Tensiones sobre el orden urbano: entre la ciudad ideal y la ciudad irreal

Tensiones sobre el orden urbano de la ciudad contemporánea en La naranja mecánica y Sábado: entre la ciudad ideal y la ciudad irreal

de Eliana Galanda[1]

             Como afirma Henri Pirenne, ya desde el medioevo, la ciudad, si bien otorga a sus ciudadanos una condición de mayor  libertad con respecto al espacio feudal, también, para mantener la promesa de la paz urbana, comienza a crear sus propias instituciones y dispositivos de control hacia esos individuos (control de impuestos, creación de magistrados, etc.). Esa tensión entre libertad y mecanismos de control, a lo largo de la historia, a partir de la progresión del proceso de secularización, se desarrolla y se crean nuevos mecanismos y normas de control que modifican el modo de circulación de los individuos, relacionando espacio, ley, cuerpo y violencia de modos particulares, creando un sistema urbano “ideal”.

            Ese proceso que desarrolla aquellos mecanismos de control y produce una mayor individuación de los sujetos, lleva a configurar los espacios de la ciudad contemporánea y los andares de sus individuos de un modo más desintegrado. Precisamente, así caracteriza Chueca Goitia a la ciudad de fines del siglo XX, como una “ciudad fragmentaria, caótica, dispersa […]. Consta de áreas indeciblemente congestionadas, con zonas diluidas en el campo circundante. Ni en unas puede darse la vida de relación, por asfixia, ni en otras por descongestión. El hombre, en su jornada diaria, sufre tan contradictorios estímulos que él mismo, a semejanza de la ciudad que habita, acaba por encontrarse totalmente desintegrado”. (Chueca Goitia, 1981:22-23)

            De este modo se crean sistemas urbanos (es decir, el conjunto de mecanismos de control de la ciudad) que no solo van a disponer al espacio (fragmentado) sino que también van a disponer el modo en que los ciudadanos se relacionan entre sí y con ese mismo sistema. En ambas novelas, la relación entre el individuo con otros cuerpos y con el sistema y el espacio, es similar (el orden implica el no contacto de los cuerpos) pero están construidas de modos opuestos ya que están narradas por contrarios puntos de vista; no obstante, ambas encuentran en su figuración de la ciudad una ruptura que confluye en un punto intermedio, en una tensión que permite pensar la contradicción del orden urbano en la ciudad contemporánea.

            16658_sat_fitzroySábado de Ian McEwan está narrada en una tercera persona anclada en el punto de vista de Henry Perowne, un médico que habita un espacio céntrico y acomodado en la ciudad de Londres del siglo XXI. Ese individuo es propuesto en la novela como ciudadano ideal, en tanto que se maneja dentro de un sistema legal, económico y urbano que sostiene el funcionamiento de la ciudad: “Es un ciudadano dócil que observa cómo el leviatán crece mientras él se desliza bajo su sombra en busca de protección” (McEwan, 2008: 213). De este modo, la novela nos hace ingresar por el espacio urbano a través de esa mirada que intenta mantener el orden prometido por la ley urbana y que se esconde bajo la máscara del leviatán. Entonces, el punto de vista de Henry construye un ideal que implica mantener el orden, por un lado, privado del hogar, del auto, del respeto del aislamiento, y por otro lado, implica mantener el orden público, no formando parte de esa masa colectiva en la manifestación contra la participación de Inglaterra en la guerra de Irak (y de este modo, rompiendo el pacto con el leviatán). Leer más “Tensiones sobre el orden urbano: entre la ciudad ideal y la ciudad irreal”