La novela realista y la ciudad: apuntes sobre Tom Jones y Oliver Twist

por Jesica Lenga (estudiante, FyL, UBA)

La literatura inglesa es sin lugar a dudas una de las más prolíficas en cuanto a la producción de novelas realistas. Los autores británicos más renombrados incursionaron en este género: Jonathan Swift, Daniel Defoe, Robert Louis Stevenson, Jane Austen, son sólo algunos de ellos.

Este fenómeno no es casual: la novela fue el género que más les sirvió a estos escritores para plasmar el temprano ingreso de su país en la modernidad  y para relatar la experiencia de la vida en las nuevas ciudades. Tanto Tom Jones[i], de Fielding como Oliver Twist[ii] de Charles Dickens son claros ejemplos de esto.

Historiadores como Germani[iii], Roncayolo[iv] o Romero[v] coinciden en que el surgimiento de las ciudades y el advenimiento de la burguesía como clase social dominante están estrechamente relacionados, es más, son fenómenos casi inseparables uno de otro. Ya desde finales de la Edad Media, las primeras urbes comenzaron a edificarse como ámbitos en los cuales estos primeros burgueses pudieran desarrollar sus actividades comerciales con mayor libertad.

Henri Pirenne[vi] sostiene que artesanos y comerciantes, se trasladaron a ámbitos urbanos para rebelarse contra las rígidas pautas de dominación del orden feudal. Allí las oportunidades de crecimiento comercial, progreso y ascenso social eran ilimitadas, y sólo estaban sometidos al poder del rey, sin mediaciones.

Paulatinamente, en las urbes, la burguesía fue ganando poder y convirtiéndose en el sector más influyente de la sociedad. Fueron los burgueses los que impusieron su modo de vida, su forma de organizar las relaciones, sus valores de clase. Esta nueva clase buscó géneros y modos de representación simbólica que respondieran más a sus propias características que las formas tradicionales, heredadas de la cultura religiosa del medioevo

En ese sentido,  Erich Auerbach postula en  Mimesis[vii], que, la novela realista es el género típicamente burgués, el que este sector eligió para representarse a sí mismo.

london18thC

Con el avance del capitalismo moderno, ya en el siglo XVIII,  el realismo resultó una mejor opción que las idealizaciones medievales, para una clase pragmática que prefería reflexionar sobre cuestiones prácticas y mantenerse dentro de los límites de la racionalidad, antes que evadirse en las fantasías típicas de las sagas medievales a las cuales consideraban una pérdida de tiempo, aristocratizante.

La novela es entonces un fenómeno burgués y por lo tanto, urbano. Si nos fijamos en las novelas que nos atañen, en ambas la ciudad tiene un rol protagónico.

Las dos piensan en cuestiones como la relación campo/ciudad, las transformaciones de la modernidad, el vínculo entre naturaleza y sociedad o entre la ciudad y el progreso individual.

Justamente por concentrarse en estas cuestiones, Tom Jones de Fielding, es considerada como una de las primeras novelas inglesas.

Según Terry Eagleton[viii], Fielding es uno de los iniciadores de la novela realista. En Tom Jones, muestra la vida cotidiana del ámbito urbano. Así como las ciudades modernas se habían desacralizado y se organizaban más de acuerdo a valores mercantiles que a los religiosos, Fielding refleja un mundo profano y empírico. No tiene ningún fin religioso ni moralizante.

Este autor se muestra siempre consciente de estar creando un género diferente, en el cual lo novedoso no radica tanto en la historia de los personajes como en su forma

 Soy realmente el fundador de un nuevo género de literatura y tengo libertad para establecer las normas por las que esta ha de guiarse, (Fielding, p.37)

Por eso elige la estructura de la “novela de digresiones” para explicitar cómo se construye a los personajes o para reflexionar y explicar al público las características de este género en formación. También el público al que se dirigía Fielding era un público en formación, que aún no familiarizado con esta tipología textual.

Con el advenimiento de las ciudades y el progreso económico de su población eran cada vez más las personas que tenían acceso a la lectura y disponían de tiempo de ocio para leer. En el texto también se intenta darle forma a este nuevo modelo de lector.

Fielding escenifica la  Londres del siglo XVIII, una etapa de grandes cambios. La ciudad expandía sus límites cada vez más para responder a una fuerte explosión demográfica. Londres se vuelve un importante centro mercantil, que se moderniza cada vez más. Allí los diferentes sectores sociales conviven cada vez más, pero simultáneamente la brecha social se profundiza y aparecen los primeros indicios de marginalidad.

Tom Jones da fiel testimonio de estas modificaciones en el ámbito urbano, ya a partir de la tensión que estructura toda la novela: la dicotomía campo-ciudad. Se contrasta la calma e inmutabilidad de la vida en el campo con el movimiento y las transformaciones constantes que se experimentan en la urbe. Fielding, que pertenece a la nobleza rural, muestra a Londres como el espacio en el que se pervierte el sujeto, en el cual  la corrupción y los vicios son rescatados como positivos. La ciudad es un lugar oscuro. La urbe contrasta así con el campo, territorio de virtud e inocencia que conserva los valores tradicionales. Fielding elabora a partir de esta oposición una fuerte crítica social a la sociedad londinense, la acusa de hipocresía , de sostener una falsa moral.

A pesar de esto, Londres, no sólo se carga con aspectos negativos, puesto que allí Tom realiza su camino de ascenso y logra encontrar su posición en la sociedad, es también un escenario para la anagnórisis.

La oposición campo-ciudad resulta solidaria con la de buena naturaleza humana contrastada con el vicio y el artificio, ambas  se sostienen a lo largo de toda la obra. Ya desde el inicio el narrador manifiesta que Tom ha nacido para ser ahorcado (lo mismo sucedería luego con Oliver Twist), no por sus condiciones naturales; en ambos casos se destaca la pureza de su identidad original, sino por lo que la sociedad urbana, se sabe, hará con ellos durante el proceso de formación y socialización.

Tom y Oliver son novelas de formación, ambos  personajes cuentan con una figura, un padre adoptivo que funciona como modelo a seguir, para Tom este sería Alworthy, mientras que para Oliver, Bronwlow. Justamente la separación y posterior  expulsión  respecto a estos personajes es la que da lugar al inicio del recorrido por los caminos, para lograr el reencuentro final.

Esta preponderancia de los caminos no es casual, para esa época las rutas se ampliaron, las distancias y tiempos se achicaron, lo cual modificó las vidas de los sujetos. Las nuevas carreteras,  influyen en la narración, son escenario para novelas. Representan el aprendizaje, el enfrentamiento con el mundo exterior.

Si bien estos fueron un tópico tradicional y frecuente en la narrativa literaria y constituyen aquello que Bajtin define como cronotopo[ix], ya  en los siglos XVIII y XIX, las novelas muestran a sus protagonistas en movimiento, trasladándose constantemente y con libertad de un  punto del mapa, trazando cartografias imaginarias, fundando nuevos espacios y convirtiendo a estas rutas en ámbitos en donde lo desconocido se vuelve conocido.[x]

Otra de las cuestiones en las que Fielding es precursor y que se convertirá en la línea que autores como Dickens continuarán es el acercarse y posar la mirada sobre los nuevos sectores marginales de la sociedad pero ya no con una postura condenatoria.

El narrador establece una mirada de comprensión respecto a Tom y los desclasados de las nuevas ciudades y hace referencia a los fenómenos urbanos de la desocupación y de la delincuencia, se menciona a las leyes de pobres y vagos, sancionadas durante esa época. Es más, Tom -al igual que lo que luego le sucedería a Oliver- es víctima de la persecución por estas leyes. (Las mismas ya aparecen tematizadas por otros autores de la época como Swift, que en Una modesta proposición, realiza una fuerte sátira respecto a las políticas londinenses respecto a sus pobres.[xi])

Su nacimiento, por otra parte, parecería estar signado por el vicio (Tom Jones y Oliver Twist son fruto de relaciones extramatrimoniales) Tom Jones y Oliver son abandonados y por eso deben enfrentarse al mundo.

Así se invierte la jerarquía convencional, se le da centralidad al marginal, y se ubica en lugar secundario a personajes nobles. Los vicios quedan así del lado de las clases más altas, y las virtudes innatas del lado de los marginales, que son capaces, gracias a dicha naturaleza virtuosa, de torcer aquel destino al que parecían estar predeterminados

Finalmente, Tom, no termina en la horca, como se había anunciado en un principio que alcanza su salvación personal. A pesar de la defensa de la libertad y originalidad con la que  escribe su novela por parte del  narrador hay aún cierta finalidad moral que se percibe en algunos de sus comentarios. En el tratamiento que el señor Alworthy le da a la cuestión de las relaciones extramatrimoniales y a la condición de las madres solteras, al juzgar al personaje de Jeanette, por ejemplo, se percibe una clara intención edificante. El narrador se coloca en complicidad con  el terrateniente, avalando su posición  y se contrapone a la “chusma “que falta de compasión, deseaba ver a Jeanette, la mujer “ignominiosa”, encerrada en la cárcel:

 En lugar de satisfacer estos deseos, cerrando a la muchacha todo posible camino a la regeneración el señor Allworthy optó por aconsejarle  que siguiese la buena senda , pues no dudaba que es verdad el que muchas mujeres se han hundido en el más profundo vicio por haber sido  abandonadas al no poder rehacerse del primer tropiezo. (Fielding, Vol I, p. 25)

También en la evaluación que el narrador hace de su protagonista, Tom, se evidencia el gesto de inculcar ciertos modos de comportamiento en el lector y la voluntad de adoctrinarlos acerca de cómo analizar la realidad:

Los hombres sabios y justos deben juzgar lo que le sucedió a Jones en Upton como un merecido castigo a causa de su inconstancia con las mujeres y la gente estúpida y malvada podrá sentirse halagada, suponiendo que la forma de actuar de los hombres es más bien producto de las circunstancias que de la virtud Fielding, Vol II, p.74)

La obra de  Dickens, en cambio, ya representa  la consolidación y apogeo del género que Fielding había iniciado. Por otra parte, muchos de los fenómenos urbanos que este autor había vislumbrado cuando aún eran incipientes se profundizaron ya para la época de Dickens

Oliver Twist continúa con la tradición de bildungsroman inaugurada por Tom Jones, su protagonista realiza un camino de crecimiento y anagnórisis, en el cual reconoce su propia identidad. En efecto, Oliver emprende un recorrido similar al de Tom Jones, y como en el caso de Tom, también se plantea que por su condición social está predestinado a la condena. Nuevamente se establece una contraposición entre la naturaleza del sujeto que es buena y aquello que la sociedad urbana hace con ella: termina corrompiéndola.

La pregunta con la cual se abre la novela es justamente si se puede escapar del sistema o si se está condenado y predeterminado desde el nacimiento. Dickens sigue optando por una visión más liberal, que contempla el desarrollo individual, la salvación a través del propio esfuerzo.

Como en la obra de Fielding se establece la dicotomía campo-ciudad  y otra vez  se muestra al campo como espacio de la inocencia y la virtud y a la ciudad como lugar del  delito  y el vicio. Oliver, toma contacto con la marginalidad  y con la sociedad del crimen al llegar a Londres.

La Londres de Dickens es, sin embargo, la ciudad victoriana en la cual los procesos de industrialización y urbanización que apenas asomaban en Fielding ya están plenamente desarrollados. El crimen, la pobreza, la marginalidad son moneda corriente; surgen en la ciudad grupos que deben desarrollar e ingeniar distintos modos de supervivencia, los desplazados.

Tenebroso, sombrío, lúgubre son sólo algunos de los adjetivos que se le aplican a la capital británica, se la describe como encierro asfixiante, está ennegrecida por el humo que homogeiniza todo el espacio urbano.

Según Raymond Williams[xii], Dickens muestra a la ciudad como hecho social, como un paisaje humano, donde hasta los edificios (como las instituciones) son protagónicos porque describen los modos de vida de los sujetos que los habitan. Las calles también tienen un lugar preponderante, los  personajes las recorren constantemente. Para Oliver son un sinónimo de amenaza

Los personajes dickenesianos  están así en constante circulación, a través de los recorridos callejeros se muestra a una ciudad que, a diferencia de la de Tom, es ya una metrópolis. Por sus veredas uno ya no se encuentra como sucedía en los caminos de Fielding, con los conocidos sino con la multitud desconocida. Se toma contacto con cuerpos a los que ni siquiera se ve. El sujeto debe aprender a moverse entre las masas de cuerpos próximos y extraños. Nuestra relación con otros es el encuentro anónimo.

La ciudad es un ámbito de alienación donde la idea de comunidad cognoscible ha desaparecido, donde proximidad y extrañeza se contradicen. Todos están interrelacionados y aislados entre sí y ser huérfano es una situación habitual. Oliver, a diferencia de Tom, forma parte de una clase burocratizada,  contemplada en la ley de pobres.

En un momento en el que con la expansión demográfica, la gran pobreza y las enfermedades en la ciudad, la orfandad no es una excepción, se crean instituciones especiales para los huérfanos: los asilos. Dickens  dedica gran parte de sus producciones a retratar la vida en estas instituciones. Sin embargo no hay una mirada optimista respecto a las mismas, no se las muestra como lugares positivos, que promocionan el bienestar de sus habitantes, sino como mecanismos de poder, como lugares que disciplinan y aprisionan a sus habitantes.

La sociedad encarcela al individuo que está encerrado, sin salida. Todas las instituciones son así presidios. En ese sentido, no es casual que Oliver Twist inicie en el asilo y termine en la prisión donde será ajusticiado Fagin

Es posible afirmar que las novelas de Dickens son ya puramente urbanas. Autores como Terry Eagleton sugieren que la forma misma de las obras de este autor se vinculan fuertemente con el devenir de la ciudad: sus textos como las metrópolis son impredecibles, pueden derivar en cosas muy diversas justamente para retratar lo cambiante de los espacios que representan. Del mismo modo, los personajes de estas mismas también son sujetos en procesos de cambio, que se construyen a sí mismos en oposición al sistema social.

También Auerbach manifiesta que la novela es un  género democrático; lo cual es aplicable especialmente a  los textos dickenesianos,  tanto su  forma como sus personajes se oponen a lo estático, a lo jerárquico

Asimismo, ya su modo de aparición es democrático: se publicaban por folletines en los diarios que circulaban masivamente en la ciudad entre públicos muy diversos.

Este modo de publicación condiciona la forma y contenido de la novela, se crea un suspenso, conflictos entre capítulo y capítulo: hay cambios bruscos y repentinos que responden a los intereses del público.

Influye, asimismo, en el modo de construir a los personajes: Dickens no se detiene en darles demasiada profundidad psicológica. Parecería ser que la única forma de acceder a los personajes es a partir de una visión rápida. El conocimiento en la ciudad es fugaz, es el del cronista que recorre rápidamente las calles y observa desde afuera, solo lo superficial. Los rasgos físicos determinan la interioridad de la persona: los malos son deformes, los buenos tienen rasgos armónicos y bellos.  En la ciudad lo inmediato es signo de lo verdadero y lo que uno parece ser es lo que es. La experiencia urbana es hostil a la abstracción.

Para sostener la atención del público lector de los periódicos sensacionalistas, los personajes son casi caricaturescos, exagerados y polares (sin demasiados matices).

Según Raymond Williams, Dickens fue uno de los primeros fenómenos de la cultura popular urbana, de la cultura de masas, escribía en función de un mercado y de un consumidor. Esa nueva clase lectora de la ciudad que empezaba a formarse durante la época de Fielding, se había convertido ya en ese momento en masiva. Textos como Oliver Twist o David Coperfield eran consumidos por públicos altamente heterogéneos: tanto obreros como aristócratas, por lo cual, para llegar y despertar el interés de ese gran espectro de espectadores diversos fusionan elementos de alta literatura con la baja. En las novelas dickenesianas hay según Williams una respuesta de las clases bajas, que intentan imponer ciertos valores morales a las clases dominantes.

En Solos en la ciudad, este pensador sostiene que la naciente literatura  masiva:

 Es una respuesta auténticamente popular patente en valores morales y giros verbales… como se ve en la ficción de corte propagandístico publicada en revistas de la época y escrita para dirigir o torcer los intereses de la mayoría, la demanda, también auténticamente popular pedía cierto tipo de relatos y el tratamiento de ciertos temas (Williams, p.34)

Williams afirma que toda obra de Dickens :

 Es una forma íntegra de visión, susceptible de ser comunicada a los otros y al mismo tiempo, es una dramatización de valores susceptible de convertirse en acción   (Williams, p.69)

Esto no significa que el narrador realice algún tipo de evaluación con fines morales o didácticos como sí hacía Fielding, solo expone, como buen artífice realista, los conflictos e injusticias de manera directa y deja que sea el lector quien realice el análisis. Muy probablemente era justamente esto lo que despertaba el interés del público citadino, el encontrar reflejados sus propios problemas

En palabras de Williams, la creación, el rápido desarrollo y la aceptación que tuvieron estas novelas tanto entre los autores como en el público se debieron a que tanto un sector como otro encontraron en ellas la clave que encarnaba una respuesta a experiencias nuevas y distintas pero comunes a todos.

La crisis de la ciudad burguesa, la toma de conciencia de que ésta no trajo, como se creía en la época de Chaucer, sólo progreso, hicieron que cada vez más gente se volcara a las novelas en búsqueda de nuevas maneras de adquirir conocimiento y experiencia.

En muchos casos las novelas representaron una solución simbólica a los problemas de la realidad. Aquellos conflictos que no se solucionaban en el mundo cotidiano, sí lo hacían en el literario. Si analizamos la resolución de Tom Jones y Oliver Twist vemos como en una Londres donde no había justicia social, si había justicia poética.


[i] FIELDING Henry, Tom Jones, Madrid, Club Internacional del Libro, 1998

[ii] DICKENS Charles, Oliver Twist, Madrid, Alianza, 2011

[iii] GERMANI, Gino (comp.). Urbanización, desarrollo y modernización. Buenos Aires: Paidós, 1975, pp. 9-67.

[iv] RONCAYOLO, Marcelo (1978), Cap. 3 “Ciudad y cultura urbana” y cap.7 “Representación e ideología de la ciudad, in: La ciudad, Barcelona: Paidós, 1988, pp.49-63 y pp. 119-136.

[v]ROMERO, José Luis. La ciudad occidental. Culturas urbanas en Europa y América. Buenos Aires: Siglo XXI 2009.

[vi] PIRENNE, Henri, Las ciudades medievales, Buenos Aires, Ediciones 3, 1962.

[vii] AUERBACH, Erich. Mímesis. México, F.C.E., 2011.

[viii] EAGLETON, Terry. La novela inglesa. Madrid: Akal, 2007

[ix] BAJTIN Mijail, Las formas del tiempo y del cronotopo en la novela. En : Teoría y estética de la novela, España, Taurus, 1999

[x] MORETTI Franco,  Atlas  de la novela europea,  México, Siglo XXI Editores, 1999

[xi] SWIFT, Jonathan,  Una modesta proposición para impedir que los niños de los irlandeses pobres  sean una carga para los progenitores  o para su país. En: Ensayistas ingleses, Madrid, Océano, 1999

[xii] WILLIAMS, Raymond. Solos en la ciudad. Madrid: Debate, 1997.

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

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