Literatura de viajes y pensamiento utópico en la obra de Joseph Hall

Literatura de viajes y pensamiento utópico en Un mundo distinto pero igual de Joseph Hall

de Carolina Wagner[1]

 

“Este caluroso discurso […] de un joven tan asentado, y la sed de novedades y de gloria nos produjeron una gran emoción. ¿Para qué decir más? No es menester referir por menudo

las dudas de éste, las propuestas de aquél, los pasos dados por un tercero, los preparativos a que nos entregamos todos. Fijamos el día, subimos a la nave Fantasía, zarpamos del puerto, y eso sí, cada uno de nosotros saludaba por el camino a los suyos y se despedía de ellos […]”

(Hall, 2010: 82)

Joseph-Hall-Mundus-Alter-et-Idem-Utrecht-1643.jpgA lo largo de la historia, el viaje ha tenido distintas motivaciones e intenciones. Ha sido colonizador, forzoso, de aprendizaje, placentero, científico, accidental, mercantil, de exploración y bélico. Metamorfoseado en sus distintos roles, ha sido parte de algunos de los grandes momentos de la historia de la civilización y del mundo de las ideas, y ha representado, así, un rol fundamental en el progreso de la humanidad. Los viajes, la expansión territorial y la conquista de lo desconocido han ido de la mano desde el principio de los tiempos en el desarrollo del conocimiento humano sobre el mundo que nos rodea.

Así como existen distintos tipos de viajes, existen distintos tipos de viajeros. Algunos son exploradores, otros científicos, también los hay conquistadores o simplemente turistas. Están los planificadores, los improvisados, los que viajan por accidente o los que lo hacen forzados. La decisión de emprender un periplo lejos del hogar puede estar motivada por razones muy variadas, pero será el modo en que el individuo enfrente las circunstancias con las que se encuentre lo que definirá en última instancia la eficacia del viaje.

Viajar amplía los horizontes tanto en un sentido literal como figurado. Permite ver el mundo, explorar otras culturas y conocer formas de vida diferentes, pero también favorece el autodescubrimiento y el autoconocimiento. Así, la aventura puede dar pie a diferentes resultados: puede ser exitosa y capitalizada en beneficio propio, o bien probar ser ineficaz y no generar consecuencias, o, muy por el contrario, resultar perjudicial y destructiva para el viajero. Sea cual sea el desenlace, la constante que se mantiene en todos los casos es el cambio, ya que viajar implica atravesar procesos de mudanza y todo viaje representa un punto de inflexión en la vida del sujeto. El que parte no es el mismo que el que vuelve, porque el movimiento que lleva a alejarse de la seguridad del hogar para embarcarse en una aventura hacia lo desconocido crea una división entre un antes y un después que no se puede resolver.

La intención del presente trabajo consiste en realizar una lectura, centrada en el motivo del viaje, de un texto que se inscribe dentro de la tradición, fundada en la idea del viaje y los relatos de viajeros, del género utópico. Se buscará pensar el modo en que se construye la aventura del viaje y se da cuenta de la experiencia de la travesía, al tiempo que se reflexionará acerca de la configuración que hay de la idea de cambio, si es que éste de hecho ocurre.

La obra Un mundo distinto pero igual del pastor Joseph Hall, publicada por primera vez en 1605, es, por un lado, una sátira social en la que el autor arremete contra los vicios de la sociedad de su época, y, por el otro, un relato de viajes de tipo distópico, que da cuenta de un mundo imaginario diametralmente opuesto a lo que podríamos considerar un mundo ideal. Es decir, el texto se lee como una crítica dirigida contra la realidad extratextual inmediata a la obra, en la que las tierras descriptas representan lo que a los ojos del autor constituyen las perversiones y depravaciones del hombre de la época, y, al mismo tiempo, como relato de un mundo en el que todo ha salido mal. Dice Emilio García Estébanez en su análisis sobre el texto: “La Tierra Austral Desconocida, con sus vicios y sus prácticas supersticiosas, es el paraíso forjado por la necedad y la pasión humanas […] el país remoto del hijo pródigo que augura placeres y alegrías y sólo da cerdos y algarrobas. Es la tierra del mal y la impiedad” (García Estébanez, 2010: 43).

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El texto es una sátira utópica construida, al igual que las utopías, en base al modelo que provee la literatura de viajes. Nuevamente nos encontramos con un viajero que da cuenta de sus aventuras. En este caso se trata de un viajero académico, inglés, que ha estudiado en Cambridge, como nos informa el prólogo, que inicia el trayecto con dos amigos pero pronto se ve forzado a continuar el viaje por su cuenta. Debido a la intención satírica de la obra aquí no interesan ni la descripción de la organización social, como sucedía en la Utopía de Moro, ni la narración de las peripecias del viajero, como sucederá en Robinson Crusoe, por ejemplo. Aquí el foco está puesto en la crítica de los vicios que corrompen la sociedad y a esto apunta la satirización que se hace de ella. Mercurio Británico, nuestro viajero, atraviesa territorio tras territorio sin incorporar ningún beneficio producto de la experiencia. El repertorio de espacios y los vicios que representan pasan delante de sus ojos sin provocar nada en él, más que hacerle llegar a la conclusión de que se trata de lo mismo que él ya conoce. Es un mundo diferente pero igual al otro.

Resulta muy interesante la lectura del prólogo de la obra ya que allí se problematiza la cuestión del viaje y se debate acerca de su utilidad y naturaleza, en lo que constituye prácticamente una teoría del viaje. El personaje de Beroaldo destaca, en primer lugar, la noción de distancia en relación a la de travesía al plantear que no considera como válidos aquellos itinerarios que no se alejan lo suficiente del hogar. Esta idea responde en última instancia a la misma concepción de la que se nutren los relatos utópicos respecto a que en es en la lejanía donde reside lo desconocido. Lo otro no se encuentra dentro del radio del mundo conocido, sino que está más allá, y solamente es accesible mediante el recorrido de una distancia considerable. Dice en Un mundo distinto pero igual el personaje de Beroaldo:

No acabo de ver en qué consisten esos viajes. Si, como suele entenderse, es traspasar la frontera patria, pisar la tierra vecina, surcar algún pequeño lago o río como, por ejemplo, el Twedan o el Rin, pero disfrutando del mismo cielo, de las mismas estrellas y sin advertir apenas cambio alguno en el paisaje, no acierto a ver qué tiene eso de arduo o de grande. (Ibíd.: 68)

Mercurio, por su parte resalta el interés y deseo que tales aventuras despiertan en aquellos que no pueden experimentarlas y critica la postura de Beroaldo de no aprovechar ni capitalizar dichas experiencias en algo positivo. Se trata de una idea que sigue la misma línea teórica planteada anteriormente acerca de que el viaje exitoso es aquel que provoca algún tipo de efecto en el sujeto que lo emprende. Dice Mercurio al respecto: “Nosotros, pobrecillos, que nos quedamos metidos en nuestras casitas como las tortugas mientras tú inspeccionas a tus anchas las maravillas del mundo entero y, una vez saturado tu espíritu, las desdeñas y despachas” (Hall, 2010: 68). El viaje le resulta emocionante y digno de admiración, pero, sobre todo, remarca la potencial ganancia que provoca en los saberes del viajero. Dice allí: “[…] ¡cuánto se lo agradecería a mis ojos en mis ratos libres, cuando todo lo que viera y oyera sería para mí un incentivo y enriquecería este ávido pecho con la aportación de nuevos conocimientos!” (Ibíd.: 69). La concepción del viaje de la que da cuenta Mercurio en el prólogo contrasta con la visión que el autor intenta transmitir a lo largo del texto, porque si hay algo que Hall pretende manifestar es que los viajes no tienen sentido ya que no producen ganancia alguna, dado que en todas partes se encuentra lo mismo. Como le hace decir a Beroaldo: “las cosas ajenas se diferencian tan poco de las nuestras que incluso las que vemos por primera vez no consiguen parecernos nuevas” (Ibídem). En el mundo no hay más que repeticiones sin novedades, por lo que recorrerlo resulta inútil. El viaje en Hall no posee puntos positivos: es pura pérdida sin ninguna ganancia.

En consonancia con la idea de la adquisición de conocimientos que se desprende como consecuencia de los viajes ingresa la discusión que se plantea en el prólogo de Un mundo distinto pero igual acerca de si es comparable el saber que se incorpora en la lectura con el que surge de la experiencia propia. Beroaldo cuestiona la preeminencia de la acción frente a los libros en lo que respecta a la ganancia de conocimientos acerca del mundo que nos rodea. Dice allí:

Y, ¿qué hay, dime, en esos lugares de la tierra de sobra conocidos y apenas distantes que un hombre sensato conozca peor por los mapas y relatos de los viajeros que recorriéndolos personalmente? Camden ha hecho una descripción de vuestra Inglaterra; quien la lea, ¿por qué no va a poder disertar sobre cada una de sus ciudades, villas, ríos, y sobre todos los monumentos de la antigüedad o las maravillas de la naturaleza que allí se reparan con el mismo rigor que quien las haya contemplado con sus propios ojos? (Ibídem)

No es casual que el autor caracterice a sus personajes como académicos ni que ubique esta escena frente a uno de los más antiguos focos del saber del mundo occidental. Estos hechos, junto al fracaso que en última instancia representa el viaje, nos hablan de la resolución que se toma en el texto frente al debate entre las letras y la acción: la lectura es tan educativa o incluso más que la experiencia del viaje mismo. Viajar no tiene sentido porque el mundo es igual de asequible desde la comodidad del hogar. Los continentes lejanos solamente contienen los mismos vicios y depravaciones que son por todos conocidos, por lo que la idea del viaje exploratorio se revela inútil e injustificada a los ojos del autor. Así, el texto condena y critica la fiebre viajera que se había apoderado del hombre al momento de la concepción de su escritura. La sátira alcanza también este otro orden de la sociedad.

Dado que la imagen se construye a partir de la mirada pero en base a nuestros conocimientos, experiencias y expectativas previos, nuestro viajero, al ser de tipo académico, como se autodenomina, realiza lecturas del espacio que son construidas mediante el prisma que le confieren sus estudios y saberes. Todo lo que encuentra en el camino lo compara con aquello que han dicho los antiguos y que forma parte de su bagaje cultural previo. Sírvanse de ejemplificación las siguientes líneas: “El Orestes de Plinio o el Orión de Plutarco eran simples enanos comparados con él.” (Ibíd.: 119); “Cada uno, pues, emulando la costumbre de los simposios de los que habla Plutarco […]” (ibíd.: 138) o “Los bárbaros del tiempo de Aristóteles, y los de ahora también, no trataban tan autoritariamente a sus mujeres como éstas de aquí a sus varones.” (Ibíd.: 170). Si el texto se propone como una crítica satírica de los viajes, y la lectura que se extrae del mismo apunta hacia la innecesaridad de los mismos, lo que se plantea, al prescindir de la necesidad del viaje, es la idea de una imagen que se configura sin función de la mirada: no hace falta ver para conocer, sino que lo mismo se adquiere de un libro que de la vida misma.

Una vez que Beroaldo formula su concepción acerca de la irrelevancia del viaje, en un movimiento aparentemente contradictorio, afirma que estos sí le parecen aceptables cuando suponen un acto de gran heroicidad y gloria eterna, como cuando se descubre un territorio nuevo o se visita a personajes ilustres.[2] Esto da pie a que se inicie una discusión acerca de lo que es necesario a la hora de emprender un viaje. Para Beroaldo, sólo el coraje y el valor lo son, mientras que para Mercurio son primordiales, ante todo, los preparativos previos. El primero afirma que si fuera por el miedo, ninguna empresa se llevaría a cabo, porque el miedo paraliza e impide la acción. Dice al respecto: “El espectro de los peligros asusta a los pusilánimes, a los intrépidos los estimula. Si fuera por eso, no nos adentraríamos en ninguna región, en ninguna ciudad, ni en casa alguna aparte la nuestra” (Ibíd.: 75). Lo que exige del viajero es ante todo valentía para recorrer los espacios que otros no han recorrido, y descubrir, así, novedades al mundo, del mismo modo que lo hizo Colón al llegar a América.

Lo que impulsa a Beroaldo a la acción es tanto esta idea del descubrimiento de lo que permanece ignoto como la sed de gloria. El viajero del que da cuenta Beroaldo en el prólogo es un viajero que piensa en el futuro posviaje desde antes de emprenderlo. Así como antes sostuvo que uno de los motivos que le resultaban válidos a la hora de viajar era el de visitar a personajes ilustres, se revelan ahora sus ansías de ser él mismo un personaje digno de gloria y de ser recordado en el futuro. Dice al respecto:

¡Ea, pues, compañeros, si aún os queda un rescoldo de genuino valor, algún deseo de gloria, atreveros con esta hazaña, acompañadme en el camino, compartid mi fortuna! ¡Fuera los corazones encogidos, que no aman el peligro, que no aman la gloria, que no aman más sepulcro que el cubierto con la tierra patria! (Ibíd.: 81)

joseph-hall-bishopEn definitiva, podemos plantear que Hall da cuenta de una visión crítica de los viajes que emprendía la sociedad de su tiempo, al tiempo que desvaloriza la idea del viaje en general. Esta concepción negativa surge principalmente del hecho de no concederle valor al viaje como productor de conocimientos nuevos. Así como afirmamos antes que el viaje se define en la diferencia existente entre el punto de partida y el de llegada, podemos decir ahora que en Hall el viaje fracasa porque no supone la idea de cambio ni la de aprendizaje, ya que el texto se articula, desde el título mismo, en torno a la idea de que no hay nada nuevo por descubrir. El viaje no supone ganancias dado que el mundo nuevo que se visita es igual al viejo que se ha dejado. Es otro pero es el mismo. De acuerdo a los términos que hemos planteado, al no provocar ninguna transformación positiva en el sujeto, el viaje resulta un rotundo fracaso.

Bibliografía:

GARCÍA ESTÉBANEZ, Emilio, “Introducción” en Joseph Hall, Un mundo distinto pero igual, Madrid: Ediciones Akal, 2010, pp. 9-55.

HALL, Joseph, Un mundo distinto pero igual, Madrid: Ediciones Akal, 2010.

[1] Carolina Wagner es estudiante avanzanzada de la Carrera de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Lo que aquí se publica es parte de su trabajo monográfico final del seminario “Espacios fantásticos e imaginación utópica en la Literatura Inglesa”, a cargo de la Lic. Elina Montes. Contacto: carolinawag@gmail.com

[2] Si bien a primera vista parecería que estas declaraciones van en contra de lo que él mismo planteó anteriormente, es necesario para que la trama avance que Beroaldo proponga realizar un viaje, de ahí que dos posiciones tan distintas convivan en un mismo personaje.

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

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