Mundus alter et idem: la utopía de la insensatez

Mundus alter et idem: la utopía de la insensatez
por Gonzalo Casafus[1]

Este trabajo analiza la filiación entre Mundus alter et idem y Utopía, en tanto obras que conciben una tierra imaginaria que permite reflexionar sobre la sociedad y las circunstancias históricas de las que forman parte sus autores. Si bien ambos textos se muestran coincidentes en buena parte de su contenido (como en la condena a la corrupción política, el ocio, los vicios y otras necedades humanas), el modo de estructurar su crítica es, en gran medida, opuesto: mientras que Utopía exhibe el modelo al cual la sociedad debería aspirar, Mundus refleja un continente en el que se extreman los defectos humanos. Así, esta obra se construye a partir de una inversión satírica del texto moreano; específicamente, lleva a cabo una distorsión y parodia de la racionalidad que caracteriza al orden de la sociedad de los utópicos. A continuación, el trabajo analiza en detalle los diversos ejes criticados por Hall, y la relación paródica que los mismos establecen con Utopía: la figura del explorador, ridiculizada a partir de la exageración de las descripciones de las crónicas de viaje; el ocio y los vicios, exacerbados con la apelación al mito de la Cucaña y el “mundo del revés” carnavalesco; los prejuicios negativos sobre las mujeres, condenados mediante la inversión de las relaciones genéricas de poder de la sociedad patriarcal occidental; la necedad de los filósofos y las autoridades religiosas, parodiadas a través de las representaciones del “necio” ideadas por Erasmo de Rotterdam en su Elogio de la locura; y, finalmente, la desproporcionada avidez monetaria, simbolizada por “la tierra de los ladrones”. Por último, el trabajo destaca la vocación pública de Hall, en tanto satirista que aspira a provocar una reflexión moral en sus lectores, evocando los ideales del puritanismo calvinista inglés.

Las Antípodas de la imaginación

Desde la Antigüedad y durante gran parte de la Edad Media, la percepción europea sobre las Antípodas o Terra Australis se apoyó en mitos y especulaciones cosmológicas. Se pensaba en este espacio como un vasto e impreciso mundo del hemisferio sur, inalcanzable  a causa de la presencia de mares tempestuosos, y cuyos habitantes (en sintonía con el concepto de “antípodas”) eran monstruosos y diametralmente opuestos a los europeos.

A partir de la segunda mitad del siglo XV, la gran expansión marítima de Europa puso en crisis la imago mundi medieval. Las cartas de los viajeros que describían nuevos mundos y personas, junto con la geografía especulativa y el entusiasmo de los humanistas por el mito de la “edad del oro”, inspiraron historias de aventuras en tierras imaginarias que alimentaron la creencia en mundos lejanos donde reinaba la felicidad. Naturalmente, las Antípodas formaron parte de estas representaciones y evocaron mitos que provenían, en gran medida, del rechazo a ciertas costumbres europeas y sus sistemas políticos, las continuas guerras y la corrupción en la vida de la corte.

En este contexto, aparece hacia 1605 Mundus alter et idem como uno de los ejemplos más tempranos de viajes imaginarios a las Antípodas de la tradición británica. Allí, Hall cuenta en tono satírico la historia de un viajero, Mercurius Britannicus, que viaja a la “Terra Australis Desconocida” durante 30 años y explora su sistema político, social, económico y religioso.

La utopía como instrumento crítico

El viaje a una tierra imaginaria, junto con toda una serie de estrategias narrativas y elementos intertextuales específicos que analizaremos a lo largo de este trabajo, filian a Mundus con el género de la literatura utópica creada por Tomás Moro (Vieira, 2010) con su Utopía (Moro, 2005).

Como hemos señalado, la creación de estas ficciones provenía en gran medida del descontento humanista con la corriente situación sociopolítica, y de un afán por pensar un tipo de organización institucional que sirviera de referencia para reflexionar críticamente sobre el propio mundo. Siguiendo a J. C. Davis, podemos afirmar que los hombres que escribieron utopías en la Inglaterra del siglo XVI y XVII se encontraban en el hontanar de un largo y poderoso proceso político, en el cual un gobierno aún perteneciente al “Antiguo Régimen”, con cierto grado de ley pero lleno de inconsistencias, irracionalidades y privilegios, se transformaba en un estado soberano, centralizado y burocrático, con su aparato impersonal e institucional (Davis, 1985).

Son las múltiples irregularidades y contradicciones de ese estado de cosas lo que Hitlodeo critica en el Libro I de Utopía. Invitado por Moro a expresar su opinión, Rafael  denuncia la mala administración de los príncipes, la dislocación económica causada por el cercamiento de tierras, el mal funcionamiento de la justicia (tema al que incumbe el debate sobre el tratamiento a los criminales y la justificación de su proceder) y la ineficiencia de los consejeros políticos. En el Libro II, la isla utópica se perfila como un espacio donde todos aquellos problemas son solucionados a través de una apropiada administración del Estado. Allí no existe la propiedad privada, ya que es vista como uno de los principales causantes de la ruptura de la armonía comunitaria; no se utiliza dinero y, gracias a una organización social totalizadora, todas las labores son estrictamente controladas para asegurar su máxima productividad. Como señala Rodrigo Castro Orellana, “la ciudad de Utopía es el producto de una razón empeñada en adecuar lo real a sus imperativos de equidad” (Castro Orellana, 2010: 142). En suma, Moro presenta a su isla como un modelo que podría ser imitado por las sociedades europeas, si no en todos, en varios de sus aspectos estructurales.

Por su parte, Mundus también se hace eco de las problemáticas sociopolíticas que preocupan a Moro: el rol que deben desempeñar los magistrados, el funcionamiento de las leyes, los castigos, la organización de las actividades productivas, las normas sociales de convivencia, y otros aspectos de los que se ocupa el texto moreano figuran en esta obra. Sin embargo, el modo en que Hall aborda estos temas es, en cierto sentido, inverso a Utopía, ya que su estrategia no consiste en mostrar el modelo al cual la sociedad debería aspirar sino, contrariamente, en construir una obra donde se extreman los vicios humanos al punto del absurdo, para que dicha representación funcione como un espejo concientizador.

En este sentido, en el siguiente trabajo nos proponemos estudiar Mundus y Utopía a partir de la hipótesis de que el primero de estos textos se produce mediante la inversión satírica del segundo. Intentaremos demostrar que, mientras que en la obra de Moro los distintos órdenes institucionales se rigen por un principio racional, y apuntan a instaurar la equidad y máxima eficiencia en el funcionamiento del cuerpo social, en Mundus esa racionalidad desaparece para dar lugar a una manifestación extrema de las pulsiones que en Utopía son controladas. Así, observaremos que Hall construye una utopía de la insensatez, representando exageradamente los ideales de felicidad o “paraísos” que se forja la necedad humana para desarticular la creencia en la existencia de tierras desconocidas ideales: si Utopia imagina  un lugar donde se resuelve el problema de recursos limitados para satisfacciones ilimitadas (Davis), Mundus niega esa posibilidad a través de la sátira. No obstante, veremos que, en consonancia con lo antes dicho, ambas obras no deben verse como diametralmente opuestas, sino como parcialmente coincidentes en su contenido crítico, con un sistema de representación (también parcialmente) inverso.

De este modo, centraremos nuestro análisis en Mundus estableciendo diversas correlaciones con Utopía que nos permitan constatar la hipótesis formulada. La organización del trabajo tomará como guía las secciones en que Mundus se halla dividida: en primer lugar, una introducción donde el narrador-personaje explica la ocasión en que surge su viaje; y, posteriormente, las diferentes regiones que éste visita. Asimismo, ampliaremos nuestro estudio hacia otros ejes temáticos cuando sea pertinente, con el objeto de obtener una mayor comprensión del sentido de la sátira que nos ocupa.

Ocasión del viaje y preparativos: sobre la figura y el discurso de los viajeros

Al igual que en el Libro I de Utopía, donde asistimos a la conversación entre Moro, Giles y Rafael, en el prólogo de Mundus nos encontramos con la reunión de tres amigos (Beroaldo, Drogio y Mercurio) que se hallan en la Universidad de Cambridge. Sin embargo, la conversación entre estos personajes no posee la mesura y erudición que caracteriza la discusión en la obra de Moro, sino que se ve sobresaltada por el discurso exagerado y contradictorio de Beroaldo. Si bien este personaje encarna inicialmente el escepticismo respecto a los supuestos efectos enriquecedores de los viajes a tierras remotas, posteriormente se descubre como un explorador entusiasta con un ansia de gloria que echa por tierra lo que acaba de afirmar: “Yo mismo, os lo digo en confianza, siento el deseo de alguna heroicidad, de acometer algo de este estilo que admire a la generación presente y juzguen digno de eterna memoria las venideras” (Hall, 1994: 72). Anunciándoles a sus amigos su proyecto de emprender un viaje osado, Beroaldo hace una exaltación del coraje que, contrastando con su posterior deserción, resalta su ridiculez: “¡Fuera, pues, con esta cobardía supina de nuestra época, con este miedo peor que mujeril y con esta desconfianza gratuita que nos priva de un mundo nuevo sin que ofrezcamos resistencia!” (Hall: 73).

Con la representación de Beroaldo, Hall satiriza la estupidez y la audacia sin sentido del afán explorador que se apoderaba de la gente de su tiempo. En la introducción a Mundus que realiza Emilio García Estébanez, observamos que los sermones del clérigo inglés demuestran su enérgica desaprobación a la fiebre viajera,  y señalan “el grave riesgo que ello entrañaba de perder la hacienda, la salud y la entereza de vida” (Hall: 41). De hecho, si atendemos al título de la obra, comprendemos que, para Hall, no había nada que valiera la pena descubrir en esas tierras lejanas, ya que las mismas albergaban “las pravedades humanas de siempre, viejas y bien conocidas” (Hall: 42).

Otro de los aspectos que la sátira de Hall critica sobre aquellos exploradores aventureros es la legitimidad de los relatos que éstos producían a partir de sus expediciones. Si atendemos a la caracterización geográfica que hace Mercurio de la Terra Australis, reconocemos que la misma constituye una parodia a la especulación que caracterizaba las crónicas de viajes y la cartografía de la temprana Modernidad, en la que el mapeo de las antípodas meridionales era aún parcial, impreciso y contradictorio[2].  Siguiendo el modelo de Utopía, la descripción de las cuatro regiones de la “tierra desconocida” comienza con una extensa caracterización de sus rasgos geográficos, y establece algunos paralelismos que resultan burdamente satíricos, como aquel en el que, retomando la comparación que hace Rafael de la forma de la isla utópica con una luna creciente, Mercurio afirma que Zouffenberga (una de las ciudades de la tierra de los ebrios) tiene forma de jarra. Pero, a diferencia de Hitlodeo, el narrador de Mundus lleva esta descripción hasta la exageración y nos especifica la latitud y altitud de las diferentes regiones, las zonas con las que estas limitan en los diferentes puntos cardinales, y compara su dimensión con la de algunos países europeos. Asimismo, nos presenta un mapa donde sitúa la Terra Australis en relación al mundo conocido (recordemos que, en Utopía, Rafael nunca menciona dónde está situada la isla de Utopía). De este modo, Hall realiza una burla al precario empirismo que caracterizaba a las crónicas de viajes de la época, en las que se incorporaba datos pretendidamente precisos y exhaustivos (combinando elementos verdaderos y especulativos, de manera indiscriminada), para persuadir al lector de la autenticidad de lo que se narraba.

En la misma línea, cuando Mercurio sitúa la región de Crapulia, nos aclara que esta tierra se encuentra “justo en esa parte del mundo en que los geógrafos modernos pintan esa ave Ruc asiendo con las garras a un elefante y tragándoselo entero” (Hall: 85). Así, mientras que Moro no incorpora ningún ser sobrenatural en su isla, Hall aprovecha el potencial imaginativo de los bestiarios de Occidente y Oriente[3] para poblar risueñamente su Terra Australis con todo tipo de formas de vida y, de este modo, expresar su reprobación a estos viajes y las falsas expectativas que los mismos suponían.

Según lo que hemos señalado, podemos afirmar que la insensatez de Beroaldo y las fabulaciones de Mercurio pueden identificarse, en gran medida, como una parodia a la figura de Rafael, y una ridiculización de su discurso.

Crapulia: sobre el ocio y los vicios

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Palabras clave: tierra imaginaria, inversión satírica, racionalidad, Cucaña, mundo del revés, necedad.

NOTAS

[1] Gonzalo Casafus es estudiante avanzado de la Carrera de Letras, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. El que se publica aquí es el trabajo final del Seminario “Espacios fantásticos e imaginación utópica en la literatura inglesa”. goncasaf@hotmail.com

[2] Recién en el curso del siglo XVIII las “antípodas de la imaginación” se convirtieron en las actuales Australia, Nueva Zelanda y el Pacífico Sur.

[3] De acuerdo a lo que nos señala el editor de Mundus, el ave Ruc ya aparecía mencionada por Marco Polo y en los cuentos árabes de Simbad el Marino.

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

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