Constelaciones oníricas. El sueño como elemento revelador del carácter ominoso de la era victoriana.

En el marco de la cursada 2016 de la materia Literatura Inglesa (FFyL, UBA), cuyo programa se intitula “Sueños y visiones: aproximaciones a la imaginación onírica en la literatura inglesa”, los estudiantes han confeccionado trabajos escritos para cumplir con la instancia de segundo parcial domiciliario, deseamos compartir con ustedes algunos de ellos.

El sueño como elemento revelador del carácter ominoso de la era victoriana.

por Octavia Ailén Godoy Armando

pitr-alice-in-wonderland-42-cards-flyingEn  Los sueños (1900), Sigmund Freud sostiene que “todo sueño, sin excepción alguna, está ligado a una impresión de los últimos días […]” (1900, 12). Estas impresiones, que el autor denomina residuo diurno, son ideas sobrantes (tagesreste) del trabajo mental despierto que han sido reprimidas y que encuentran una forma de manifestarse a través del sueño, es el “[…] material que escapa a la conciencia hasta que le da noticias de sí por medio del contenido del sueño.” (1900, 28). Entonces, así como el sueño se alimenta de nuestras experiencias diurnas, la vida diurna se beneficia del sueño, que funciona como una forma de manifestación de las prohibidas ideas latentes (Freud, 1900).

Tomaremos este concepto de sueño y, además, la definición de ominoso que propone Freud: “lo ominoso es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido de antiguo, a lo familiar, desde hace largo tiempo.” (1919, 220) para planteare como hipótesis que en Alicia en el país de las maravillas (en adelante,  AM) y en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (En adelante, AE) el sueño funciona como una vía para problematizar la visión monolítica que tenía del mundo la era victoriana al revelar el carácter ominoso de ésta.

Con el reinado de Victoria I (1837 – 1901) se marca la cúspide de la revolución industrial en Inglaterra. La industrialización de Londres produjo vaciamiento de la zona rural y hacinamiento de la población que buscaba trabajo en las grandes fábricas ubicadas en zonas urbanas. Este proceso refleja un individualismo ligado a la cierta libertad política y religiosa con la que se contaba en la época: la libertad individual está ligada a las posibilidades de progreso económico y ese esfuerzo individual está apoyado por la postura religiosa del anglicanismo. Además de la consolidación de una burguesía enriquecida (herencia del siglo XVIII) que forma parte de un conjunto de la población relativamente culto, se produce también una revolución social que permitió la alfabetización de un grueso de la sociedad que ahora podía leer y acceder a la literatura. Se produce una mayor circulación de la literatura que, atravesada por la visión utilitarista de la época, ahora debía tener una utilidad para la sociedad, por lo cual se impone la función didáctica de la literatura y se plantea al escritor como el encargado de educar, a través del deleite (Guy, 1998, 314), a estas nuevas masas proletarias y a la clase media para que sean funcionales a la forma de producción fabril.  Bajo los ideales de progreso, utilitarismo y linealidad surgen estos nuevos lectores, que “[…]tended to judge a novel or a painting primarily in terms of its representational qualities – that is, in terms of its verisimilitude or its ability to embody ‘real life’.” (Guy, 1998, 314). Es en este contexto en el que surge la obra de Carroll que, así como él se aísla en Oxford, parece apartarse de estas categorías.

Así como según Freud el sueño se nutre con nuestras experiencias diurnas y al mismo tiempo la vida diurna se contamina del residuo nocturno, podemos encontrar también que el mundo de Wonderland en AM y el mundo del espejo en AE se encuentran imbricados con la era victoriana, contexto en el cual se encuentra inmerso Carroll y también Alicia. Tanto Wonderland como el Espejo corresponden al mundo onírico donde las leyes se desarticulan, comenzando por las categorías cartesianas de espacio y tiempo. Esto aparece ya desde el principio de AM cuando Alicia cae por la conejera durante un largo período de tiempo, a la misma velocidad que los muebles, y la caída termina con ella ilesa, desafiando las leyes de la gravedad. También se hace presente durante el capítulo “A Mad Tea-Party”, donde el tiempo, enfadado con el sombrerero loco, deja de transcurrir para él. En AE lo encontramos, por ejemplo, cuando la Reina Roja y Alicia corren para mantenerse en el mismo lugar: “Now, here, you see, it takes all the running you can do, to keep in the same place.”(1866, 42)[1]. A lo largo de las obras se nos presentan una enorme cantidad de situaciones de este tipo donde aparecen disueltos los rígidos límites de la linealidad realista de la novela victoriana. Esta disolución de categorías, típica del mundo onírico, extraña a Alicia que al intentar enmarcar las situaciones bajo su lógica victoriana, es refutada rápidamente: “The Red Queen shook her head. ‘You may call it ‘nonsense’ if you like’, she said, ‘but I’ve Heard nonesense, compared with which that would be as sensible as a dictionary!’” (1866, 36). Lo ominoso se manifiesta aquí a través de la aparición de estructuras espacio-temporales alternativas que responden a la lógica interna de estos mundos oníricos y que dislocan las nociones de temporalidad y espacialidad, pilares fundamentales de la novela victoriana, y, por consiguiente, del mundo como lo concibe Alicia, cuya experiencia de estos mundos es tanto o más real, tiene tanto o más sentido que el espacio de lo real, cosa que produce en Alicia un extrañamiento y problematización de las estructuras que para ella, pequeña victoriana, parecían tan sólidas.

Para definir las relaciones que los sujetos establecen en el lenguaje, Kristeva presenta en su “El sujeto en cuestión” los conceptos de modalidad simbólica: estadío del lenguaje en que, mediado por la vida institucional y civil, el significante está sujeto al sentido que le es dado por el ego trascendental que organiza la experiencia vital. (1974, 256), y de modalidad semiótica: estadío donde el lenguaje tiene una articulación incierta e indeterminada ya que no hay conciencia operante de un ego trascendental (1974, 259). Utilizaremos estas definiciones para trabajar con otro elemento que se desestabiliza tanto en AM como en AE: el lenguaje. Si el lenguaje poético victoriano debía ser claro, simple y directo, evitando cualquier complejidad verbal (Guy, 1998, 315), es decir, con una mera función simbólica, en ambas obras esta concepción aparece cuestionada ya que no solo se presenta una colección de imágenes a las que el narrador alude repetidas veces, sino que además aparece una combinación diferentes formas de composición, como el caligrama con la cola del ratón, las numerosas canciones y las lecciones que Alicia debe repetir; y también la presencia constante de juegos de palabras y homofonías, que vuelven las obras de Carroll extremadamente heterogéneas y complejas, revalorizando lo lúdico, exentas de cualquier función didáctica. Dentro de esta heterogeneidad, es interesante destacar que lo ominoso se manifiesta a través de la excesiva literalidad del lenguaje: en los momentos en que se exacerba esa literalidad se pierde el sentido y se produce el extrañamiento. En AM lo encontramos, por ejemplo, cuando la Oruga interpela a Alicia: “‘What do you mean by that?’ said the Caterpillar sternly. ‘Explain yourself!’ / ‘I can’t explain myself, I’m afraid, sir,’ […]” (1866, 60). En AE, cuando ella habla con Humpty Dumpty sobre su regalo de no-cumpleaños: “‘They gave it to me – for an un-birthday present.’ / ‘I beg you pardon?’ Alice said with a puzzled air. / ‘I’m not offended,’ said Humpty Dumpty.” (1866, 122). Podemos ver que tanto en AM como en AE la exacerbación de la función simbólica, en tanto sujeción del significante a un sentido que sustenta el ego trascendental, genera un efecto de lectura semiótico que es ominoso en tanto extraño al sujeto con la misma familiaridad del lenguaje.

También se produce la fragmentación del sujeto y la disolución de la noción de yo, ya sea a través de las constantes transformaciones físicas del personaje, como a través del lenguaje. Alicia, tanto en AM como en AE, está en constante metamorfosis haciéndose pequeña o gigante, adquiriendo el título peón y luego el de reina, lo que la lleva a cuestionarse si realmente sigue siendo ella. Además, hay una constante comparación entre lo que para ella es familiar y lo que se presenta en estos mundos oníricos, que sirve para enfatizar el carácter ominoso que se está desarrollando en ambas obras. Kristeva sostiene que un sujeto “es tal desde el momento en que tiene conciencia de una significación” (1974, 249), a partir de este concepto, vemos que desde el momento en el que el lenguaje se vuelve ominoso para Alicia, se empieza a desestabilizar su identidad, al punto que no solo ella misma se la cuestiona, sino también todos los personajes. En AM podemos encontrarlo en el capítulo “Advice from a Caterpillar” donde, ante la pregunta por la identidad, ella responde “I-I hardly know, sir, just at present- at least I know who I was when I got up this morning, but I think I must have changed several times since then.” (1866, 60). En AE esta pregunta también es constante, y en el bosque de la séptima casilla olvida su nombre: algo tan familiar como el nombre propio se vuelve extraño, se vuelve ominoso. Luego, cuando lo recuerda y se presenta ante Humpty Dumpty, este le dice que su nombre es estúpido porque no significa nada, no hay correlato entre significado y significante, se remarca la arbitrariedad lingüística. La identidad de Alicia es y no es a la vez, se va desdibujando para marcar otro tipo de identidad más heterogénea que no es definitiva. Se convierte, en palabras de Kristeva, en un sujeto en proceso que puede corresponder a la heterogeneidad del lenguaje poético de Carroll (1974, 262). El lenguaje poético de Carroll se construye, entonces, al tomar las categorías cartesianas de espacio-tiempo, de lenguaje y de sujeto, consideradas marcos narrativos para el victorianismo, y las vuelve ominosas al utilizarlas como objetos de la narración que se pueden modificar de manera estética. De esta manera, al modificarse la propia estructura de la novela victoriana, se la fractura. Mirar a través del espejo implica eso, enfrentarse a uno mismo: lo que ve Alicia no es más que su mundo y a ella misma.

La “‘literatura’ [es] el lugar mismo donde se destruye y se renueva el código social, dando así ‘salida a las angustias de su época’” (Kristeva, 1974, 258/259). Así como el sueño transforma y resignifica los residuos diurnos y así como la modalidad semiótica se nutre y depende de la función simbólica para constituir el lenguaje poético, podemos ver que todos los elementos heterogéneos que se presentan tanto en AM como en AE se nutren del conjunto de significaciones de la era Victoriana y la exceden, abriendo la posibilidad de acceder a otro tipo de sistema, otra posibilidad de existencia. Las nociones de sueño/vida, modalidad semiótica/simbólica y mundo victoriano/mundos oníricos funcionan como pares binarios complementarios que se encuentran en tensión en ambas obras y es esa tensión la que genera una ominosidad que funciona como válvula de escape. A través de esta ominosidad a la que se enfrenta Alicia en sus sueños, se produce la posibilidad de conocimiento de nuevas categorías ideológico-morales, de percepción y de identidad alternativas al victorianismo.

 Bibliografía:

Carroll, Lewis. Alice’s adventures in Wonderland. New York: Macmillan & Co, 1866. Edición que cuenta con Alice’s adventures in wonderland y Through the looking-glass, and what Alice found there.

Freud, Sigmund. “Lo ominoso” (1919), en Sigmund Freud, Obras completas, volumen XVII, trad. José L. Etcheverry. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1976.

Freud, Sigmund. (2009, Agosto). 018, Los sueños (1900). Planeta Freud. Recuperado de https://planetafreud.wordpress.com/2009/08/02/018-los-suenos-1900-1901/

Guy, Josephine M. “Art and culture”, Part III, en The Victorian Age: An anthology of sources and documents. Londres: Routledge, 1998.

Kristeva, Julia. “El sujeto en cuestión: el lenguaje poético”. En Claude Lévi-Strauss, La identidad. S/D. 1974-1975.

[1] Utilizaremos una versión de Alice’s adventures in wonderland y Trought the looking-glass and what Alice found there en inglés a fin de mantener ciertos juegos de palabras y homofonías que solo funcionan en el idioma original.

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

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