Constelaciones oníricas: Experiencia onírica y creación literaria

En el marco de la cursada 2016 de la materia Literatura Inglesa (FFyL, UBA), cuyo programa se intitula “Sueños y visiones: aproximaciones a la imaginación onírica en la literatura inglesa”, los estudiantes han confeccionado trabajos escritos para cumplir con la instancia de segundo parcial domiciliario, deseamos compartir con ustedes algunos de ellos.

Experiencia onírica y creación literaria

por Irina Gómez Albarracín

Tomando como punto de partida la consigna propuesta para el presente parcial, se analizarán tres poemas que trabajan el sueño de tres poetas románticos ingleses: “To Sleep” de William Wordsworth, “Kubla Kahn” de Samuel T. Coleridge y “The Indian Serenade” de Percy B. Shelley. A partir de estos poemas, se propone abordar cómo el trabajo que realiza cada uno de estos poetas sobre el sueño evidencia las diferentes maneras que tiene cada uno de concebir la poesía y también a sus lectores. Se verificará que los tres se valen del sueño como tema que permite nuevas organizaciones del lenguaje metafórico, trabajando cada uno distintas concepciones poéticas. Se confrontarán estas concepciones para plantear que Coleridge otorga facultades creativas al lector – crítico, ubicándolo en el mismo plano que el poeta. Esta característica de su poesía permiten pensarlo como eslabón intermedio entre Wordsworth y la segunda generación de poetas, representada en este trabajo por Percy Shelley.

En el prólogo a Las baladas líricas que escribe junto con Coleridge, Wordsworth se va a lanzar en una batalla formal contra los modos neoclásicos de la poesía de su época y, por extensión, con los ideales de la Ilustración imperantes en ese entonces. Su objetivo era desarrollar una “genuina poesía”, es decir, una poesía que, de acuerdo con sus palabras, no tuviera ornamentos. Para ello se propone, por un lado, utilizar el lenguaje de la gente, de la vida real y, por el otro, valerse de la inspiración para desacomodar al lector, para que las cosas ordinarias aparezcan como extraordinarias, diferentes, de un modo desacostumbrado. Pero para poder hacer esto, el poeta tiene que ser extremadamente sensible y ver la realidad de una manera que las demás personas no pueden ver. El yo lírico de Wordsworth se posiciona (en contradicción con su programa que se propone utilizar el lenguaje popular) como un ser excepcional que en una primera instancia percibe esas sensaciones extraordinarias de la vida común (y que él va a encontrar en los paisajes campestres que se oponen a la ciudad) para luego, en una segunda instancia de mediación, trasladar esa sensación al poema. Estos dos momentos bajo los cuales concibe Wordsworth a la poesía se ven claramente reflejados en el poema “To Sleep”. Aquí, una primera parte de descripción del paisaje bucólico es sucedida por un yo poético que declara haber pensado en ese paisaje, pero que al estar desvelado no puede disfrutarlo. Aparece entonces, a partir del sueño ausente, un yo lírico mediador que califica a ese sueño como reparador y necesario para poder apreciar el paisaje. La paradoja del poema es que la efectividad de la descripción del paisaje yace en el hecho de que hay un yo poético desvelado, intranquilo, que no puede alcanzar el sueño. Aquello que debería ser placentero de acuerdo con lo establecido por el propio poema, aquí aparece como inalcanzable, justamente, por la falta de sueño. Es decir, el sueño (o la ausencia de él) le estarían permitiendo a Wordsworth establecer una distancia con respecto a su objeto de descripción, correrse del eje de lo que se estaba describiendo y elidir aquella sensación de placer a la que se hace referencia al enunciarla como ausente. Es el lector el que, gracias a la evidenciación de esa ausencia, tiene que reponer esa sensación que el yo lírico no puede experimentar más que en recuerdos. En definitiva, lo que el sueño está permitiendo es la construcción de un lector activo: es esta concepción del lector lo que permite afirmar la presencia de cierto carácter vanguardista en su poesía (y en el romanticismo en general).

Coleridge comparte con Wordsworth el punto de partida de su poética: la búsqueda por la sencillez en el lenguaje poético. Sin embargo, a través de su trabajo como crítico, trazará una teoría que se separará de aquel programa expresado por Wordsworth. Para Coleridge, cada poema debe tener una lógica propia, donde el carácter semántico dialogue con lo formal y viceversa. Desarrolla entonces los conceptos de imaginación primaria, imaginación secundaria y fantasía. La fantasía es aquella quekhan-xanadu-patten_wilson_1898 permite que el poeta sintetice en un poema elementos desarrollados por la imaginación secundaria, heterogéneos en un principio, pero que a partir de ese movimiento dialéctico que propone la fantasía se conjugan en una misma pieza. Se trata, en definitiva, de la descripción de un acto creativo (y una manera moderna de pensar la obra literaria). “Kubla Kahn” explicita en su propia forma esta manera de concebir la poesía que tiene Coleridge. Por un lado, comienza describiendo un paisaje inconmensurable, infinito, lejano y exótico (obsérvese que se aleja de lo bucólico para optar por una temática que lo acerca al concepto de sublime que trabaja Burke). Ya en la segunda parte, aparece un manantial a partir del cual se generan una serie de imágenes que, además de extravagantes, presentan elementos fantásticos y místicos. El manantial se constituye en un producto de una imaginación que genera otras imaginaciones, todas conjugadas en este poema que es, de acuerdo al propio título, el fragmento de un sueño. En la tercera parte, se salta de manera abrupta a una experiencia subjetiva anterior para hacer lugar a un yo lírico que se declara imposibilitado de recordar con exactitud y que, por lo tanto, duda de su capacidad de volcar su experiencia en verso. Esa imposibilidad de recordar podría remitir a la imposibilidad de soñar que se señaló en el poema de Wordsworth, pero en Wordsworth esa imposibilidad funciona para hacer presente lo ausente. Aquí la imposibilidad de recordar va a evidenciar la manera en la que Coleridge concibe el proceso de escritura. En algún punto, pareciera que Coleridge trazara una analogía entre lo que entiende por un poema y el sueño de Kubla Kahn, escribiendo así un poema metalingüístico: si en el poema las diferentes imaginaciones de otra manera inconexas se sintetizan gracias a la fantasía, en el sueño la fantasía puede desplegarse sin límites supuestos desarrollando este proceso de síntesis; la aparición del yo lírico en la tercera parte del poema estaría, desde la duda, evidenciando ese proceso de síntesis que realiza la fantasía que es, inversamente a lo que sucede con las imaginaciones, un proceso racional.  “The ultimate end of criticism is much more to establish the principles of writing, than to famish rules how to pass judgment on what has been written by others; if indeed it were possible that the two could be separated” (Colleridge, 1930: pag 207). Esta última frase es la clave para entender lo que implica el gesto de Coleridge: al desarrollar ese nivel de autoconciencia en el propio poema, pone al lector en un papel de crítico. Este nuevo crítico, en tanto lector, deberá apelar a su creatividad (o a su fantasía, para ponerlo en términos coleridgeano) para poder acceder de manera plena al poema. Al cederle al lector ese lugar creativo, lo equipara con el poeta, lo democratiza: aquí reside su gesto más revolucionario.

Shelley va a leer las distintas construcciones de la figura de autor que realizan Wordsworth y Coleridge y tomará posición de manera explícita en sus propios poemas. En “To Wordsworth”, a pesar de darle cierto crédito al primero de los poetas por su obra, lo acusa de fallar en sus formas. Su posición con respecto a Coleridge es, en cambio, diferente. En “Letter to Maria Gisborne” lo describe como un águila de una mente irradiente e intensa que, en su oscuridad, puede ver de manera diferente a la que ven los búhos que lo rodean (“A hooded eagle among blinking owls”). En este sentido, el poema “The Indian Serenade” presenta elementos que remiten claramente a Colerdige. Por un lado, aparecen las referencias a un paisaje oriental y, por lo tanto, exótico, tal como sucede en “Kubla Kahn”; pero además esta atmósfera se trabaja desde el sueño. “Surjo a partir de sueños de ti” dice el yo lírico en un inicio que podría pensarse destinado a Coleridge: como poeta de transición, son las dudas de Coleridge las que, en algún punto, permitirían repensar el romanticismo a los poetas de esa segunda generación. Sin embargo, estos poetas no se quedan en la duda, sino que logran afirmar su propia visión poética. Es por esta razón que “se derrumban los aromas de Champak” y si el sueño era el espacio que a Coleridge le permitía pensar su poesía, es también el sueño el que le va a permitir a Shelley pensarse a sí mismo como poeta y diferenciarse de su predecesor “Como el dulce pensar en un sueño/El lamento del ruiseñor/Muere sobre su corazón/Como debo hacerlo sobre el tuyo”. Hay, entonces, por un lado, una instancia onírica que se define como dulce, que es una instancia de pensamiento y creación, pero a la que el poeta/ruiseñor debe trascender para pasar al mundo físico y material. El sueño, entonces, estaría funcionando como un mediador que permite al poeta pensar, por un lado, ese mundo externo, exótico, que se encuentra en la naturaleza (y que se corresponde temáticamente con las preocupaciones de los primeros románticos) y, por otro, ese mundo interno de un yo poético que sufre (algo propio del segundo romanticismo). Es justamente cuando aparece ese yo poético que el sueño se abandona. La última parte del poema funciona entonces como síntesis: ese sufrimiento interno del yo poético lo excede para pasar entonces a somatizar el sufrimiento en el mundo externo. La identificación del poeta como ruiseñor no es azarosa. En su “Defensa de la poesía” Shelley va a afirmar que “Un poeta es un ruiseñor en la oscuridad que canta para reconfortar su solitud con sonidos dulces. Sus oyentes son como hombres en trance por la melodía de un músico oculto: se sienten conmovidos y serenados, pero no saben cómo ni por qué” (Shelley, 1821: pág. 16). Más allá de que utiliza dos términos que aparecen en el poema (ruiseñor como poeta y dulce para calificar al sueño), es interesante la figura del lector que construye. A lo largo de todo su ensayo, Shelley trabajará cierta idea de desautomatización como un elemento fundamental que permite a la poesía conmover al lector. Así definida, su concepción de la poesía es moderna. Sin embargo, su programa propone borrar las huellas de esa construcción poética. Si Coleridge no diferenciaba al crítico del poeta, Shelley va a volver a la figura del poeta como aquel que tiene un saber diferente al resto que le permite construir una poesía imposible de desentrañar. Aquí yace su contradicción y quizás de manera involuntaria y desde un lugar distinto, se emparenta más con Wordsworth que con su admirado Coleridge.

En los tres poemas analizados de estos tres poetas románticos ingleses aparece el sueño como clave formal que permite evidenciar las diferentes concepciones que cada uno tiene de la poesía. Wordsworth se vale del sueño como herramienta que le permite generar un efecto de extrañación con el paisaje que describe. Coleridge, en cambio, va más allá y se vale del sueño como analogía del poema, permitiéndole evidenciar las huellas de la construcción de su poesía y generando de esa manera un lector emancipado, que se coloca al mismo nivel que el poeta. Shelley lee de reojo a Coleridge: como crítico-poeta, construye su propia poesía y se vale del sueño para establecer las diferencias entre su generación y aquella que lo precedió. Sin embargo, construye un lector al cual, si bien le otorga herramientas para realizar nuevas asociaciones y lecturas, coopta con la emoción desbordante de su poesía emancipada. Es posible que, a pesar de lo que establece en su ensayo, no borre completamente las huellas de su creación, pero sí se puede afirmar que éstas quedan en un segundo plano.

 

Bibliografía consultada:

ABRAMS, M. N. El espejo y la lámpara. Buenos Aires: Nova, 1968.

BÉGUIN, Albert. El alma romántica y el sueño, México, FCE.

COLERIDGE, Samuel T. Biographia Literaria. Londres: Ernest Rhys, 1930

SHELLEY, Percy B. Defensa de la Poesía o algunas reflexiones sugeridas por un ensayo titulado “Las cuatro edades de la Poesía”, 1821.

WORDSWORTH, William. Prólogo a Baladas Líricas (trad. Eduardo Sánches Fernández). Madrid: Hiperión, 1993.

Obra literaria:

COLERIDGE, Samuel T. “Kubla Kahn” en Antología poética del Renacimiento y el Romanticismo preparada por la Cátedra de Literatura Inglesa, UBA, 2003.

SHELLEY, Percy B. “The Indian Serenade” en Antología poética del Renacimiento y el Romanticismo preparada por la Cátedra de Literatura Inglesa, UBA, 2003.

SHELLEY, Percy B. “To Wordsworth”. Recuperado de https://www.poetryfoundation.org.

SHELLEY, Percy B. “Letter to Maria Gisborne”. Recuperado de http://www.poemhunter.com.

WORDSWORTH, William. “To Sleep” en Antología poética del Renacimiento y el Romanticismo preparada por la Cátedra de Literatura Inglesa, UBA, 2003.

 

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

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