Conversaciones inexistentes

Una lectura del Diario del año de la peste, de Daniel Defoe.

Por Marcelo Lara

Michel Foucault expresó en su clase del miércoles 15 de enero de 1975 que había “una literatura de la peste que es una literatura de la descomposición de la individualidad”[1]. En esa misma clase precisó que dicha literatura narraba el “momento en el que se cancela cualquier regularidad de la ciudad”[2]. Esta regularidad genérica de la descomposición, que ya aparecería en la Historia de la Guerra del Peloponeso, de Tucídides y atravesaría los tiempos hasta La peste, de Camus, fue llamada por el autor francés “el sueño literario de la peste”. Sin embargo, ese mismo miércoles, frente a esta cuestión Foucault advirtió que había otro sueño, “un sueño político en el que [la peste] es, al contrario, el momento maravilloso en el que el poder político se ejerce a pleno”[3]. La razón de traer aquí las palabras de aquella lejana mañana invernal del 15 de enero de 1975 tiene como fin alzar la mano a destiempo en el abarrotado recinto del Collège de France para preguntarle, profesor, si no cree que el “sueño orgiástico de la peste”, que señala usted como un rasgo de las literaturas visitadas por ese flagelo, no conviven en la ficción con el otro sueño que acaba de mencionar, el del momento en el que el poder político se ejerce a pleno. En este sentido, la duda que me genera su indicación es si no podemos, además de señalar esta “descomposición de la individualidad” en dichas literaturas, también pensar en las narraciones sobre las pestes, o al menos en algunas de ellas, el trabajo de una imaginación que se empieza a ocupar de sus sujetos en tanto seres vivos, una literatura que hace ingresar en el juego de su textura, tal como usted lo menciona en su Historia de la sexualidad 1, “un poder que tiene como tarea tomar la vida a su cargo [y que, para eso] debe cualificar, medir, apreciar y jerarquizar”[4]. En definitiva, la pregunta (que no es una pregunta, sino una propuesta) es si no podemos leer en esa literatura la convivencia de un momento en el que “las individualidades se deshacen y se olvida la ley”[5], con un “poder que se ejerce positivamente sobre la vida, que procura administrarla, aumentarla, multiplicarla, ejercer sobre ella controles precisos y regulaciones generales”[6].

Por ejemplo, el caso del Diario del año de la peste, la novela escrita por Daniel Defoe en 1722: aquí tenemos un texto que narra en primera persona la catastrófica plaga que arrasó la ciudad de Londres entre 1664 y 1665. Dicha obra del autor de Robinson Crusoe es una ficcionalización de los sucesos acaecidos durante esos años y, de alguna manera, también es el intento de una reconstrucción histórica de la infección que acabó con una quinta parte de las vidas de aquella ciudad. Usted recordará que el narrador se presenta como un testigo de la “Visitación” y que, debido a su fe en Dios y al temor a perder sus bienes, permanece en la ciudad durante el flagelo. De este modo, tiempo después, decide escribir lo sucedido con el fin de que su historia “pueda resultar útil a quienes vengan detrás [de él]”[7]. Yo pienso que, a través de la lectura que estamos llevando a cabo, en el texto del autor inglés la idea de administración y previsibilidad de las vidas como motores de la organización de Londres cobrarían plena presencia desde las primeras páginas. Fíjese que el narrador comienza su relato con una estadística de mortandad según los diferentes barrios de la ciudad, comparando la cantidad de entierros durante los primeros brotes de la epidemia con las estadísticas “de estos  [mismos] barrios [en los que] morían habitualmente, cada semana, entre cuatro y seis u ocho personas”[8]. Lo interesante de este relato es que, tomando en cuenta lo que usted ha venido observando en sus clases, la alarma por el incremento de la tasa de mortalidad está expresada a través de la publicación estrictamente semanal de las estadísticas de mortandad y que, además, aquellas, según se observa en la novela, eran procedimientos habituales anteriores a la peste. De hecho, el narrador explica que una de las primeras muertes que tendría las señales de la infección se dio a conocer en el mencionado boletín semanal (como habitualmente se hacía) y, a partir de allí, la población comenzó a inquietarse. En este sentido, me parece que frente a la idea de una literatura de la peste en la que los individuos aparecen en descomposición, las leyes son profanadas, etc., tenemos este texto de Defoe en el que se vería aparecer también una verdadera fiesta estatal de control frente al flagelo de la peste. Otras de las particularidades del Diario del año de la peste es que presenta una ciudad estrictamente dividida en barrios y una Casa del Ayuntamiento dedicada a intervenir en el problema desde cerca, metiéndose en las casas, controlando la circulación por la ciudad, organizando el entierro de cadáveres en ciertos horarios, acercándose a los cuerpos, observando detenidamente las costumbres, hábitos, formas de vida, creencias y luchando contra los diversos discursos no “científicos” que intentan aprovechar el flagelo para su interés privado. Es por eso que mientras lo escuchaba pensaba que lo que usted proponía (me refiero a la sustitución como modelo de control de la exclusión del leproso por la inclusión del apestado) podía ser, de alguna manera, leído también en la literatura de la peste. Es interesante ver cómo Defoe hace ingresar en su novela los procedimientos que la Casa del Ayuntamiento pone en marcha a partir del incremento de apestados. Me refiero al encierro de las familias en sus propias casas ante la noticia o la sospecha de que alguno de sus integrantes estaba o podía estar infectado. Si bien el relato no dejará de lado lo que usted denomina “el sueño orgiástico de la peste”, ya que también presenciamos algo de aquello que señala, por ejemplo, Artaud en su El teatro y su doble, es decir, la locura, la desintegración de los individuos, el robo, la ruptura de los lazos familiares, de la intemperancia, etc., al mismo tiempo el narrador reflexiona durante toda la obra sobre la legitimidad y utilidad de las ordenanzas para prevenir el contagio. La pluma del Diario del año de la peste se focaliza también en otro dispositivo de control que, si cabe, lo podríamos denominar con la palabra “aduana”. Para permitir o prohibir la salida de los individuos de la ciudad existía un documento confeccionado por un médico denominado “certificado de buena salud”. Uno de los requisitos excluyentes para atravesar los muros, para alojarse en una posada o para ingresar a otra ciudad, además del semblante, eran esos pasaportes clínicos emitidos por un médico. Hasta aquí, me parece, podemos ver en el texto de Defoe no sólo una representación orgiástica de la vida librada a la degradación de sus leyes, al desenfreno y a la locura, sino también un aparato estatal inclinándose sobre los sujetos en una situación en la que la vida se pone en primer plano debido a la tragedia que justamente se cultiva en esos mismos cuerpos y que circula por la ciudad. De todos modos, por supuesto, la literatura no es el tema de este curso, lo sé. Pero quería saber, a partir de la mención que usted acaba de hacer sobre el particular, si le parecía pertinente esta idea de hacer ingresar en la literatura sobre la peste también la fiesta estatal, quizás superpuesta al histórico sueño orgiástico de la peste, de la desintegración de las individualidades, etc.  

Nueve escenas de la peste, por John Dunstall (1644-1693)
Nueve escenas de la peste, por John Dunstall (1644-1693)

[1] Foucault, Michel. Los anormales. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económico, 2011, p. 54.

[2] Foucault, op. cit., p. 54.

[3] Foucault, op. cit., p. 54.

[4] Foucault, Michel. Historia de la sexualidad 1: la voluntad del saber. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2011, p. 136

[5] Foucault, Los anormales, op. cit., p. 54.

[6] Foucault, Historia de la sexualidad 1: la voluntad del saber, op. cit., p. 129.

[7] Defoe, Daniel. Diario del año de la peste. Buenos Aires: Brújula, 1969, p. 15.

[8] Defoe, op. cit., pp. 9,10.

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

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