Sueños y visiones: sus re-escrituras

Sueños y visiones: sus re-escrituras

de Florencia Badaracco[1]

 
En el presente trabajo se intentará analizar el registro escrito de visiones o sueños centrándose en El libro de Margery Kempe, en el poema “Kubla Khan” de Samuel Taylor Coleridge y en el cuento de Wilkie Collins, “La mujer del sueño”. Observamos que las escrituras del material onírico que aquí se presentan operan como instrumento de la memoria, como herramienta contra el olvido, conectando el espacio de lo onírico o espiritual con el del ámbito de la vigilia o el mundo de los “sentidos externos”. Esta escritura se lleva a cabo en los tres casos por un agente mediador, aunque esta mediación se presente de diversas formas. Es así que se produce una doble traducción. Por un lado, se realiza la primera traducción que es la que opera el soñante al expresar en sus propias palabras las visiones o imágenes oníricas; y luego, la segunda, que es la que el oyente de este relato realiza al pasar esa oralidad a la palabra escrita. Esta operstairsación escrituraria se relaciona con elementos característicos tanto del sueño como de la escritura.

En su estudio, Al Álvarez indica que durante las etapas de sueño las neuronas que se encargan de los procesos de aprendizaje, memoria y atención reducen significativamente su actividad (1997: 131). Esta sería la causa de que, al despertar, el soñante no pueda recordar íntegramente lo soñado ni, en ocasiones, darles un orden lógico a los vagos recuerdos del sueño. Esto resulta en una inevitable traducción y transformación del material onírico que se lleva a cabo al momento del relato del sueño, con la intención de imprimirle un orden lógico. Por otra parte, es característico del sueño que su materia se esfume rápidamente de la mente. Es por esto que la escritura es el método más efectivo contra ese olvido. A su vez, es de recalcar la individualidad de los sueños. Barthes señala “no se sueña de a dos ≠ el sueño separa, solipsiza: es el arquetipo del soliloquio” (2004:91). Es así que la escritura es tanto un registro para la memoria como un medio entre subjetividades: entre lo individual y lo colectivo.

            En el caso del libro de Margery Kempe, esto es fundamental, ya que la escritura de sus visiones funciona no solo como registro, sino como elemento legitimador de aquellas. Sus contemporáneos dudan de la veracidad de sus visiones divinas, y por ello se la calumnia y acusa de hereje. Se trata de un sujeto muy débil en cuanto a su autoridad. Por tanto, estas visiones no pueden ser escritas por ella no solo porque no es una persona instruida – no sabe escribir -, sino porque además es mujer y no pertenece al clero. Por estos motivos es que necesita de una voz que enmarque su relato y lo legitime. El hecho de que alguien acepte escribirlo, como el hecho de que sea posible escribirlo denotan y afirman el carácter divino de las visiones, ya que esta escritura parece para Margery una empresa imposible. En primer lugar, ella comienza a relatar sus experiencias a un alemán de origen inglés que muere antes de poder finalizar el libro, y al intentar que otro sacerdote transcribiera lo escrito hasta entonces, este le dice que “el libro estaba tan mal escrito que él no podía encontrarle sentido” (2004: 5). Con posterioridad, otro hombre más intenta leerlo, infructuosamente, no solo por la lengua incomprensible del primer amanuense, sino también por un problema excepcional de visión (podía ver todo menos las letras del libro). Se presentan así problemas tanto del entendimiento como físicos. Estos impedimentos iniciales parecen dar un mayor poder al texto cuando finalmente se logra concluirlo. Consecuentemente, es gracias a una voluntad divina que el libro puede terminarse: “el libro no podía ser leído excepto con ayuda de una gracia especial” (2004: 6).

Observamos entonces que no solo las revelaciones que experimenta la criatura son por la gracia divina, sino que la posibilidad de su escritura también está ligada a la voluntad del Señor. El libro puede leerse y comprenderse, o continuarse su escritura solo cuando Margery lo solicitó en sus plegarias. Sin embargo, hay aspectos de las conversaciones entre Margery y su Dios que ni la gracia divina permite que se escriban. Las palabras no alcanzan para representarlas: “nuestro señor conversaba con su alma cosas que ella no podía expresar, tan altas y sagradas eran” (2004 :48)

broken_windowEs de considerar también que el libro se escribe veinte años después de acaecidas las visiones. En consecuencia, tal como señala el escriba, los efectos del olvido afectan el orden y la linealidad temporal del relato: “este libro no está escrito en orden, cada cosa después de la anterior tal como fueron hechas, sino como la materia se presentaba en la mente de esta criatura cuando lo estaba haciendo escribir” (2004: 5-6)

            En lo que respecta a Coleridge, en su poema “Kubla Khan”, la figura mediadora se concentra en el poeta mismo. En el prefacio al poema explica el modo de composición de la obra. El poeta, bajo los efectos del opio, dice dormirse mientras leía la siguiente oración del “Peregrinaje de Purchas”: “Aquí el Kubla Khan ordenó construir un palacio con un jardín majestuoso” (1982: 107). Asimismo, afirma que en sueños le son dados los versos en cuestión. Si bien el sueño puede pensarse como parte del artificio que trama el autor, decidimos tomarlo como una parte constitutiva de la ficción del poema. Es así que se presenta nuevamente un doble pasaje entre lectura y sueño; y sueño y escritura. Tal como señala en su prólogo, el poeta compone en su sueño cerca de doscientos o trescientos versos, pero aclara “si tal cosa en realidad puede ser llamada composición” (1982: 107). El soñante se presenta, así como un ser pasivo. Estos versos le son dados como objetos concretos: surgen como imágenes ligadas a una expresión correspondiente y se le presentan sin ninguna sensación o conciencia de esfuerzo. Afirma, entonces, que lo único que el poeta debió hacer al despertar es tomar pluma, tinta y papel y transcribir esos versos (1982: 109). El poeta funciona, así como un amanuense, como el encargado de pasar al papel una creación que le es, en cierto modo, ajena. Sin embargo, el “claro recuerdo” (1982: 109) que tiene el poeta de su sueño se esfuma al ser interrumpido en su escritura. Es decir, por efecto de la interrupción y del consecuente paso del tiempo se pierde el recuerdo y el control que se tenía sobre la materia. Vuelve así el poeta a ser un soñante más en el difícil esfuerzo de moldear y capturar el material onírico en palabras. Esta transformación que se da en la relación entre el soñante y su sueño se presenta en el poema en un cambio abrupto de la voz lírica, que pasa de la tercera persona a la primera en el verso 37. Podemos preguntarnos entonces por qué sigue el poeta escribiendo una vez que ha perdido el motivo originario de su escritura. El motivo de esta continuidad es la búsqueda del poeta de lo perdido en la memoria: en la transición a la primera persona irrumpe en el poema la subjetividad del poeta, que hasta entonces había sido velada por la función escrituraria que tenía, y pasa a tener una función activa de búsqueda y reconstrucción.

Por último, en el cuento de Wilkie Collins observamos que se presenta una repetición oral de los elementos del sueño, y también una constante relectura del registro escrito del mismo. Este registro lo realiza la madre. Cuando su hijo le cuenta por primera vez su sueño, esta le pide que lo repita otra vez para escribirlo con todos los detalles posibles ya que esa escritura será el modo de preservar los detalles de la débil memoria de los personajes. Es curioso notar que el relato oral del sueño es una instancia significativa: “Isaac estaba tan ansioso por contar como ella por escuchar” (1996: 21), hay una necesidad de poner en palabras lo visto, de imprimirle una lógica. De hecho, la aparición horrorosa de la mujer le hizo perder la razón e incluso no ha vuelto a “ser el mismo” (1996: 20). Se operó un cambio en su subjetividad y el personaje necesita verbalizarlo: “Durante el regreso su esperanza había sido que su madre, de pensamiento más rápido y conocimientos superiores, podría arrojar alguna luz sobre el misterio que él era incapaz de aclarar por sí solo” (1996: 21). Isaac necesita un intérprete de su sueño; sin embargo, su madre, lejos de intentar darle una explicación al sueño, se limita a tomar la precaución de ponerlo por escrito con el fin de poder reconocer en el futuro si algún elemento de este sueño se presentara en el plano de la realidad. Vemos que en este caso el sueño se presenta como una amenaza y el registro escrito funciona como un arma contra ella. La madre lee todos los años este papel que tiene guardado, no así Isaac, que se olvida del tema y es por eso que no puede reconocer en Rebecca a la mujer del sueño cuando la ve, pese a que tiene siempre una sensación extraña respecto a ella. La madre, en cambio, reconoce de inmediato ese rostro y lo contrasta con su papel escrito. Recordar y el reconocer son instancias fundamentales en el cuento, y se encuentran en estrecha relación con el carácter ominoso del mismo (Freud, 1992): Rebecca es para Isaac un ser conocido, en el ámbito onírico, pero, a causa de su imperfecta memoria, es una desconocida en el plano de la realidad. Este personaje femenino difumina la línea entre lo agradable y lo aterrador.

En conclusión, podemos notar que en los tres textos seleccionados se observan las repeticiones y las relecturas como opuestas a los efectos del olvido, y también en relación con la voluntad de compartir con un sujeto otro lo individual de nuestro mundo onírico. Álvarez recupera a Heráclito: “para los despiertos hay un solo mundo común; pero cuando duerme, cada hombre se vuelve a su mundo privado” (Álvarez, 1997: 117). En virtud de esta aseveración, podemos pensar el registro escrito del sueño como la conexión material no solo entre el mundo de la vigilia y el mundo onírico, sino como el medio comunicador entre las experiencias individuales de cada soñante y las subjetividades e inteligencias de los sujetos otros. Sin embargo, como vimos, siempre hay un remanente del sueño que o bien es vedado en su transmisión por no encontrarse palabras para poder representarlo, o bien escapa también al mismo soñante por no poder retenerlo en la memoria.

Bibliografía

ÁLVAREZ, Al. La noche. Una exploración de la vida nocturna, el lenguaje de la noche, el sueño y los sueños, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 1997.

BARTHES, Roland. Lo neutro, Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 2004.

COLERIDGE, Samuel Taylor. Balada del viejo marinero y otros poemas, Visor Libros, Madrid, 1982.

COLLINS, Wilkie. Historias sobrenaturales y de terror, Ultramar editores,

FREUD, Sigmund. “Lo Ominoso”. Sigmund Freud Obras Completas (Vol. 17).  Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992.

KEMPE, Margery. El libro de Margery Kempe (selección). Ficha de Cátedra Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires, 2004.

[1] Florencia Badaracco es estudiante avanzada de la carrera de Letras, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. El presente trabajo recupera el análisis planteado en la instancia de examen final de la materia Literatura Inglesa, cursada en el 2° cuatrimestre de 2016.

Autor: literatura inglesa

Cátedra de Literatura inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Publicación de artículos, notas y trabajos monográficos de profesores y alumnos y de información de interés inherente a la materia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s