Bibliografía específica y novedades bibliográficas

Pierre Bayle
Diccionario histórico y crítico. Tomo I: A-AFRO
Edición coordinada por Juan Á. Canal

A veces el mundo editorial español, atenazado por el pesimismo y la inseguridad, ofrece sorpresas verdaderamente extraordinarias: ¿alguien podría imaginar que, entre la selva de novelas históricas y esotéricas escritas por periodistas reciclados, guías gastronómicas y libros de autoayuda, apareciera de pronto el Diccionario histórico y crítico de Pierre Bayle? Si, además, se trata de la edición completa en veinte volúmenes, cuyo primer tomo ya ha visto la luz pública, la admiración está justificada. Una joya de estas proporciones requiere un saludo especial, no sólo por la valentía editorial que supone, sino porque rinde un servicio genuino a la cultura española, haciendo accesible uno de los monumentos más decisivos de la historia intelectual de Europa. En efecto, el Diccionario de Pierre Bayle, siempre señalado como el hito más destacado en el camino hacia la Ilustración y la Enciclopedia, es, en el fondo, un gran desconocido, un texto que nunca se lee directamente, sólo a través de citas o en antologías. La posibilidad de tenerlo entero, ver su plan, la estructura de su composición y acceder a todos sus artículos es algo enteramente nuevo para el lector culto en español.

Publicado en 1697, alcanzó rápida popularidad entre las clases cultas europeas, que se sirvieron de él como alimento habitual, lo que contribuyó a extender el espíritu crítico y racionalista que preparó la Ilustración. El Diccionario, la obra magna que ocupó el final de su vida, es el resultado de la agitada existencia de Pierre Bayle, transcurrida siempre entre persecuciones religiosas, querellas teológicas y polémicas filosóficas. Calvinista de nacimiento, convertido transitoriamente al catolicismo, sufrió durante el reinado de Luis XIV –que derogó el edicto de Nantes– el retorno de las prohibiciones y acosos al protestantismo, lo que terminó por obligarlo a emigrar a Holanda, siguiendo el mismo camino que Descartes medio siglo antes. En Róterdam prosigue su obra, que choca frontalmente con la ortodoxia calvinista, representada justamente por su primer protector, el teólogo Pierre Jurieu, enfrentamiento que termina en un severo juicio del recién aparecido Diccionario; Bayle acepta, prudentemente, un acuerdo con su iglesia. Con anterioridad, la publicación de la revista Noticias de la república de las letras cimentó su fama con los numerosos comentarios críticos a libros del momento, prueba anticipada de la extraordinaria erudición del Diccionario.

Surgido posiblemente como réplica al Gran diccionario histórico del jesuita Luis Moréri, la obra de Bayle tiene, sin embargo, caracteres propios que lo destacan en su género. Ante todo porque el adjetivo «crítico» refleja perfectamente el contenido esencial del diccionario y marca incluso su estructura; Bayle dispone el texto de cada voz en dos partes claramente diferenciadas: el cuerpo principal, destinado a resumir los conocimientos básicos (hechos históricos, pensamientos, etc.) sobre la persona o el lugar de que se trata y, a pie de página, una ingente cantidad de notas en las que realiza su valoración crítica con una gran profusión de datos contrapuestos, refutaciones y teorías alternativas, basado todo ello en una gran erudición, documentada en las citas bibliográficas. Ese segundo nivel crítico del texto, el más extenso y atractivo, responde a la concepción inicial del Diccionario, destinado esencialmente a corregir los numerosos errores de los diccionarios que le precedieron más que a la exposición sistemática de contenidos consolidados. Es en este modo de proceder donde se encuentra el punto fuerte delDiccionario de Bayle y de donde surge su legado más importante para el saber histórico: la crítica y la contrastación de los datos es el momento decisivo a la hora de hacer historia, por encima de su mera acumulación. Y es que, sin duda, es en ese momento crítico donde Bayle muestra su verdadero talento y, a la vez, su trasfondo filosófico escéptico.

El famoso escepticismo de Bayle obedece más a su método crítico de introducir dudas y buscar contradicciones con el fin de conmover una opinión consolidada que a la profesión de una explícita tesis escéptica. Como señaló un crítico literario: «Enseña el método cauteloso y huidizo, el arte de insinuar, de arrojar la duda en los espíritus para a continuación esquivar toda respuesta». Probablemente late en Bayle la convicción de que la razón está más dotada para debelar la falsedad y el error que para proclamar altivamente la verdad. Su cuidado en mostrar la dificultad de sostener una verdad que sea intersubjetivamente reconocida frente a la variedad de refutaciones y opiniones divergentes así lo insinúa. Pero este criticismo de Bayle no se aplica sólo a las grandes cuestiones filosóficas o religiosas; por el contrario, es la minuciosidad con que somete a discusión datos o afirmaciones que parecen perfectamente triviales lo que llama la atención de su Diccionario. Es quizás esa minuciosidad lo que llevó a Menéndez Pelayo a atribuirle una «erudición menuda» y a devaluar interesadamente el sentido general del Diccionario.

Otro rasgo llamativo es la ausencia de un criterio reconocible para la selección de las personas o lugares llamados a entrar en el Diccionario. Es evidente que faltan inexplicablemente voces decisivas en la configuración de su propio pensamiento, como Descartes, o en el filosófico general, como Platón, mientras que el lector contemporáneo se extrañará de la abundancia de entradas de personajes o ciudades hoy sin interés. Pero todo ello nada enturbia el valor intrínseco de una obra única, que merece todo el reconocimiento, con independencia incluso de la extraordinaria historia de sus efectos. Un reconocimiento que hay que extender al equipo editor, compuesto por catedráticos y profesores de bachillerato, lo que en este tiempo de depresión pedagógica contribuye, sin duda, a elevar el ánimo.

Ramón Rodríguez es catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense. Su último libro publicado, coeditado con Stefano Cazzanelli, es Lenguaje y categorías en la hermenéutica filosófica (Madrid, Biblioteca Nueva, 2012).

fuentehttp://www.revistadelibros.com/blogs/vitrinas/espiritu-critico

Conrand, El Titanic Gadir – 2012 Mitos. Cuando se apagan las luces y se acaba el baile, se termina la fiesta. Eso es lo que parece haberle sucedido al Titanic. Tras meses de documentales, libros ilustrativos, películas, reestrenos de películas, subastas y resubastas de…, sorpréndanse, innumerables piezas que según parecen aún quedaban por subastar, faltaba la traca final. El 15 de Abril de 2012 se dieron por concluidos los fastos con una cena de gala degustando exactamente el mismo menú y escuchando la misma música que hacía 100 años. Mitos. Pero hete aquí que ¡sorpresa!. Una editorial pequeña como Gadir se atreve a publicar un pequeño texto de Joseph Conrad, autor de El corazón de las tinieblas y reputado marino de la época, bajo el título de El Titanic. Un hombre que, marino antes que escritor, se atreve en este texto, dos en realidad, a cuestionar la versión oficial del naufragio, a reflexionar sobre las líneas de investigación abiertas tras el mismo y a poner en duda la sentencia posterior. El Titanic debe ser leído como un complemento a todo lo visto, oído y hasta sentido por nuestros poros estos años. Nunca como una alternativa a la versión oficial. Pero bueno es recordar que el principio de La navaja de Ockham también es aplicable en este caso.

fuente: http://lascartasdelnorte.blogspot.com.ar/2012/08/heroes.html

Eagleton, Terry. La novela inglesa. 

Escrito con la agilidad narrativa, el rigor intelectual y la ironía que caracterizan la obra de Terry Eagleton, uno de los profesores más prestigiosos de crítica literaria y estudios culturales, Después de la teoría constituye un recorrido demoledor por las escuelas y corrientes que han marcado la interpretación de la realidad a través de la literatura y propone una visión crítica -frente al agotamiento teórico y práctico de la posmodernidad y el pensamiento único- de las cuestiones fundamentales (trabajo, política, sociedad, amistad, amor, identidad, relaciones personales, etc.) que preocupan al conjunto de la sociedad. Michel Foucault y el estructuralismo, Jacques Derrida y la deconstrucción, Jürgen Habermas y la teoría de la acción comunicativa, Julia Kristeva, Roland Barthes o las teorías de Fukuyama y los neocons pasan por el tamiz crítico de Eagleton. ¿Ha perdido la teoría crítica, literaria y política, el sentido para la cual fue concebida? ¿Se puede interpretar con la misma línea argumental y la misma fuerza simbólica y narrativa un soneto de Shakespeare, un cuento de Chejov, una novela de Flaubert y un culebrón televisivo o un anuncio de refrescos para adolescentes? ¿Cuál es la función de la crítica y de la cultura en esta era de consumismo y marketing? Cuestionamiento de las tendencias ideológicas dominantes, ajuste de cuentas con la teoría y con la forma «académica» de interpretar lo real, este rotundo estudio está llamado a convertirse en una obra de referencia dentro del panorama del ensayo político, cultural y de actualidad.

 

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