La disolución de la identidad en el espacio onírico

La disolución de la identidad en el espacio onírico en Alicia en el País de las maravillas y Hacedor de estrellas

 por Camila Belelli (ª)

It’s really Me
Really You
And really Me
It’s so hard for us to really be
Really You
And really Me
You’ll lose me though I’m always
really free

David Bowie

En Poéticas del espacio, Gastón Bachelard sostiene que  “…el ensueño pone al soñador fuera del mundo próximo, ante un mundo que lleva el signo de un infinito” (Bachelard, 2000, p. 163). Alicia en el país de las maravillas y Hacedor de estrellas son novelas esencialmente diferentes: las enmarcamos en distintos géneros literarios, provienen de contextos de producción disímiles, tratan temáticas alejadas entre sí y, fundamentalmente, fueron orientadas hacia públicos diversos. Sin embargo, poseen un elemento en común, sobre el que fundamentaremos nuestro análisis: en ambas novelas el personaje principal emprende un viaje mental a través del espacio onírico. Nos proponemos demostrar cómo este espacio, regido por leyes propias que permiten deconstruir el sentido, posibilita el encuentro con un Otro, una alteridad, y cómo este encuentro genera una disolución en las identidades de los protagonistas. Para esto analizaremos en primer lugar los textos en relación con el género literario en el que se enmarcan (el fantasy y la ciencia ficción), intentando comprender cuáles son las características de dichos géneros que posibilitan tal encuentro con la alteridad y el problema de la Identidad que esto involucra. En segundo lugar, basándonos en el concepto de ‘abyección’ de Julia Kristeva, rastrearemos a lo largo de las novelas los elementos que pueden considerarse abyectos para demostrar cómo, a través de éstos, las identidades de los protagonistas comienzan a perder espesor. Finalmente, tomaremos como eje de análisis el viaje que emprenden los personajes, teniendo en cuenta cómo ingresan al espacio onírico, qué les sucede al regresar y si se produce o no una anagnórisis que dé cuenta del cambio en la identidad que se ha producido. Retomando la cita inicial de Bachelard: intentaremos, en conclusión, demostrar cómo ese ‘mundo que lleva el signo de un infinito’, espacio sin límites ni jerarquías, modificará las identidades de los soñadores al posibilitar la aparición de lo ‘Otro’:

El ensueño es un estado enteramente constituido desde el instante inicial. No se le ve empezar y, sin embargo, empieza siempre del mismo modo. Huye del objeto próximo y enseguida está lejos, en otra parte, en el espacio de la otra parte (Bachelard, 2000, p. 163).

Alice.in.Wonderland.Camila

El fantasy: género de apertura

 Entre lo maravilloso y lo mimético, tomando prestadas la extravagancia de uno y la mediocridad del otro, lo fantástico no pertenece a ninguno de los dos, y carece de sus supuestos de confianza o sus pretensiones de ‘verdades’ autoritarias (Jackson, 1986, p.32).

Para intentar enmarcar en un género literario a Alicia en el País de las maravillas[1], emplearemos la definición del fantasy que presenta Rosemary Jackson en su libro Fantasy: literatura y subversión. Paradójicamente, la autora sostiene que el fantasy no constituye un género sino un modo literario, ubicado entre dos tipos de representación: lo mimético y lo maravilloso. Este modo literario, entonces, confunde elementos de los dos anteriores. Afirma que lo que cuenta es real (y se acerca así al polo de lo mimético) y luego rompe este supuesto realismo al introducir elementos que, en los términos en que está planteado el relato, son manifiestamente irreales (oscilando hacia el campo de lo maravilloso). El fantasy se constituye así como un híbrido entre dos formas de representación que, consecuentemente, dará lugar a los sobresaltos en la identidad del personaje.

Jackson menciona como una característica del fantasy la irrupción de lo irracional. Podríamos pensar que esto se manifiesta desde la mismísima aparición del conejo blanco con chaleco y reloj que presencia Alicia y todos los sucesivos eventos que configuran la novela. Elegimos exponer uno de los que consideramos más irracional: la loca fiesta de té. Alicia llega a esta reunión después de haber sido advertida por el Gato de que todos los que se encuentran allí están locos, y lo comprueba ni bien se acerca, cuando le gritan “¡no hay lugar!” ante la perspectiva de una mesa casi vacía (aunque quizás Alicia haya pensado que esto se debía a una actitud descortés que poco tendría que ver con la salud mental de los participantes…). La conversación, a partir de ahí, no sigue un orden lógico, se plantean adivinanzas sin respuesta y la Liebre de Marzo intenta arreglar un reloj untándole manteca y sumergiéndolo en té, sin poder comprender por qué la ‘manteca de la mejor’ no sirvió.

Otra característica que Jackson atribuye al fantasy es la de hablar de lo negativo para describir lo propio, es decir, re-emplazar el mundo real en otro espacio. En Alicia encontramos numerosas escenas de la sociedad victoriana tradicional, re-emplazada en este mundo ‘loco’ que constituye el espacio onírico. La ceremonia del té, el juego de croquet, la nobleza, la escuela: instituciones inglesas que se mimetizan con la alteridad que comporta el nuevo espacio, que Jackson describe como una zona de no-significación y nonsense. El caos semiótico que se manifiesta en este lugar y la dificultad que Alicia percibe al intentar articular su experiencia dan cuenta de que la protagonista va perdiendo uno de los principales baluartes de su identidad: el lenguaje. “¡Curiorífico! ¡Curiorífico! –exclamó Alicia-. Estaba tan sorprendida, que casi había olvidado cómo se hablaba correctamente el idioma” (Carroll, 2011, p.33).

Jackson menciona como otra característica presente en el fantasy la disolución de las unidades clásicas de espacio, tiempo y personaje; y encontramos en Alicia que las tres condiciones se cumplen. En ningún momento se nos da a entender claramente dónde está Alicia y cómo va de un lugar a otro: los espacios devienen en el sueño, surgen simplemente y envuelven a la protagonista. El tiempo es una figura antropomorfa que se encuentra ofendida con el Sombrerero y ha decidido detenerse para él. Y el personaje, Alicia, duda cada vez más de ser alguien en realidad.

¡Dios mío! ¡Qué cosas tan extrañas pasan hoy! Y pensar que ayer fue un día normal. Me pregunto si habré cambiado durante la noche. A ver… ¿era yo la misma al levantarme esta mañana? Me parece que puedo recordar que me sentía un poco distinta. Pero, si no soy la misma, la pregunta es ¿quién demonios soy? (Carroll, 2011, p.35).

colina

La ciencia ficción: novedad y multitud

 Where the myth claims to explain once and for all the essence of phenomena, science fiction first posits them as problems and then explorers where they lead; it sees the mythical static identity as an illusion, usually as fraud, at best only as a temporary realization of potencially limitless contingencies. It does not ask about The Man or The World, but which man? In which kind of world? And why such a man in such a kind of world? (Suvin, 1979, p.7)

Para caracterizar a los géneros no realistas, Darko Suvin introduce la noción de extrañamiento cognitivo, fenómeno que se produce en el lector a partir de un alejamiento del paradigma de realidad. Estos géneros no realistas se diferencian, según Suvin, a partir del grado de separación que presentan con el paradigma realista, y la consecuente enajenación que destilan entre lo conocido y lo representado.

La ciencia ficción es el principal género no realista que Suvin estudia, y sostiene que se lo puede caracterizar únicamente a través del extrañamiento cognitivo y de un marco empírico alternativo al contexto del autor. Este marco alternativo implicará la posibilidad de sistemas de coordenadas diferentes y de nuevos campos semánticos, y encontramos que éste es el principal motor narrativo en Hacedor de estrellas. La multiplicidad de mundos que el narrador encuentra y sus respectivos campos semánticos son el máximo exponente de la refutación de la identidad estática que realiza la ciencia ficción (¿qué hombre? ¿en qué clase de mundo?). Nuevos mundos implican nuevas formas de dar cuenta de ellos y, como decíamos antes, nuevos campos semánticos. El principal ejemplo de esto que encontramos en la novela es el lenguaje de los Otros Hombres:

Esta sorprendente riqueza de la experiencia gustativa me hizo muy difícil entrar totalmente en los pensamientos de los Otros Hombres. El gusto desempeñaba una parte tan importante en sus imágenes y conceptos como la vista entre nosotros. Muchas ideas que los terrestres habían alcanzado gracias a la vista, y que aún en su forma más abstracta conserva huellas de su origen visual, eran concebidas por los Otros Hombres en términos de gusto. Por ejemplo, nuestro ‘brillante’, que aplicamos a personas o ideas, era para ellos una palabra con el significado literal de ‘sabroso’. (Stapledon, 1965, p.41)

La afirmación de la pluralidad de espacios y mundos es otra característica de la ciencia ficción, esbozada por Pablo Capanna en El sentido de la ciencia ficción. La posibilidad material del viaje a través de otros mundos implica que la Tierra deja de estar en primer plano. Revelación que hará mella en la identidad del personaje al verse despojado de su lugar central como sujeto cognoscente.

La imagen del universo de la que es solidaria la s-f ha perdido toda diferenciación, así como el prejuicio de que existan ‘lugares privilegiados’. En esta cosmovisión, la Tierra no es más el Mundo sino un pequeño planeta perdido en el espacio infinito, junto al cual se extienden otros espacios, infinitos tanto cualitativa como cuantitativamente. (Capanna, 1966, p. 200)

Quiebre del orden, quiebre de la identidad

Un ‘algo’ que no reconozco como cosa. Un peso de no-sentido que no tiene nada de insignificante y que me aplasta. En el linde de la inexistencia y la alucinación, de una realidad que, si la reconozco, me aniquila. Lo abyecto y la abyección son aquí mis barreras. Esbozos de mi cultura. (Kristeva, 1988, pp. 8-9)

En el apartado “Sobre la abyección” de su libro Poderes de la perversión, Julia Kristeva introduce el concepto de lo ‘abyecto’ como una amenaza a la noción del Yo. Creemos que en Alicia esta amenaza está constituida por un tipo de abyección ligada a la ruptura del logos, al quiebre de todo orden y límite del sujeto, de la lógica y del sentido común. Los ‘esbozos de su cultura’ que Alicia encuentra a lo largo del viaje se presentan híbridos en el espacio onírico, alterados, ‘Otros’. Así, ante la presencia de algo cotidiano y extraño a la vez, la identidad de Alicia comienza a ponerse en duda. Al caer en las profundidades de su inconsciente, la protagonista ve alterados cada vez más conceptos que en su mundo constituyen premisas fundamentales. Su educación, su cultura, su cordura y, finalmente, su identidad misma, parecen sacudidas por la nueva lógica del espacio onírico.

En primer lugar, sus cambios continuos de tamaño la desconciertan y plantean una duda fundamental: si cambio todo el tiempo, se pregunta Alicia, ¿quién soy en realidad? Durante la conversación con la Oruga deja en claro que el haber sufrido tantos cambios le hace difícil entender y, en consecuencia, manifestar resolutivamente quién es:

-¿Quién eres tú? –dijo la Oruga.

No era una forma demasiado alentadora de empezar una conversación. Alicia contestó un poco intimidada:

-Apenas sé, señora, quién soy en este momento… Sí sabía quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces.

-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó la Oruga con severidad-. ¡A ver si te entiendes a ti misma!

-Me temo no poder aclarar nada, señora –dijo Alicia-, porque, como puede ver, no soy yo misma. (Carroll, 2011, p. 63)

A su vez, Alicia nota que ha perdido la capacidad de recitar poemas que poseía anteriormente. Como sostuvimos en el apartado sobre el fantasy, consideramos que la pérdida del lenguaje es el golpe principal y más fuerte a la estructura de la identidad del personaje. Al no poder dominar eficazmente su lengua, pierde la capacidad  de nombrar, de dar cuenta de lo que está experimentando y de definirse a sí misma como sujeto que conoce. Y, debido a que esta falencia se manifiesta al intentar recitar un poema que antes conocía muy bien, entra en juego también la memoria como elemento de conflicto. Alicia no ve amenazada solamente su capacidad de hablar su propia lengua, sino también los recuerdos del mundo del que proviene y que constituyen una parte de sí misma, de su identidad.

Otra parte de sí misma que se ve reiteradamente puesta en duda es la educación de Alicia. El Sombrerero y la Liebre de Marzo le reprochan no saber comportarse con educación. La Duquesa la acusa de no saber “nada de nada”. La Falsa Tortuga y el Grifo le dicen que es una niña bastante tonta y que debería avergonzarse por preguntar cosas tan evidentes. Junto a los ataques a su educación se realiza otro a su cordura, cuando el Gato de Cheshire le explica lógicamente por qué ella no puede evitar estar loca:

-¿Qué clase de gente vive por aquí?

-En esta dirección –dijo el Gato, haciendo un gesto con la pata derecha- vive un Sombrerero. Y en esta dirección –e hizo un gesto con la otra pata- vive la Liebre de Marzo. Visita al que quieras: los dos están locos.

-Es que a mí no me gusta tratar con gente loca –protestó Alicia.

-Oh, eso no lo puedes evitar –repuso el Gato-. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.

-¿Cómo sabe que yo estoy loca? –preguntó Alicia.

-Tienes que estarlo –afirmó el Gato-, o no habrías venido aquí. (Carroll, 2011, p. 82)

La yuxtaposición de elementos heterogéneos, que parece ser la regla en el espacio onírico, constituye otra manifestación de lo abyecto. Animales y objetos humanizados, rituales ingleses tradicionales completamente híbridos (la indecorosa ceremonia del té, el juego de croquet con animales), bebés que se transforman en cerditos y gatos sonrientes que se desvanecen en el aire. Ante todas estas situaciones Alicia ya no tiene la protección que le brindan la certeza de los límites y la lógica que regulan su mundo normal.

Finalmente, la falta de esta certeza acerca de los límites es el último elemento abyecto que analizaremos. A partir del momento en el que “a Alicia le habían pasado tantas cosas extraordinarias, que había empezado a pensar que casi nada era imposible en realidad” (Carroll, 2011, p. 29), a partir de esta pérdida de la noción de límite, consideramos que la identidad de Alicia se ha visto totalmente sacudida. Proveniente de un mundo de reglas estrictas y severas como lo era la sociedad victoriana, la protagonista se encuentra de repente viviendo situaciones que le hacen creer que nada es imposible y que todo puede cambiar de un momento a otro. No puede sorprendernos, por supuesto, que la pequeña Alicia se pregunte quién es después de haber experimentado metódicos ataques a todo lo que en su mundo es una garantía de seguridad y estabilidad.

Desborde del sujeto y pérdida de la individualidad

No bien lo percibo, lo nombro, lo sublime desencadena […] una cascada de percepciones y de palabras que ensanchan la memoria hasta el infinito. Me olvido ahora del punto de partida y me encuentro asomada a un universo segundo, desfasado de aquel en el que ‘yo’ estoy: delectación y pérdida. No más acá, sino siempre y a través de la percepción y las palabras, lo sublime es un además que nos infla, nos excede, y nos hace estar a la vez aquí, arrojados, y allí, distintos y brillantes. Desvío, clausura imposible. Todo fallido, alegría: fascinación. (Kristeva, 1988, pp. 20-21)

El tipo de abyección que describe Kristeva en esta cita, y que rastrearemos en Hacedor de estrellas, tiene que ver con lo sublime. Ni lo alto ni lo bajo pueden establecerse como objetos porque superan, desbordan al sujeto. Se ubican en espacios inalcanzables y forman parte de lo que no puede ser representado, no puede ser articulado por medio del lenguaje.

Encontramos en Hacedor de estrellas la presencia de lo sublime en la figura misma del Hacedor. Esta entidad, esta presencia, no puede ser descripta del todo bien porque es imposible llegar a conocerla, a comprenderla en profundidad. El lenguaje le es insuficiente al narrador para describir lo que está experimentando. “En vano mi fatigada, mi torturada atención trataba de seguir las creaciones cada vez más sutiles concebidas por el Hacedor de estrellas” (Stapledon, 1965, p. 268).

Siguiendo a Kristeva, proponemos leer esto como un desdoblamiento, y consecuente dispersión, de la identidad del sujeto. El narrador se encuentra ‘aquí, arrojado’: su condición de humano y de ser inferior lo aíslan, le hacen renegar del Hacedor al contemplar la aparente falta de motivación en la creación del Universo; y a la vez ‘allí, distinto y brillante’, al comprender que no debe buscar en la figura del Hacedor amor, piedad o salvación, sino mera contemplación. Al aceptar y adorar, el narrador va más allá de su individualidad: se trasciende a sí mismo, se encuentra ‘allí, distinto y brillante’. “La iluminación que me inundó y me golpeó y me obligó a una ciega adoración fue un centelleo (o así me pareció) de la experiencia absoluta del espíritu eterno” (Stapledon, 1965, p. 271).

La pérdida de la individualidad experimentada al formar parte de la comunidad de mentes constituye un nuevo elemento abyecto, otra manifestación de que la identidad del narrador es cada vez más borrosa. Al pasar a conformar un todo con un grupo de seres extraños, el narrador da cuenta de la pérdida de su noción de sujeto individual: “La combinación o integración de nuestros recuerdos y nuestros temperamentos había alcanzado tal punto que a menudo olvidábamos nuestra individualidad” (Stapledon, 1965, p. 85).

Ante esta comunión mental, la comprensión profunda de mundos diferentes que ésta le permite alcanzar, y ante la consciencia de que su planeta no es único, y ni siquiera especialmente significativo en la historia de la galaxia, el narrador experimenta un golpe a su identidad. El hombre como sujeto central ya no es tal, y la proliferación de mundos alternativos hace surgir la pregunta por la alteridad. Si el sujeto humano ya no es el centro, ¿quién es el Otro? ¿podríamos ser nosotros la alteridad?

Anagnórisis y liberación

El ingreso al espacio onírico

Tanto en Alicia como en Hacedor de estrellas, nos encontramos desde el comienzo del relato con protagonistas que no se sienten a gusto en su propio contexto. Alicia es una niña que manifiesta aburrimiento por tener que estar sentada con su hermana sin nada que hacer mientras ésta lee un libro aburrido, sin dibujos ni diálogos. El relato comienza con Alicia en tensión ante un mundo adulto que la oprime: “Alicia empezaba a sentirse cansada de estar sentada con su hermana a la orilla del río sin tener nada que hacer” (Carroll, 2011, p. 25). En Hacedor de estrellas, el protagonista se nos presenta también como un individuo aislado de su entorno, que se cuestiona el sentido de su vida  y de su mundo. Vive alejado de la ciudad, en una casa que define como una isla. También en esta novela se nos presenta en la primera oración un protagonista oprimido por la situación que está viviendo: “Una noche, descorazonado, subí a la colina” (Stapledon, 1965, p. 15).

Pensamos al espacio onírico como lugar de liberación de las opresiones que sufren los protagonistas. El País de las maravillas se presenta como un lugar donde las leyes de los adultos ya no rigen, donde nada es imposible. El viaje mental que emprende el narrador en Hacedor de estrellas se configura como una respuesta a la pregunta por el sentido de la existencia que lo agobiaba en su colina.

En Alicia, el ingreso al espacio onírico se produce de manera repentina: el conejo blanco irrumpe en esta escena cotidiana, aburrida para Alicia, y ella no duda en seguirlo. Abandona su mundo conocido y seguro tras la promesa de algo nuevo, de una aventura. En Hacedor de estrellas, en cambio, la inserción en el nuevo espacio es mucho más gradual. Hallamos al protagonista contemplando el cielo y reflexionando sobre el cosmos, y en algún momento pasa de la imaginación consciente al sueño. No hay un límite definido entre estos dos estados, no queda claro en qué momento efectivamente ingresa al nuevo espacio.

El despertar

Alicia despierta luego de experimentar un proceso de regreso a la normalidad. Luego de haber contemplado el juicio, que ha llegado a un clímax de sin-sentido (con la Reina exigiendo la sentencia primero y el veredicto después) Alicia ya no teme enfrentar a la corte. No duda en opinar que lo que la Reina dice es una tremenda idiotez, porque entiende que nadie puede hacerle daño; al fin y al cabo, los soldados no son más que un mazo de cartas. No es un detalle menor el hecho de que Alicia haya vuelto a crecer durante el juicio, es decir, haya recuperado su tamaño normal. Luego de esta ‘normalización’ de tamaño y de sentido común, Alicia despierta. El protagonista en Hacedor de estrellas despierta luego de haber cumplido el objetivo de su viaje: encontrar, experimentar al Hacedor.  Si bien la respuesta que ha obtenido no es la que esperaba (la contemplación como fin último del universo en detrimento del amor), ha logrado al menos asignarle un sentido a su existencia.

Anagnórisis

La anagnórisis en Hacedor de estrellas es, a nuestro juicio y desde el punto de vista de un esquema narrativo, bastante explícita. Luego de su viaje y su encuentro final con el Hacedor, donde ha visto su objetivo cumplido, regresa transformado a su hogar. Comprende que el fundamento de su existencia está allí mismo, de donde partió y donde surgieron sus dudas. A su vez, luego de haber experimentado la unión mental con seres de otros planetas, puede percibir mejor el tesoro que constituye la comunidad propia que ha formado.

En Alicia, en cambio, resulta más complejo distinguir un proceso de anagnórisis en la protagonista. Luego del despertar, no se nos dice nada acerca de si Alicia realiza alguna reflexión sobre su sueño o su identidad. Nos arriesgamos a pensar que el proceso de anagnórisis, entonces, no se produce en Alicia sino en su hermana, a la que le cuenta lo que ha soñado. Es al fin y al cabo su hermana la que reflexiona sobre el mundo que Alicia ha visitado, la que sueña también con ese mundo, la que cree por un momento estar en él y se decepciona al comprobar que lo que la rodea sigue siendo ‘la aburrida realidad’. Y es finalmente la que reflexiona sobre el valor de la inocencia y de la niñez, apartando a Alicia del mundo aburrido de la realidad, convencida de que su hermana pequeña

…conservaría, a lo largo de los años, el mismo corazón sencillo y entusiasta de su niñez, y que reuniría a su alrededor a otros chiquillos, y haría brillar los ojos de los pequeños al contarles un cuento extraño, quizás este mismo sueño del País de las Maravillas que había tenido años atrás; y que Alicia sentiría las pequeñas tristezas y se alegraría con los ingenuos goces de los chiquillos, recordando su propia infancia y los felices días del verano. (Carroll, 2011, p. 148)

Bibliografía

Bachelard, G. (2000). “La inmensidad íntima”, en La poética del espacio (págs. 163-184). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Capanna, P. (1966). El sentido de la ciencia ficción. Buenos Aires: Editorial Columba.

Carroll, L. (2011). Alicia en el País de las maravillas. Buenos Aires: Salim.

Jackson, R. (1986). Fantasy: literatura y subversión. Buenos Aires: Catálogos Editora.

Kristeva, J. (1988). “Sobre la abyección”, en Poderes de la perversión (págs. 7-45). Buenos Aires: Catálogos Editora, en coedición con Siglo XXI Editores S.A.

Stapledon, O. (1965). Hacedor de estrellas. Buenos Aires: Ediciones Minotauro.

Suvin, D. (1979). “Estrangement and cognition”, en Metamorphoses of Science Fiction (págs. 3-15). Londres: Yale University Press.


ª Camila Belelli es estudiante inicial de la Carrera de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, con tan solo cuatro materias aprobadas. Este trabajo resulta de la exposición realizada en el final de la materia Literatura inglesa, en diciembre de 2013.

[1] A partir de esta línea nos referiremos al texto como Alicia.

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

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