakespeare en su obra, puede insertar en su trama la rebelión del negro. La mirada escéptica de Shakespeare -adoptada de su lectura de Montaigne- sobre las posibilidades de un orden absoluto y constante, nos demuestra que el sistema instaurado por Próspero está lejos de ser eficaz y él es conciente de ello. Es allí donde se encuentra la grieta a través de la cual el Caliban de Césaire podrá oponerse al poder impuesto por Próspero. Caliban tiene en claro que todo conocimiento que Próspero le posibilitó no es más que un falso saber, que no sólo lo aleja de un conocimiento de orden teórico, es decir los gruesos libros de magia, sino  también de un saber más concreto que se relaciona con la propia identidad. El personaje negro en esta situación rompe la ilusión de Próspero, es quien desvela los artilugios, deviniendo en un personaje activo. Si el mago de Shakespeare es quien maneja las acciones en la isla, incluso es quien toma la decisión de abandonar la magia, en el caso de la obra de Césaire, será Caliban quien asuma el papel de mostrarnos la falsedad de la representación colonial. Ante ello, primero deberá conocer quién es, produciéndose de este modo una anagnórisis con respecto al accionar del blanco y a la situación en la que se encuentra su propia raza.

Asimismo, Caliban revaloriza el tema de la apropiación del lenguaje invirtiendo las funciones del mismo, y expondrá de forma vehemente el robo de su identidad:

Appelle-moi X. Ça vaudra mieux. Comme qui dirait l’homme sans nom. Plus exactement, l’homme dont on a volé le nom. Tu parles d’histoire. Eh bien ça, c’est de l’histoire, et fameuse! Chaque fois que tu m’appeleras, ça me rappellera le fait fondamental, que tu m’as tout volé et jusqu’à mon identité!! Uhuru! (I, 2) [7]

En este punto invierte el uso que puede llegar a hacer de su nombre Próspero, anular su identidad a través de la X es un modo de evitar que el mago lo nombre, que el colonizador haga uso de su identidad a través del nombrar. Una identidad arrebatada, tal como la que presenta Caliban deja de ser una identidad plena ya que dejaría de identificarse con su origen para transformarse en una lectura neutralizada por el poder del lenguaje del usurpador. Y aquí entramos en una clara paradoja, quien utiliza y re-funcionaliza el lenguaje es, en última instancia, Caliban ya que habla francés, el idioma del colonizador. De este modo también se produce una inversión del valor lingüístico ya que el oprimido toma las palabras del opresor para producir un ataque y poner en evidencia su posición frente al mundo. De este modo, Une tempête supera el eurocentrismo, la magia de Próspero deja de tener validez en la obra para dar paso a un héroe épico que busca recuperar un estado inicial en el seno de lo natural, es decir en su tradición y en su identidad. En su Discours sur le colonialisme, Césaire define la Négritude: “peut se définir d’abord comme prise de conscience de la différence, comme mémoire, comme fidélité et comme solidarité.”[8]. Caliban es el representante de esta toma de conciencia, de ese saber acerca de la diferencia. La memoria lo lleva a conducir su deseo hacia lo que se ha perdido y es necesario recuperar. Hay una clara conciencia de que ello es de algún modo imposible y esto se manifiesta a través del uso de la lengua del otro, es decir, el conocimiento del mundo ya estará alterado por estar compenetrado al idioma –y a los modos- del invasor. Otra pregunta que nace de este conflicto es ¿quién le puso el nombre al nativo? Nombre impuesto por Próspero, nombre tomado de un anagrama de una palabra francesa “canibale” que Shakespeare toma de Montaigne y que reelabora en su obra.

Césaire expone de este modo un complejo sistema de relaciones que se va a enfatizar aún más con la presencia de Ariel, en esta obra: el mestizo. Quizá signo evidente de otro tipo de sometimiento. Tanto él como Cáliban son esclavos, tanto uno como otro deben obedecer al colonizador. Sin embargo podemos ver una actitud más pasiva por parte de Ariel. Incluso su accionar en el momento de llevar a cabo la fiesta – que en la obra de Shakespeare se presenta como una masque- es obstaculizado y no llega a buen término por la aparición de Eshu, “dios diablo negro”. A la fiesta asisten Juno, Ceres, pero también esta divinidad que desacraliza ese compromiso casi ilusorio entre Ferdinand y Miranda.

Une Tempête, de este modo se manifiesta como la construcción de la épica primordial a través de la inversión del canon, donde la cultura “europea” intenta desterrar las posibilidades de desentrañar un origen, una tradición anterior que se encuentra en íntimo contacto con lo natural. Quizá logre establecer un destierro, pero lo que no podemos dejar de tener en cuenta, y tal como lo expone Césaire es que el fracaso se hará presente. Si en Shakespeare ese fracaso estaba centrado en el problema del conocimiento y en el modo en el cual Próspero no puede concluir su gran obra de manera perfecta, es decir “civilizando” la Naturaleza; en la obra de Césaire el fracaso estará colocado en el aspecto político. Próspero es conciente de que al no abandonar la isla deberá comenzar a formar parte de ese espacio territorial, que ya no es sólo una isla, sino el espacio de convivencia de lo intercultural. Caliban ya es conciente de esta multiplicidad, ya que en él conviven su tradición y su pasado con una lengua impuesta que no le pertenece. Sin embargo, aprende con esas palabras a nombrar su mundo, a destacar su lugar tanto en el territorio geográfico como en el lingüístico.


[1] “Me enseñaste el lenguaje, y el provecho que obtuve / Es que sé maldecir. ¡Que te de peste roja / Por mostrarme tu idioma”. Trad. Pablo Ingberg, La tempestad, Buenos Aires, Losada, 2000, p. 72. Las traducciones pertenecen todas a esta edición.
[2] Césaire, Un Tempête, Paris, Seuil, 1969, p.4.
[3] Lo grave es que “Europa” es moral y espiritualmente indefendible] en Discours sur le colonialisme, Paris, Présence Africaine – Éditions de AAARGH, Internet, 2006, p.1. Asimismo, en este discurso afirma claramente, entre otras cuestiones, que la razón y la intelectualidad de Europa forma parte del sistema “blanco” de imposición cultural en los territorios colonizados. Para ello compara los aniquilamientos hechos por Hitler con la colonización en América y África, asimismo cita autores franceses como Renan, e irónicamente lo asimila al dictador alemán.
[4] Podrías al menos bendecirme por haberte enseñado a hablar. ¡Un bárbaro! ¡Una bestia bruta que he educado, formado, que he sacado de la animalidad que todavía le cuelga por todas partes.] Césaire, Op.cit. p. 25.
[5] Cf. Une tempête, II,1, donde hay un intercambio entre Caliban y Ariel y III, 5 donde el interlocutor de Caliban es Prospero.
[6] Césaire, Aimé, Op. Cit. p. 88. “Próspero, tú eres un gran ilusionista, la mentira es lo tuyo. Y me has mentido tanto, mentido sobre el mundo, mentido sobre mí mismo, que has conseguido imponerme una imagen de mí mismo: un subdesarrollado, un incapaz, así has hecho que me viera y esa imagen, ¡la odio! ¡Es falsa! Pero ahora te conozco, viejo cáncer, y me conozco. Y sé que un día mi puño desnudo, sólo mi puño desnudo bastará para aplastar tu mundo ¡el viejo mundo de mierda!
[7] Ibid. p. 27. “Llámame X. Es mejor. Como quien diría el hombre sin nombre. Más exactamente el hombre a quien han robado el nombre. Hablas de historia. Bien por eso, eso es la historia y es famosa! Cada vez que me llames me recordará el hecho fundamental que me has robado todo, incluso mi identidad”
[8] Ibid., p. 84-85. “La Negritud puede definirse como la toma de conciencia de la diferencia, como memoria, como fidelidad y como solidaridad”.

aime-cesaire2
Aimé Fernand David Césaire (Basse-Pointe, Martinica, 26 de junio de 1913 — Fort-de-France, ibídem, 17 de abril de 2008)

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

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