El espacio intermedio

El espacio intermedio: el pozo como “zona de contacto” en “Los niños verdes” y Alicia en el país de las maravillas.

por Julieta Sbdar (Letras, UBA) *

alice falling 2             Mary Louise Pratt, en su obra Ojoso imperiales, introduce el concepto “zonas de contacto”, haciendo referencia al espacio en el cual se encuentran distintas culturas y establecen una relación asimétrica. Inspirado en la noción “lenguas de contacto” de la linguística (aquellas lenguas que surgen de la necesidad de comunicar entre culturas dispares), este espacio implica una improvisación y una estructura que traspasa los limites de la ley conocida. Así, si bien la noción de Pratt refiere específicamente a los encuentros coloniales, tomaremos esta categoría de manera más amplia para enfocarnos en los espacios que median entre lo conocido y lo desconocido aportando una nueva lógica. En efecto, analizaremos hasta qué punto el espacio de la frontera implica un descentramiento del sentido que lleva inevitablemente a una situación conflictiva.

                En la crónica “Los niños verdes” de Newburgh, el espacio del pozo funciona como zona de contacto en distintos niveles. Por un lado, establece el lugar de encuentro entre el mundo conocido del narrador, el monasterio, y el mundo de lo “insólito” que se refiere a los niños verdes. Por el otro, en tanto referencia directa a un lugar purgatorial, el espacio del pozo plantea un vínculo entre el mundo celeste y el mundo terrestre en el cual la hibridez se torna  necesaria para el encuentro con la alteridad. Pero, además, la verticalidad de este pasaje da cuenta de su carácter transitorio e inestable: en términos religiosos pero también simbólicos, el descenso implica la caída, y el ascenso, la salvación. Esta dicotomía, lejos de presentar una polaridad, refuerza el carácter híbrido del espacio en la narrativa misma. A medida que la niña se salva y el niño muere, lo otro en su carácter alegórico no termina de situarse en el espacio de la caída pero tampoco en el de la salvación. Además, el reemplazo de la geografía horizontal por una dinámica vertical da cuenta de la superioridad de quienes se encuentran arriba respecto de aquellos que se sitúan en un nivel inferior. Así, las coordenadas del espacio dan testimonio de una relación no armoniosa siguiendo la lectura de Pratt. Si tomamos el concepto “autoetnografía” de la misma autora, que se refiere a un modo de representación del colonizado como el colonizador lo ve, podemos pensar que este movimiento sucede hacia el final de la crónica:

Pero, dijeron, el sol no se eleva sobre nosotros y sus rayos apenas nos iluminan, se presenta en la misma medida que entre ustedes lo hace al amanecer o al atardecer. Además, hay una tierra luminosa visible no muy lejos de la nuestra, estando ambas separadas por un inmenso río.

En este pasaje, los niños ubican al lugar de origen en relación de subordinación respecto del espacio de llegada. En este sentido, podemos pensar que hacia el final de la crónica, el factor ideológico que asimilamos a la autoetnografía devuelve la situación extraña al statu quo. Así, el descentramiento producido por lo insólito se sitúa en la frontera pero rápidamente el narrador, en su intento por neutralizar la alteridad, devuelve el centro al espacio del yo. Podemos pensar, tomando a Agamben, que el espacio intermedio surge en “Los niños verdes” como un estado de excepción:

La excepción es, en este sentido, la localización fundamental, que no se limita a distinguir entre lo que está dentro y lo que está fuera, la situación normal y el caos, sino que establece entre ellos un umbral a partir del cual lo interior y lo exterior entran en complejas relaciones topológicas que hacen posible la validez del ordenamiento. (Agamben, 2002: 296).

Gaston Bachelard, en su ensayo Poética del espacio, define a la casa en tanto imagen a partir de dos características fundamentales: la verticalidad y la centralidad. Podemos preguntarnos, a raíz de esta categorización, de qué modo la verticalidad es un atributo tanto de la casa como refugio, como del pozo en tanto localización de lo otro. En primer lugar, distingue dos lugares fundamentales: el tejado, como espacio racional  con una funcionalidad específica, y el sótano, marcado por su aspecto irracional y oscuro. Si pensamos en la relación estrecha entre el espacio del pozo y el espacio del sótano (que comparten nada más ni nada menos que su condición de ser subterráneos), encontramos rápidamente la presencia de lo ominoso -lo unheimlich- y de aquello que escapa a la racionalización. Por otro lado, la casa, para Bachelard, presenta otro rasgo fundamental que es su centralidad, es decir que el sujeto vuelve siempre a ella y es ahí donde desarrolla su intimidad. Esta característica está ausente en el espacio del pozo a medida que la intimidad de los niños es reemplazada por la observación de la sociedad, y es en este espacio intermedio donde son sometidos a un experimento y su subjetividad es amenazada.

Según Jackson, el cambio que produce el fantasy reside en  el desplazamiento de la visión que hace que podamos “ver los espacios entre las cosas como cosas en sí”. Salvando las distancias, podemos pensar que toda la crónica de Newburgh se ubica en este intersticio, en el cual el área de no significación presente en el fantasy estaría siendo reemplazada por el intento que efectúa el narrador al pretender narrar lo inefable.

En Alicia en el país de las maravillas, la zona de contacto entre el mundo conocido y lo novedoso se presenta asimismo como un espacio vertical. En un principio es denominado “madriguera”, luego “tunel” y finalmente “un pozo muy hondo”, dando cuenta de un descenso in crescendo en la misma narración. Sin embargo, el pozo ya no se presenta en términos purgatoriales y el descenso no es una caída en términos religiosos sino que es motivado y en movimiento.
Para Pratt, la zona de contacto rompe con la noción de frontera a medida que desplaza el punto de vista, es decir que la mirada en términos coloniales ya no se construye desde Europa. En Alicia, la noción de frontera también se diluye: ya no se trata de un punto o una línea que se traspasa, sino que representa un desplazamiento asociado al viaje. Al comienzo de la caída, el narrador expresa: “Primero trató de mirar hacia abajo para ver donde caería, pero estaba demasiado oscuro como para divisar nada”; y, cuando cae, escribe: “Miró para arriba, pero todo estaba oscuro”. La oscuridad del lugar de origen y de llegada da cuenta sin dudas de un descentramiento. Si el espacio intermedio no puede definirse a partir del centro, la única referencia es el pasaje en sí mismo.

Bachelard escribe: “La escalera que va al sótano se baja siempre”. Este descenso se presenta no sólamente en términos espaciales sino también temporales, a medida que se trata también de un retorno de los afectos reprimidos, o de lo “unheimlich” para Freud: en el sótano no se almacenan sólamente objetos sin uso, sino también fantasmas del inconsciente. Alicia, por su parte, analoga esta caída hacia “el centro de la tierra” con la caída por la escalera:  “Después de una caída como ésta no podré volver a quejarme cuando ruede escalera abajo (…) No dire una palabra ni siquiera si llego a caerme del propio tejado!” Esta afirmación no sólamente asimila la idea de la caída al aprendizaje, sino que también afirma el descenso como un encuentro con la interioridad y las profundidades inconscientes (en este caso, evidenciadas por el viaje onírico). Si para Bachelard, entonces,  el tejado es el aspecto racional de la casa, mientras que el sótano es el espacio oscuro, esta analogía producida por Alicia rompe con la polarización entre lo racional y lo irracional. Dice Jean Tardieu: “Mais, au dedans, plus de frontieres!” (Pero, adentro, ¡no más fronteras!)

Por otro lado, Pratt, como decíamos al comienzo, toma el concepto zonas de contacto  de la linguística. Así como la lengua de contacto surge de manera improvisada por falta de comprensión entre dos culturas, esta falta también está presente en Alicia. La diferencia radica en que la lengua híbrida que surge en la zona de contacto se reemplaza en la novela por el vaciamiento del lenguaje que da lugar al non sense. En Alicia tampoco se comparte el lenguaje entre el mundo inglés victoriano y el país de las maravillas, pero en el espacio del pozo se produce un cambio de lógica que no da lugar a la pregunta ¿por qué? En efecto, el contexto de hibridación y vacío que produce la caída en el pozo  impide la relación entre significado y significante: “¿Comen gatos los murciélagos?” En la película de Svankmajer, el vacío de lenguaje está ilustrado por el silencio extenso en la escena de la caída, presente en todo el momento de transición. Para Irene Bessiere, el lenguaje fantástico es el reverso del discurso imperante. Así, podemos pensar que si el discurso del mundo inglés victoriano es el discurso del exceso -propio de la cortesía, por ejemplo, ironizada por los pensamientos de Alicia-, su reverso es la destrucción de los principios morales que implica el descenso.

Según Julia Kristeva, “Frontera sin duda, la abyección es ante todo una ambiguedad”. De esta manera, si el espacio del pozo en Alicia es una frontera ambigua, es posible establecer una relación estrecha con la abyección. Si lo abyecto refiere a un “eso” que amenaza porque proviene de un espacio indeterminado, en el pozo, el “eso” representado por el frasco de mermeladas proviene de la oscuridad. Este frasco representa asimismo la relación ambigua con lo abyecto: por un lado atrae a Alicia, fomenta el deseo, pero por el otro, así como el lenguaje, está vacío. En la película, el objeto que cuestiona la integridad física de Alicia aparece representado de manera distinta: el frasco contiene mermelada pero también un pinche. La noción de abyección aparece en este caso íntimamente ligada a la noción de goce, y se inserta en un objeto de deseo que atrae y repele, que tienta y daña.

Finalmente, el espacio del pozo no aparece simplemente como un pasaje entre el mundo de lo conocido y el país de las maravillas, sino que toma otra forma en el capítulo diecisiete, cuando el lirón relata la historia de tres hermanitas que vivían en el fondo de un pozo. De este modo, este relato que resulta inverosímil para Alicia (no comprende de qué se alimentaban) da cuenta de un movimiento interesante en la novela. Dado el cambio de lógica, el espacio de transición pasa a ser un espacio familiar. En este sentido, el descentramiento se vuelve en esta instancia aún más extremo a medida que la frontera se convierte en un centro. La zona de contacto deja de ser un lugar de encuentro para convertirse en el espacio del refugio al cual los personajes pueden regresar.

alice falling 3               Para concluir, el espacio del pozo tanto de “Los niños verdes” como de Alicia en el país de las maravillas puede relacionarse con el espacio asignado a la espera en la obra de Samuel Beckett Esperando a Godot. Si bien el lugar en el cual se detiene la acción no es específicamente el pozo, el espacio del camino funciona como un lugar intermedio entre el pasado que no existe y el futuro que implica la degradación. De esta manera, el camino como lugar de pasaje elimina tanto el punto de partida como el punto de llegada. A diferencia de la propuesta de Pratt, la zona de contacto ya no es específicamente conflictiva a medida que podría ser cualquier otro espacio posible. Si no hay pasado y el futuro es la degradación (así como, de manera más optimista, la oscuridad del pozo de Alicia disuelve ambos centros), el espacio intermedio es el único posible.

 

 

(*) Julieta Sbdar es alumna inicial de la Carrera de Letras, ingresó en 2013 y tiene cuatro materias aprobadas. La nota que publicamos resume la exposición de su examen final de Literatura inglesa (12/12/2013).

BIBLIOGRAFÍA

Agamben, Giorgio. Homo sacer. Madrid: Editora Nacional de Madrid, 2002.

Bachelard, Gaston. La poética del espacio. México: Fondo de Cultura Económica, 2000.

Beckett, Samuel. Esperando a Godot. Barcelona: Tusquets Editores, 2001.

Carroll, Lewis. Alicia en el país de las maravillas. Santiago de Chile: Zigzag, 1950.

Jackson, Rosemary. Fantasy. Literatura y subversión. Buenos Aires: Catálogos, 1986.

Kristeva, Julia. “Sobre la abyección”, Poderes de la perversión. Buenos Aires: Catálogos, 1988.

Newburgh, William of. Green children of Woolpit, libro I, capítulo 27.

Pratt, Mary Louise. “La crítica en la zona de contacto”, Ojos imperiales. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes, 1997.

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

1 comentario en “El espacio intermedio”

  1. Soy Zulema Steimberg,Profesora en letras y debo decirte que tu articulo me parecio muy maduro para el nivel de tu carrera.Felicito a esta critica que sabe manejar bbliografia valiosa y tiene opinion propia.Soy la prima de GERARDO Y DE jUDITH.uN ABRAZO

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