Constelaciones oníricas. El sueño y los modos de significación alternativos en Lewis Carroll

En el marco de la cursada 2016 de la materia Literatura Inglesa (FFyL, UBA), cuyo programa se intitula “Sueños y visiones: aproximaciones a la imaginación onírica en la literatura inglesa”, los estudiantes han confeccionado trabajos escritos para cumplir con la instancia de segundo parcial domiciliario, deseamos compartir con ustedes algunos de ellos.

El sueño y los modos de significación alternativos en Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.

por Malena Duchovny

Man’s little Day in haste we spend,
And, from its merry noontide, send
No glance to meet the silent end.
Sylvie and Bruno, Lewis Carroll

El siglo xɪx fue un período de tremenda innovación tecnológica y desarrollo científico que cambió la manera en que la sociedad victoriana concebía el conocimiento, en tanto “the intellectual paradigms established by science themselves became institutionalised, defining what was to count as authoritative knowledge, rather than simply as scientific knowledge” (Guy, 1998: 202). Este nuevo conjunto de reglas – abocadas a distinguir y separar el bien del mal, la verdad científica de la superstición, el sentido común del sinsentido– dependía de la transparencia y capacidad de comunicación del código utilizado para transmitirlo: el lenguaje. Sin embargo, la ‘modalidad simbólica’ con la que opera el sentido común no está tan lejos de la ‘modalidad semiótica’ del sinsentido como pareciera estarlo a primera vista: la simbólica [1] usa “figuras de significación […] siempre sujetas a la presencia inalterable del sentido” (1981: 254), mientras que la semiótica, que predomina en el lenguaje poético, “se trata de una modalidad desde luego heterogénea respecto del sentido, pero siempre vinculada a él o en relación de negación o de exceso con él” (Kristeva, 1981: 260). La vigilia y el sueño están del mismo modo relacionados en la teoría que postula Bergson quien dice que “el mecanismo del sueño es el mismo, en general que el de la percepción normal” (Bergson, 2015: 35), ya que “nuestros sentidos […] siguen en funcionamiento […] con menos precisión, pero en compensación abrazan una multitud de impresiones subjetivas, que se vuelven imperceptibles cuando estamos despiertos”. Podemos ensayar una comparación entre la modalidad simbólica y la vigilia por un lado, y la modalidad semiótica y el sueño por el otro, en tanto no son opuestos sino zonas contiguas, compuestas por los mismos elementos en distintas intensidades. En sus escritos, el autor victoriano Lewis Carroll ilustra la continuidad entre sueño y vigilia, sinsentido y sentido común. Para explorar esta hipótesis de lectura, este trabajo analizará Alice’s Adventures in Wonderland (de ahora en más, AW) y Through the Looking-Glass, and What Alice Found There (de ahora en más, AL)

dream-alice-in-wonderland-drink-me-favim-com-655617En estas novelas, los momentos donde la modalidad semiótica resalta más son aquellos en que Alicia queda perpleja frente a las reglas (de sentido y de comportamiento) que rigen en Wonderland y Looking-Glass. En AW, ser calificada de serpiente por una paloma la deja sin palabras: “This was such a new idea to Alice, that she was silent for a minute or two” (Carroll, 1981: 38). El mismo sentimiento aparece en una conversación con la Reina Blanca en AL: “«It’s jam every other day: to-day isn’t any other day, you know». «I don’t understand you,» said Alice. «It’s dreadfully confusing!»” (Carroll, 1981: 155). Y sin embargo, nos remitimos a nuestras propias palabras: son reglas. Por más que sean reglas nuevas y difíciles de comprender, especialmente para una niña que tiene tan presente su educación escolar victoriana, son reglas al fin: “Alice felt dreadfully puzzled. The Hatter’s remark seemed to her to have no sort of meaning in it, and yet it was certainly English” (Carroll, 1981: 52, el énfasis es nuestro)

El sinsentido de Carroll nos demuestra que no hay tal cosa como algo absolutamente incomprensible, sin significado[2]. Las reglas de la modalidad semiótica no sólo existen, sino que pueden ser comprendidas y utilizadas como logra hacer Alicia en AL[3], por ejemplo cuando descubre que puede inferir el significado de una palabra de ‘Jabberwocky’, un ‘poema sinsentido’ plagado de neologismos, pero no tan alejado del inglés. Incluso podría ser que algunas de estas reglas no sean otras que las de la modalidad simbólica llevadas de tal modo al extremo que terminan por parecer semióticas. En ambas novelas hay múltiples ejemplos de juegos de palabras que pueden ser leídos como una burla a la crítica literaria victoriana, que creía que el lenguaje poético “should be clear, simple and direct, and that deliberate obfuscation […] should be avoided” (Guy, 1998: 315), ya que demuestran que la polisemia, y la confusión que conlleva, es intrínseca al lenguaje mismo y es imposible depurarlo de ella.

Tanto en el sueño como en la vigilia hay reglas. Las reglas de la vigilia apuntan al esfuerzo que requiere la cohesión social, a la “adaptación continua” que según Bergson “deviene una condición mayor y más esencial de lo que llamamos sentido común” (2015: 42): son las reglas de la diferenciación, del tabique – “How can you talk with a person if they always say the same thing?” (Carroll, 1981: 216). Las reglas del sueño son las del “portmanteau” que rige el lenguaje de ‘Jabberwocky’ y los juegos de palabras del ratón en la playa y la mosquita en el tren: la acumulación de significados, la continuidad por sobre el binarismo. Bergson considera que “despertar y desear es una misma cosa” (2015: 43). Si soñar es entonces la relajación del deseo (especialmente, el deseo de comprender), es a partir de la modalidad semiótica que todo – hasta la continuidad entre ser y no-ser: “I can’t explain myself […] because I’m not myself ” (Carroll, 1981: 32) – puede ser examinado con ojo imparcial[4].

Sin embargo, la modalidad semiótica no funciona únicamente como extensión de la modalidad simbólica, sino que cumple una función distintiva y absolutamente necesaria ya que es en el lenguaje poético “donde se destruye y se renueva el código social, dando así «salida a las angustias de su época»” (Kristeva, 1981: 258-9). Tanto en AW como en AL, hay múltiples referencias al contexto que rodea la producción y publicación de la obra: que la Reina de Corazones insistentemente chille “Off with his head!” recuerda al intento de represión de los derechos de reunión y manifestación por parte de un Estado aún en alerta por la historia revolucionaria francesa; que el hijo berreante de la duquesa se transforme en un tranquilo cerdo no puede sino recordar la frase de John Stuart Mill “better to be a human dissatisfied than a pig satisfied” (Guy, 1998: 17), y la escena en que Alicia transporta y desempolva al Rey Blanco sin que él pueda verla indefectiblemente recuerda la “mano invisible” que regulaba el mercado según Adam Smith.

Pero Carroll se ocupa del código social en un nivel aún más fundamental cuando con “la economía poética […] revela un giro en la relación del hombre con el sentido” (Kristeva, 1981: 267). El último capítulo de AL se llama “Who dreamed it?” y termina con una apelación al lector para que resuelva justamente esa duda: ¿Fue Alicia o el Rey Rojo quién soñó? Alicia es una niña victoriana profundamente afectada por el imperio del “authoritative knowledge” (y la modalidad simbólica) que describimos al principio de este trabajo y que le llega por la escuela, mientras que el Rey Rojo pertenece al país de Looking-Glass donde se pueden ver aquellas cosas que se le ocultan a Alicia cuando mira su propio mundo en el espejo – “Oh! I do wish I could see that bit!” (Carroll, 1981: 112) – y donde rige la modalidad semiótica. Y sin embargo nunca sabemos quién soñó a quién: ¿se trata AL de una novela realista donde la modalidad semiótica queda claramente enmarcada e inaugurada por el sueño de Alicia? ¿O acaso el sueño que construye la novela es el del Rey Rojo, que abarca no sólo la novela por entero sino la misma realidad del lector?

La imposibilidad de resolver este dilema lógicamente ilustra la arbitrariedad del imperio de la modalidad simbólica por sobre la semiótica. Kristeva dice que “el lenguaje poético muestra, en lo que tiene de más explosivo (ilegible para el sentido, arriesgado para el sujeto), lo que una civilización fundada en la dominación de la racionalidad trascendental tiene de coactivo” (Kristeva, 1981: 267). En otras palabras, el lenguaje poético nos muestra cómo la arbitrariedad se vuelve regla, no sólo en el signo sino en todo aspecto de la civilización. Así como el lenguaje poético nos permite “ver el final silencioso”, las novelas de Carroll permiten ver el ‘sinsentido’ que subyace la supuesta cientificidad de las reglas de la sociedad victoriana

NOTAS
[1]: Es también la única modalidad que queda explicada por la “lingüística estructural post-saussuriana” que “encierra siempre el significante, aunque sea inmotivado, en las figuras de una significación originalmente destinada a la comunicación sin fallas, figuras paralelas con un significado explícito o desplazadas respecto de él” (Kristeva, 1981: 254). Esta definición incluye lo que Barthes describe como connotación: “la vía de acceso a la polisemia del texto clásico” (1980: 5). Ésta podría tomarse como un puente entre la modalidad simbólica ligada a la denotación y la modalidad semiótica ligada a “un plural triunfante que no esté empobrecido por ninguna obligación de representación (de imitación)” (Barthes, 1980: 3) y es entonces equiparable a Alicia, en tanto puente entre la sociedad victoriana y su propio submundo o imagen especular.

[2] Hay un interesante juego con la polisemia intrínseca al equivalente inglés de “significar” (to mean) en una interacción de Alicia con Humpty Dumpty. Humpty la utiliza con la idea de “tener la intención de” (“It would be just as well if you’d mention what you mean to do next”) y Alicia, con la de “significar” (“That’s a great deal to make one word mean”) (Carroll, 1981: 169). A su vez, “means” puede ser también los medios para un fin. Si tomamos estos tres sentidos en conjunto, podemos postular que para Carroll el lenguaje es siempre un medio para la comunicación, utilizado intencionalmente para significar ya sea en sus usos más bien referenciales o simbólicos o en sus usos más bien semióticos.

[3] “Let’s pretend the glass has got all soft like gauze, so that we can get through. Why, it’s turning into a sort of mist now, I declare!” (Carroll, 1981: 107). La experiencia de Alicia en AL parece ser la de un sueño lúcido ya que no sólo entra en el juego semiótico sino que parece incluso dirigirlo con sus palabras y pensamientos o anticipar lo que sucederá mediante el contenido de una canción de cuna.

[4] Este ojo imparcial lo da el narrador, ya que Alicia, en tanto representante de la vigilia y la modalidad simbólica, no puede sino por breves momentos (como cuando en AL junta juncos desde el barco y no se preocupa cuando desaparecen) dejar de desear comprender los países de Wonderland y Looking-Glass.

Bibliografía

BARTHES, Roland. “II. La interpretación” y “IV. A favor de la connotación, a pesar de todo”, en S/Z. Trad. de Nicolás Rosa. Madrid: Siglo veintiuno editores, 1980, pp. 2-6

BERGSON, Henri. La construcción del sueño. Trad. de Fernando Correa Navarro. Santiago: Alquimia Ediciones, 2015, pp. 17-49

CARROLL, Lewis. Alice’s Adventures in Wonderland & Through the Looking-Glass. New York: Bantam Books, 1981

GUY, Josephine M. The Victorian Age. London: Routledge, 1998.

KRISTEVA, Julia. “El sujeto en cuestión”, en Lévi-Strauss (autor y compilador): Seminario La Identidad. Trad. de Beatriz Dorriots. Barcelona: Petrel, 1981, pp. 249-287.

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

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