“La tempestad”. En: Characters of Shakespear’s Plays. William Hazlitt.

William Hazlitt[1]“La tempestad”[2]. En: Characters of Shakespear’s Plays,  1817-1818.Traducción de Ezequiel Rivas

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caliban         No cabe duda de que Shakespeare fue el genio más universal que haya existido. “Ya sea por la tragedia, la comedia, la historia, la pastoral, la pastoral-cómica, la pastoral-histórica, la escena individual o poema ilimitado, él es el único. Séneca no puede ser demasiado pesado ni Plauto demasiado claro para él.” No sólo tiene el mando absoluto sobre nuestra risa o nuestras lágrimas, sobre todos los recursos de la pasión o del ingenio, del pensamiento y de la observación, sino que posee la gama más acotada de invención fantasiosa, sea terrible o juguetona, la misma visión en el mundo de la imaginación que tiene en el mundo de la realidad; y sobre todo eso preside la misma verdad de carácter y naturaleza, y el mismo espíritu de humanidad. Sus seres ideales son tan verdaderos y naturales como sus caracteres reales, esto es, tan consistentes consigo mismos, o si suponemos que tales seres existan, no podrían actuar, hablar o sentir de otra manera que no sea como él los construye. Les ha inventado un lenguaje, modales y sentimientos propios, desde las tremendas imprecaciones de las brujas en Macbeth, cuando ellas hacen “una escritura sin nombre”[3], a las expresiones de sílfide de Ariel, quien “cumple su actividad de espíritu gentilmente”[4]; las travesuras y chismes de Robin Goodfellow, o el parloteo grosero y las gesticulaciones enfáticas de Calibán en esta obra.

La Tempestad es una de las más originales y perfectas producciones de Shakespeare, y nos ha mostrado en ella toda la variedad de sus poderes. Está llena de gracia y grandeza. Los caracteres humanos e imaginarios, lo dramático y lo grotesco se hallan mezclados junto con el arte más grande, y sin ninguna apariencia del mismo. Aunque aquí Shakespeare ha dado “a la etérea nada un lugar donde vivir y un nombre”, sin embargo esa parte que es solamente la creación fantástica de su mente, tuvo la misma textura palpable y es coherente “aparentemente” con el resto. Como la parte preternatural tenía el aire de realidad, y casi atrapa la imaginación con un sentido de verdad, los caracteres reales y eventos participan del desenfreno de un sueño. El majestuoso mago, Próspero, empujado desde su ducado, pero alrededor del cual (tan potente en su arte) la multitud sin número de los espíritus etéreos realizan sus órdenes; su hija Miranda (“digna de ese nombre”) a quien apuntan todos los poderes de su arte, y quien parece una diosa de la isla; el principesco Ferdinando, proyectado por el destino en el cielo de su felicidad en este ídolo de amor; el delicado Ariel; el salvaje Calibán, mitad bestia mitad demonio; la tripulación de la nave ebria– son todos partes conectadas de la historia, y difícilmente se puede ahorrar desde el lugar que ocupan. Incluso el paisaje local y el carácter son una sola cosa con el tema. La isla encantada de Próspero parece haber emergido del mar; la música etérea, el buque sacudido por la tormenta, las olas turbulentas, todo tiene el efecto del paisaje de fondo de una fina pintura. El lápiz de Shakespeare es (para usar una alusión de su propio costal) “como la mano del tintorero, sometida a lo que está trabajando”. Todo en él, aunque participe de “la libertad de ingenio”, se halla también sujeto a “la ley” del entendimiento.  Por el momento, incluso los marineros ebrios, que están intoxicados al punto de tambalearse, comparten, en el desorden de sus mentes y de sus cuerpos, en el tumulto de los elementos, y parecen estar en la costa tanto a merced del azar como antes a merced de los vientos y de las olas. Estos tipos con su ingenio del mar son los menos a nuestro gusto de ninguna otra parte de la obra, pero son tan marineros borrachos como pueden serlo, y son una lámina indirecta para Caliban, cuya figura adquiere una dignidad clásica en la comparación.

El carácter de Caliban es concebido generalmente (y justamente así) como una de las obras maestras del autor. En efecto, no es agradable ver a este personaje en la escena más de lo que es ver al dios Pan personificado allí. Pero en sí mismo es uno de los más salvajes y más abstractos de todos los caracteres de Shakespeare; su deformidad tanto del cuerpo como de la mente es redimida por el poder y la verdad de la imaginación que se muestra en ella. Es la esencia de la grosería, pero no hay una partícula de vulgaridad en él. Shakespeare describió la mente brutal de Calibán en contacto con las formas puras y originales de la naturaleza; el carácter crece fuera de la tierra donde está arraigado, incontrolado, inculto y salvaje, no agobiado por alguna de las mezquindades de la costumbre. Es “de la tierra, terrenal”. Parece casi que ha sido extraído del suelo, con un alma instintivamente sobreañadida a él, que responde a sus deseos y a su origen. La vulgaridad no es tosquedad natural, sino tosquedad convencional, aprendida de otros, en contra de, o sin toda una conformidad de poder natural y de la disposición; así como la moda es el lugar común de la afectación de lo que es elegante y refinado sin ningún sentimiento de su esencia. Schlegel, el admirable crítico alemán de Shakespeare, observa que Calibán es un carácter poético, y “siempre habla en versos blancos”. La primera vez que se presenta:

CALIBÁN

¡Así os caiga a los dos el vil rocío

que, con pluma de cuervo,

barría mi madre

de la ciénaga malsana! ¡Así os sople un viento

del sur y os cubra de pústulas!

PRÓSPERO

Por decir eso, tendrás calambres esta noche

y punzadas que ahogan el aliento. Los duendes,

que obran en la noche, clavarán

púas en tu piel.

Tendrás más aguijones

que un panal, cada uno más punzante

que los de las abejas.

CALIBÁN

Tengo que comer. Esta isla

es mía por mi madre Sícorax,

y tú me la quitaste. Cuando viniste,

me acariciabas y me hacías mucho caso,

me dabas agua con bayas, me enseñabas

a nombrar la lumbrera mayor y la menor

que arden de día y de noche.

Entonces te quería

y te mostraba las riquezas de la isla,

las fuentes, los pozos salados, lo yermo y lo fértil.

¡Maldito yo por hacerlo! Los hechizos de Sícorax

te asedien: escarabajos,

sapos, murciélagos.

Yo soy todos los súbditos que tienes,

yo, que fui mi propio rey; y tú me empocilgas

en la dura roca y me niegas

el resto de la isla.[5]

 Y luego, él promete a Trínculo sus servicios, si lo libera de su penoso trabajo:

CALIBÁN

Verás las mejores fuentes, te cogeré bayas,

pescaré para ti y te traeré mucha leña.

¡Mala peste al tirano de mi amo!

No le llevaré una astilla; te serviré a ti,

ser maravilloso. (…)

Deja que te lleve donde crecen las manzanas;

te sacaré criadillas de tierra con las uñas,

te enseñaré nidos de arrendajo y verás

cómo se atrapa al rápido tití. Te llevaré

donde hay avellanas a racimos y te traeré

polluelos de la roca.[6]

Al conducir a Esteban y a Trínculo a la celda de Próspero, Calibán muestra la superioridad de la capacidad natural sobre un mayor conocimiento y una mayor locura; y en la escena anterior, cuando Ariel los asusta con su música, Calibán, para alentarlos, habla en la poesía elocuente de los sentidos:

CALIBÁN

No temas; la isla está llena de sonidos

y músicas suaves que deleitan y no dañan.

Unas veces resuena en mi oído el vibrar

de mil instrumentos, y otras son voces

que, si he despertado tras un largo sueño,

de nuevo me hacen dormir. Y, al soñar,

las nubes se me abren mostrando riquezas

a punto de lloverme, así que despierto

y lloro por seguir soñando.[7]

Esto no es más bonito de lo que es verdad. El poeta nos muestra aquí al salvaje con la sencillez de un niño, y hace que el extraño monstruo sea amable. Shakespeare tenía que pintar el animal humano grosero y sin opción en sus placeres, pero no sin la sensación de placer o de algún germen de los afectos. Maestro Bernardino en Medida por medida, el salvaje de la vida civilizada, es una admirable contraparte filosófica de Calibán.

Shakespeare, por decirlo así, ha extraído de Calibán los elementos de lo que es etéreo y refinado, para componerlos en el molde sobrenatural de Ariel. Nada había sido tan finamente concebido como este contraste entre lo material y lo espiritual, lo bruto y lo delicado. Ariel es poder imaginario, la rapidez de pensamiento personificada. Cuando Próspero le dice de tomar una buena velocidad, él responde “yo bebo el aire delante de mí”[8]. Esto es algo así como la jactancia de Puck en una ocasión similar: “Voy a poner una ronda faja alrededor de la tierra en cuarenta minutos”[9]. Pero Ariel difiere de Puck en tener una simpatía por los intereses de aquellos de quienes se debe ocupar. ¡Qué exquisito es el siguiente diálogo entre él y Próspero!

ARIEL

Tan hechizados están

que, si los vieras, te sentirías conmovido.

PRÓSPERO

¿Eso crees, espíritu?

ARIEL

Así me sentiría si fuese humano.

PRÓSPERO

Y yo he de conmoverme. Si tú,

que no eres más que aire, has sentido

su dolor, yo, uno de su especie, que siento

el sufrimiento

tan fuerte como ellos,

¿no voy a conmoverme más que tú?[10]

Se ha observado que hay un encanto especial en las canciones introducidas en Shakespeare, que, sin transmitir algunas imágenes distintas, parece recordar todos los sentimientos relacionados con ellos, como fragmentos de la música casi olvidada oída indistintamente en los intervalos. Existe este efecto producido por las canciones de Ariel, que (como lo venimos exponiendo) parecen sonar en el aire, y como si la persona que las ejecuta fuera invisible. Vamos a dar un ejemplo entre muchos de este poder general.

Entran FERNANDO y ARIEL, invisible, tocando y cantando.

ARIEL

Canción.

A estas playas acercaos de la mano.

Saludo y beso traerán silencio al mar.

Bailad con gracia y donaire;

los elfos canten el coro. ¡Atentos!

Coro, disperso: ¡Guau, guau!

Ladran los perros.

[Coro, disperso]: ¡Guau, guau!

Callad. Oiréis al pomposo Chantecler

cantando quiquiriquí.

FERNANDO

¿De dónde sale esta música? ¿Del aire

o de la tierra? Ha cesado. Sin duda suena

por un dios de la isla. Sentado en la playa,

llorando el naufragio de mi padre, el rey,

esta música se me insinuó desde las aguas,

calmando con su dulce melodía

su furia y mi dolor. La he seguido desde allí,

o, más bien, me ha arrastrado. Mas cesó.

No, vuelve a sonar.

ARIEL

Canción.

Yace tu padre en el fondo

y sus huesos son coral.

Ah ora perlas son sus ojos;

nada en él se deshará,

pues el mar le cambia todo

en un bien maravilloso.

Ninfas por él doblarán.

Coro:

Din, don.

Ah, ya las oigo: Din, don, dan.

FERNANDO

La canción evoca a mi ahogado padre.

Esto no es obra humana, ni sonido

de la tierra. Ahora lo oigo sobre mí.[11]

El noviazgo entre Fernando y Miranda es una de las principales bellezas de este obra. Es la pureza del amor. La pretendida interferencia de Próspero aumenta su interés, y se halla en consonancia con el carácter del mago, cuyo sentido de poder sobrenatural lo hace arbitrario, irascible e impaciente de oposición.

La tempestad es una obra más refinada que Sueño de una noche de verano, con la que muchas veces ha sido comparada; pero no tan refinada como un poema. Hay sin embargo un gran número de hermosos pasajes en la última. Dos de los más llamativos pasajes en La Tempestad son pronunciados por Próspero. El primero es aquel admirable cuando la visión que ha conjurado desaparece, y que comienza “Las torres coronadas de nubes, los palacios magníficos, etc”[12], el cual es citado tan a menudo y que todos los estudiantes conocen de memoria; el segundo es el que Próspero pronuncia renunciando a su arte.

PRÓSPERO

¡Elfos de los montes, arroyos, lagos y boscajes

y los que en las playas perseguís sin huella

al refluyente Neptuno y le huís

cuando retorna! ¡Hadas que, ala luna,

en la hierba formáis círculos, tan agrios

que la oveja no los come! ¡Genios, que gozáis

haciendo brotar setas en la noche y os complace

oír el toque de queda, con cuyo auxilio,

aunque débiles seáis, he nublado

el sol de mediodía, desatado fieros vientos

y encendido feroz guerra entre el verde mar

y la bóveda azul! Al retumbante trueno

le he dado llama y con su propio rayo he partido

el roble de Júpiter. He hecho estremecerse

el firme promontorio y arrancado de raíz

el pino y el cedro. Con mi poderoso arte

las tumbas, despertando a sus durmientes,

se abrieron y los arrojaron. Pero aquí abjuro

de mi áspera magia y cuando haya, como ahora,

invocado una música divina que,

cumpliendo mi deseo, como un aire

hechice sus sentidos, romperé mi vara,

la hundiré a muchos pies bajo la tierra

y allí donde jamás bajó la sonda

yo ahogaré mi libro.[13]

No debemos olvidar mencionar, entre otros elementos en esta obra, que Shakespeare ha anticipado todos los argumentos de los esquemas utópicos de la filosofía moderna:

GONZALO

Señor, si yo tuviera una plantación en esta isla…

ANTONIO

La sembraría de ortigas.

SEBASTIÁN

O de malvas o acederas.

GONZALO

…y fuese aquí el rey, ¿qué haría?

SEBASTIÁN

No emborracharse por falta de vino.

GONZALO

En mi Estado lo haría todo al revés

que de costumbre, pues no admitiría

ni comercio, ni título de juez;

los estudios no se

conocerían, ni la riqueza,

la pobreza o el servicio; ni contratos,

herencias, vallados, cultivos o viñedos;

ni metal, trigo, vino o aceite;

ni ocupaciones: los hombres, todos ociosos,

y también las mujeres, aunque inocentes y puras;

ni monarquía…

SEBASTIÁN

Mas dijo que sería el rey.

ANTONIO

El final de su Estado se olvida del principio.

GONZALO

La naturaleza produciría de todo

para todos sin sudor ni esfuerzo. Traición,

felonía, espada, lanza, puñal o máquinas

de guerra yo las prohibiría: la naturaleza

nos daría en abundancia sus frutos

para alimentar a mi pueblo inocente.

SEBASTIÁN

¿Sus súbditos no se casarían?

ANTONIO

No, todos ociosos: todos putas y granujas.

GONZALO

Señor, mi gobierno sería tan perfecto

que excedería a la Edad de Oro.

SEBASTIÁN

¡Dios salve a Su Majestad![14]

[1] Traducción hecha para la Cátedra de Literatura Inglesa (UBA), publicada en https://litinglesa.wordpress.com/2014/10/28/la-tempestad-en-characters-of-shakespears-plays-william-hazlitt/. Solicite autorización al sitio para reproducciones parciales o totales del documento.

[2] Las traducciones de las citas de las obras de Shakespeare son las de Astrana Marín.

[3] Macbeth  4. 1. 47.

[4] La tempestad 1. 2. 298.

[5] La tempestad 1. 2. 322-344.

[6] La tempestad 2. 2. 157-161, 164-169a.

[7] La tempestad 3. 2. 135-143.

[8] La tempestad 5. 1. 102.

[9] Sueño de una noche de verano 2. 1. 175-176.

[10] La tempestad 5. 1. 17-24

[11] La tempestad 1. 2. 376-408.

[12] La tempestad 4. 1. 152. En realidad, el parlamento comienza un poco antes, en la línea 146 y se extiende hasta la línea 163.

[13] La tempestad 5. 1. 33-57.

[14] La tempestad 2. 1. 144-170a.caliban

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

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