Efectos de la ciudad moderna

London Calling: efectos de la ciudad moderna en The String of Pearls: A Romance (1846-1847) y en sus adaptaciones musicales

de Nicolás Coria Nogueira[1]

Hell is a city much like London – –
A populous and a smoky city;
There are all sorts of people undone,
And there is little or no fun done
Small justice shown, and still less pity.

(Percy B. Shelley)

  1. La ciudad que habla

 En 1844 Friedrich Engels llama la atención sobre el comportamiento de cientos de personas en la ciudad industrial por antonomasia y, por ello, centro económico del mundo: Londres. Al respecto, señala que los londinenses circulan “como si no tuvieran nada en común, nada que ver el uno con el otro, y su único acuerdo es tácito, que cada uno mantenga su lado de la vereda, de manera de no demorar las corrientes opuestas de la multitud” (1975: 329). La observación del teórico socialista supone una serie de problemas que se relacionan al surgimiento de la ciudad moderna, justamente “una creación del capitalismo industrial” (Williams, 2016: 212). En este sentido, el intenso crecimiento demográfico, el ritmo de vida y de trabajo, y la competencia laboral son sólo alguno de los efectos que pueden relacionarse de manera directa con este sistema económico.

Por su parte, las nuevas tecnologías que produjo el proceso de industrialización significaron también, a nivel cultural, la aparición de nuevos discursos, formas y géneros literarios que se correspondieron con un acelerado proceso de alfabetización de las clases bajas británicas (Flanders, 2014). Teniendo en cuenta estos aspectos, este trabajo se propone estudiar las representaciones de los distintos fenómenos de la ciudad moderna en una novela popular del siglo XIX, The String of Pearls: A Romance y en su adaptación musical –teatral y cinematográfica– en los siglos siguientes.

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En diálogo sobre BECKETT

Sin título

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Una vida en itálicas

Una vida en itálicas
Marcelo Lara[1]

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Reseña de Recordando a Beckett: entrevistas inéditas a Samuel Beckett y testimonios de quienes lo conocieron. Traducción de Elina Montes y Milita Molina. Editores Argentinos, 2017.

 

 

 

Recordando a Beckett es, como sugiere su editor James Knowlson, la construcción de una biografía, un efecto de selección, filtro y rechazo de recuerdos, escritos, correspondencia y reminiscencias. Esta observación del editor en el “Prefacio” presenta, de algún modo, una generosa declaración de principios a tener en cuenta: hay algo que permite recoger las memorias de cuando los perros de la casa Beckett destrozaron a los de la casa vecina, y algo que permite desechar, quizás, posibles tickets de lavandería, posibles notas en la heladera, posibles chismes, posibles murmuraciones que emergieron cuando se apagó el grabador.

Una vida es el resultado de un tamiz. La ignorancia acerca de si lo que nos ha llegado es lo que pasó hacia el otro lado o lo que quedó de este lado del tejido es una franqueza que el lector debe agradecerle a este libro.

Recordando a Beckett fue editado originalmente en 2006 por James y Elizabeth Knowlson, y traducido al rioplatense con aplicada dedicación en 2016 por Elina Montes y Milita Molina. La edición argentina a cargo de Editores Argentinos incluye, como su homóloga en inglés, un recorrido fotográfico por las vidas del autor irlandés, desde las rodillas de la tía Rubina Roe hasta sus años de vejez. Es interesante que el editor argentino no haya desechado dicho material: las imágenes nos miran, incluir fotografías en medio de las palabras de este texto en particular permite volvernos intermitentemente sordos al ilusorio sentido único que promete la aparente linealidad del discurso.

El libro divide la vida en dos tiempos, por un lado, presenta los relatos de la infancia del autor irlandés, su paso por la docencia, su relación con James Joyce, sus caminatas, sus viajes a París y la necesaria huida a Roussillon durante la Segunda Guerra Mundial, así como también incluye el regreso a Francia con la Cruz Roja y su trabajo en Saint-Lô. Por el otro, deja ver un tiempo de diversos Becketts donde se derraman las voces de los años de escritura y lectura, de sus obras de teatro, de sus singulares éxitos, de sus silencios. Y también donde aparecen los diversos cruces que lo narran, esas otras vidas de escritores, directores, críticos y del propio Knowlson, su biógrafo.

De todos los textos que se acumulan en este libro, la contribución de Richard Seaver, el primer editor que llevó Beckett a la atención del público de habla inglesa, es quizás uno de los fragmentos en los que emerge con más fuerza la construcción afectiva de una vida. Seaver cuenta que conoció a Beckett en la vidriera de una librería del número 7 de la calle Bernard Palissy, tienda que ocupaba el local de un burdel recientemente clausurado por las manos fregadoras de la moral y las buenas costumbres francesas. Seaver narra su sorpresa al ver cada día desde la vereda de esa calle que lo llevaba a sus reuniones a Deux Magots o al Café Royale unos libros de un autor irlandés en la vidriera de Minuit, un editor francés. Su paso cotidiano por el ex burdel tropieza definitivamente con su curiosidad el día en el que se permite entrar a la librería y adquirir Molloy y Malone muere. A partir de allí, un poco como le había sucedido a George Orwell el día que leyó a Jonathan Swift, la fascinación lo toma y comienza a transitar la experiencia de un “shock de descubrimiento”. Beckett deviene en la voz de Seaver la literatura como una forma de vida que lo narra al propio Seaver. El editor es leído por las novelas que lo habían convocado desde los cristales del escaparate de Minuit y surge en él la necesidad de ponerse a escribir sobre sus lecturas beckettianas recién adquiridas. Aquí aparece efectivamente un relato en el que, como anota Patrick Bowles, “las palabras se desmoronan porque, en la vida, hay situaciones sin palabras, en las que las palabras se hacen pedazos, o, donde ‘las palabras nos fallan’”. En este sentido, es apasionante la narración del trabajo de traducción que llevan adelante Seaver y Beckett en sus reuniones de las cuatro de la tarde en el Dôme,  donde escritor y traductor discuten sobre las palabras y las cosas entre letras de molde y cervezas. Esas breves líneas iluminan la idea que retoma unas páginas más adelante Bowles para señalar que Beckett hablaba “de sus libros como si hubieran sido escritos por otro”.

La aparición de algunas discusiones filosóficas aportan una voz que llevará al lector a releer diversos fragmentos de sus obras literarias y teatrales. Pero especialmente lo llevará hacia el camino del fracaso al intentar ver allí el reflejo de su obra. En este sentido, la aparición de la risa, del mismo modo que la de las fotos, nos resguarda de caer en la trampa del cierre de sentido que se vive denunciado por todas partes, pero que, al mismo tiempo, no se renuncia a anhelar.

Otros de los pasajes únicamente conmovedores de los efectos de esta selección, filtro y rechazo son los relatos de sus colegas y alumnos en los que aparece un Beckett que detestaba la exposición permanente, a quien no le gustaba dar clases, profesor que hacía medianos intentos de enseñar francés: periodo que él mismo ubica como un tiempo sin ocupación que tuvo que llenar con el trabajo en el Campbell College.

Recordando a Beckett es, en este sentido, un diario de viaje posible sobre una geografía cuya cartografía desafía cualquier intento de trazar algún mapa. Los momentos que aquí se presentan podrían, es cierto, ser leídos como indicios de alguna profundidad en el individuo Beckett que trashumó por esta tierra. Encontrar en estas líneas la profundidad insondable de un hombre y su obra, o perderse en los surcos invisibles de un arado disperso es un problema del lector.

 

Distribución en librerías de la Rep. Argentina

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[1] Marcelo Lara es licenciado y profesor en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña como docente e investigador en la cátedra de Literatura Inglesa en la carrera de Letras, UBA. Ha participado en diversas investigaciones bajo la dirección del Dr. Lucas Margarit y actualmente se encuentra finalizando su tesis de Maestría en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad, UBA, sobre una lectura de la emergencia de un blanco biopolítico en un corpus swiftiano.

ZONA de TRADUCCIÓN: Amanda Dalton

AMANDA DALTON: “Bird on a Wire”, “Full Moon Fall” y “His Boots”
por Sofía Somoza

Nota biográfica:

Amanda-DaltonAmanda Dalton es una poeta y dramaturga inglesa. Nació en Coventry, Inglaterra, en 1957. Fue subdirectora de colegio por cinco años y la directora de Arvon Foundation en el centro de escritura de Yorkshire, Lumb Bank, donde organizaba cursos de escritura. Su primera colección de poemas, How to disappear (Bloodaxe Books, 1991) fue seleccionada para el premio a mejor First Collection y fue elegida con el título de Next Generation Poets, por The Poetry Book Society en el 2004. Su segunda colección, Stray, fue publicada por Bloodaxe Books en el 2012.

Actualmente es directora adjunta en el Royal Exchange Theatre, en Manchester y dirige una fundación honoraria en la Manchester Metropolitan University Writing School. Reside en Hedben Bridge, West Yorkshire. Sus poemas cuentan historias, Dalton sostiene que muchas de ellas se presentan en su mente como fragmentos de relatos o cuentos en miniatura.

Poemas y traducciones: 

Bird on a Wire

Usually they remind me of Leonard Cohen’s song
and you say they’re notes on a stave
but that September day I agreed, the swallows came
like a falling scale, some landing as chords in the bass
under single lines of startling melody.

We knew they were heading for Africa,
thousands of miles on the wing
but they were hardly birds that day.
You took a photograph for every move they made,
a thousand shots- their journey didn’t matter.

It took you a week to translate wires into staves,
a month to decide which birds should perch as quavers,
which as crotchets, semibreves, and then November
you transcribed them for soprano voice with piano,
sung to tswit-tswitt-tswittt, feetafeet-feetafeetafitt.

I grew tired of it, read bird books by the dozen
as you cut and pasted photographs. I wished you’d sleep.
December it was done, your masterpiece.
You drank to the birds, went out alone, drifted
home at dawn to a room still strewn with manuscript

and through the window – this is true-
a swallow perched on the washing line.
Was it lost or hurt?
Just late?
Would it stand a chance of crossing the Sahara?

I found you in the middle of the room, in tears, like a child,
left you to it, made some tea,
couldn’t bring myself to ask you if you were crying
for a bird that wouldn’t make it, or a missing note
recovered far too late and in the wrong place.

Pájaro en un Cable

Usualmente me hacen acordar a la canción de Leonard Cohen[1]
y vos decís que son notas en un pentagrama
pero ese día de septiembre yo coincidí, las golondrinas llegaron
como descendiendo en escala, algunas aterrizando como acordes en el bajo
tras cada línea de una deslumbrante melodía.

Sabíamos que se dirigían a África,
miles de millas en vuelo
pero apenas eran pájaros aquel día.
Sacaste una fotografía por cada movimiento que hicieron,
miles de tomas – su viaje no importaba.

Te tomó una semana traducir cables a pentagramas,
un mes decidir cuáles pájaros deberían posarse como corcheas,
cuáles como negras, redondas, y luego en Noviembre
los transcribiste para la voz soprano con piano,
cantado al ritmo de tswit-tswitt-tswittt, feetafeet-feetafeetafitt.

Me cansé de esto, leí docenas de libros sobre pájaros
mientras vos cortabas y pegabas fotografías. Desearía que hubieras dormido.
Para diciembre estaba terminada, tu obra maestra.
Brindaste por los pájaros, te fuiste solo, vagaste
devuelta a casa al amanecer a una habitación con el manuscrito aun desparramado

y por la ventana – esto es cierto –
una golondrina se posó en el tendedero.
¿Estaba perdida o herida?
¿O simplemente retrasada?
¿Tendría chances de cruzar el Sahara?

Te encontré en el medio de la habitación, entre lágrimas, como un niño,
te dejé con eso, hice un té,
no pude atreverme a preguntarte si estabas llorando
por un pájaro que no lo lograría, o por una nota perdida
recuperada demasiado tarde y en el lugar equivocado.

 

Full Moon Fall

He used to think the opposite of full moon was an empty moon,
that full moons grew so tired and fat that they fell from space
and landed in the sea.
And he knew that a moon might stray off course someday,
could land right here, on his town, on his face,
and he worked for months with a ruler and maps
to figure the odds.

The moon is small tonight.
He gives it the thumbs-up and it’s gone,
spreads his fingers and it’s back, between his knuckles,
like a trick.
By 2 a.m. it’s a scarred old magnet tugging him from bed,
just about pulling his insides out.
He strains to reach, like the moon’s a man on the edge of a cliff,
or nearly drowned. But it won’t reach back
and he hasn’t the strength to save it.

When Janet comes next day his face is blotched and stained.
She’s brought the rock from his shelf and a magazine.
He says I think. I think I remember Dad. His nose and chin.
Forget him. He was rubbish, Allan.
Thought I had. 

 Caída de Luna Llena

Él solía pensar que el opuesto de luna llena era una luna vacía,
que las lunas llenas se cansaban y engordaban tanto que caían del espacio
y aterrizaban en el mar.
Y él sabía que una luna podría desviarse de su curso algún día,
podría aterrizar justo aquí, en su pueblo, en su cara,
y trabajó por meses con una regla y mapas
para descifrar las posibilidades.

La luna es pequeña esta noche.
Él la compara con su pulgar al elevarlo y ella desaparece,
extiende sus dedos y vuelve a aparecer, entre sus nudillos,
como un truco.
Para las 2 a.m. esta es un marcado y viejo imán tirándolo de la cama,
a punto de sacar su interior hacia afuera.
Él se esfuerza por alcanzar, como si la luna fuera un hombre al borde del precipicio,
o casi ahogado. Pero esta no se acercará.
y él no tiene la fuerza para salvarla.

Cuando Janet viene el día siguiente él tiene la cara enrojecida y manchada.
Ella había traído la roca del estante de él y una revista.
El dice Yo creo. Yo creo que recuerdo a Papá. Su nariz y su barbilla.
Olvidalo. Él era una basura, Allan.
Creí que lo había olvidado.

  

His Boots

She couldn’t throw away his boots,
said they reminded her of everything
he’d trampled over, crushed,
kick into carelessly.

She loved the mud, she said –
to watch it dry, turn flaky,
drop away to dust.

She loved the broken lace
he’d snapped in his clumsy hand,
in his rage.

One night, undressed, tired out,
she wandered back downstairs
and, almost without thinking,
slipped her feet inside.

So cold against her skin, so enormous
she was lost in them, she said,
a child again,

shuffling in stilettos,
jumping snowdrifts barefoot,
squeezing both feet into one huge shoe,

until she caught herself
in the hallway mirror,
saw how tall she’d grown, how stooped,
how she had hardened.

Sus Botas

Ella no pudo tirar sus botas,
dijo que le recordaban todo
lo que él había pisoteado, aplastado,
pateado descuidadamente.

Ella amaba el barro, dijo –
mirarlo secarse, descascararse,
convertirse en polvo.

Ella amaba el cordón cortado
que él había roto con su torpe mano,
iracundo.

Una noche, desvestida, exhausta,
ella bajó distraídamente las escaleras
y, casi sin pensar,
deslizó sus pies adentro.

Tan frías contra su piel, tan enormes
estaba perdida en ellas, dijo,
una niña otra vez,

arrastrando sus pies con stilettos,
saltando montículos de nieve descalza,
apretujando ambos pies en un zapato gigante,

hasta que se encontró a sí misma
en el espejo del pasillo,
vio cuánto había crecido en altura, cuán encorvada estaba,
cuánto se había endurecido.

 Datos del traductor:

Sofía Somoza es estudiante avanzada de Licenciatura en Letras (FFyL, UBA), con orientación en Literaturas Extranjeras. Es adscripta a la Cátedra de Literatura del Siglo XIX y colabora en la Revista Literaria de Letras de la UBA (Por el camino de Puán), entre otros proyectos.

 Sitios web de interés:

http://theagency.co.uk/the-clients/amanda-dalton/ (Sobre Amanda)

http://wordsunlimited.typepad.com/words_unlimited/2012/04/amanda-dalton.html (Entrevista)

https://www.youtube.com/watch?v=f-7iZHd-0xU (Lectura de “Almost a Story”)

[1] “Bird on the Wire” es el nombre de una canción de Leonard Cohen: https://www.youtube.com/watch?v=BmPUu-rMpWA

Nuestra visita a la muestra “El monstruo de Frankenstein” en la Biblioteca Nacional: una lectura (tal vez) demasiado feliz

de Malena Duchovny[1] y Jesica Lenga[2]

         El día 31 de mayo asistimos a la inauguración de la muestra “El monstruo de Frankenstein” en la sala Leopoldo Marechal de la Biblioteca Nacional, realizada en conmemoración del bicentenario de la publicación de la novela de Mary Shelley.

Los asistentes fuimos recibidos por unas cálidas palabras de la coordinadora de la muestra, Jorgelina Nuñez, a las que se sumaron los discursos del Dr. Mangel, entonces director de la biblioteca, y el del ministro de cultura de la nación Pablo Avelluto, que contó con algunas afirmaciones, a nuestro parecer desacertadas, y que dejaron en evidencia su postura ideológica en relación a la cultura. En su discurso, el ministro se refirió a la novela como una “caja de herramientas”, dando cuenta de una visión instrumentalista del arte, muy en sintonía con las políticas desarrolladas en su gestión. También en la muestra observamos este mismo tipo de acercamiento a la obra.  En efecto, el mismo título de la exposición evidencia que la mirada está puesta en el célebre personaje de la cultura popular más que en la obra literaria o en la misma autora.

La muestra se divide en varios sectores, cada uno de ellos dedicado a abordar un aspecto de la novela.

5da6da9667873d62d9f937b147c86725_MAINEn el primer sector, “Noche de fantasmas”, se recrea la villa Diodati, donde tuvo lugar el mítico encuentro de los genios románticos: Mary Shelley y su marido, el poeta Percy Shelley, Claire Clairmont, Lord Byron y el postergado John William Polidori. De este modo, se alude al génesis de la obra como así también al vínculo de la autora con el Romanticismo. Nuevamente, observamos que la muestra incurre en el mismo equívoco, el de relegar a la autora a una posición subsidiaria, en este caso con respecto a otras figuras literarias.

A continuación, pasamos al sector “El monstruo de Frankenstein”, que procura trabajar de una forma un tanto paternalista para con el público, la relación entre la novela y la ciencia. Allí, simplemente nos encontramos con un “muy simpático” laboratorio dentro del cual el monstruo está tendido en una camilla, cubierto por una sábana, en pleno paroxismo de resurrección. Sin embargo, no hay ningún tipo de profundización acerca de los debates que “Frankenstein” plantea con respecto a los límites éticos de los experimentos científicos.

En las secciones “Laboratorio de ideas” y “Cadáver exquisito”, se exhiben ejemplares de las fuentes literarias y científicas de las que se nutre la obra de Mary Shelley, pero, además, la muestra propone que la novela misma es un “monstruo” armado de retazos de otros textos literarios, que también están expuestos en ese sector.

En “Un ícono de la cultura popular” se intenta, a partir de diversas estrategias, desarmar la identificación de la criatura con el monstruo temible y vil en el que lo convirtió la cultura de masas y especialmente, la industria del cine. Allí nos topamos con una pequeña sala en las que se proyectan fragmentos de distintas interpretaciones cinematográficas de la novela, desde aquellos intentos de ser fieles al texto, hasta algunos que toman al personaje como un héroe de historietas. Para deconstruir la imagen prototípica del monstruo, se presenta una serie de caricaturas provenientes de diferentes orígenes, que muestran versiones de la criatura más que curiosas.

En la misma sección, también vimos un stand dedicado a las representaciones del monstruo en la literatura infanto- juvenil, que toma al personaje como una mera excusa para instruir a su público en valores morales. El problema de esta sección es que carece de un criterio de calidad en la selección de textos, y termina incluyendo algunas adaptaciones “dudosas” que simplifican la novela hasta hacerla irreconocible.

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Finalmente, ingresamos al sector “Critica de la razón patriarcal” donde se exhiben antiguas ediciones de A vindication of the Rights of Women de Mary Wollstonecraft y de Enquiry Concerning Political Justice, de William Godwin, los cuales son tomados como decisivas influencias en el pensamiento feminista de Mary Shelley. Valoramos aquí la buena intención de conectar la novela con la problemática de género, que está siendo discutida públicamente en todos los ámbitos, pero la muestra, otra vez, se queda en la superficie.

Una atracción agregada dentro del salón es “Dermis” que es definida como “una obra interactiva de bio-arte”. Este nuevo tipo de manifestación artística se caracteriza por el uso de la biotecnología como medio, y, por lo tanto, es muy acertado relacionarlo con la novela de Mary Shelley. No obstante, la instalación “Dermis” no constituye, en rigor, una obra de bio-arte, ya que trabaja con fotografías de diferentes marcas de la piel, tomadas por los propios espectadores, y no con la piel en sí. Por otra parte, una de las asistentes se preguntaba porqué concentrarse exclusivamente en las “marcas” (como cicatrices, lunares, tatuajes), en lugar de fotografiar fragmentos de piel al azar.

Los asistentes recordaban en voz alta su primera lectura de la novela, en general realizada en contextos escolares, muchos nos dijeron haber vuelto posteriormente a la obra para profundizar su lectura. Una de las organizadoras destacó la vigencia de “Frankenstein”, una obra que representa las luchas de las minorías contra la sociedad y el status quo, que constituye una crítica a las instituciones.

En síntesis: “El monstruo de Frankenstein” es un acercamiento exitoso a la obra, ya que, como toda buena crítica, ilumina al texto de una forma particular y reaviva el interés por el mismo, aunque, la amplitud de los aspectos de la novela abordados impide que se indague acabadamente alguno de estos enfoques.

“Leamos a Mary Shelley y seamos felices”, fueron las palabras que cerraron el discurso inaugural de la muestra. Nos plegamos a la primera parte de esta consigna, pero cuestionamos que cumplir con la segunda clausula, brindar “felicidad” a los lectores, haya sido uno de los propósitos de “Frankenstein”.

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[1] Estudiante avanzada de la Carrera de Letras y Adscripta a la Cátedra de Literatura Inglesa (Facultad de Filosofía y Letras- Universidad de Buenos Aires); contacto: malenaduchovny@gmail.com

[2] Graduada de la Carrera de Letras y Adscripta a la Cátedra de Literatura Inglesa (Facultad de Filosofía y Letras- Universidad de Buenos Aires); contacto: jesicalenga@gmail.com

La cesura se vuelve sutura: hacia una estética de la variedad en Swift, Wells y Barnes

La cesura se vuelve sutura: hacia una estética de la variedad en Swift, Wells y Barnes

de Virginia Desmourés[1]

Al pensar los conceptos de la animalidad, la humanidad y la monstruosidad en Gulliver’s Travels (1726) de Jonathan Swift y The Island of Doctor Moreau (1896) de H.G. Wells se puede considerar la frase que Piñol Lloret cita de Nietzsche en Monstruos y monstruosidades: “quien con monstruos lucha, cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, éste mira dentro de ti” (2016: 38). La misma puede funcionar un poco a modo de epígrafe de las obras, un poco a modo de puntapié para un análisis sobre las problemáticas que ellas plantean; a saber, sobre aquello que constituye lo humano, sus vínculos con lo animal y cómo se define lo monstruoso.

Al considerar la lucha y la mirada sobre el otro que la cita plantea es que se puede pensar la cesura producto de la máquina antropológica agambeniana (2006) que produce el hombre en sí para definir qué es lo humano; es decir, “la separación en el interior del ser humano de un ámbito identificado con lo animal (…) que permite establecer una oposición entre sujeto humano y los demás seres vivos” (Balza, 2013: 32).

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Sin embargo, la máquina antropológica, a la vez que organiza y normativiza, también produce lugares de tránsito e indistinción entre el hombre, la bestia y el animal. Y si los abismos excluidos también nos pueden mirar, si pueden reflejar algo de la índole de lo humano, entonces la cesura se vuelve sutura. El problema que esto produce nos lo muestran el estado misantrópico en el que caen tanto Gulliver y Prendick al finalizar su periplo y que no parecería tener solución de continuidad.

En este sentido, una particularidad de ambas obras es que el problema planteado debe extenderse más allá de la textualidad ya que el viaje no lo resuelve: ni permite establecer qué es aquello que hace de lo humano, humano, ni qué lo define en tanto que tal. En lugar de verse afirmados por medio de la presencia del otro, lo que emerge es una crisis en las categorías. A partir de ello se partirá de la hipótesis de que si la creación del otro y del monstruo es inherente a una política que asume definiciones normativas de lo humano, como menciona Balza, cuando esa normatividad pierde fuerza entonces ya no hay nada que diferencie lo humano de lo animal, ni lo animal de lo humano ni lo humano de lo monstruoso. Y por lo tanto no hay nada que evite que tanto Prendick como Gulliver caigan en el abismo.

Lo que se hace evidente, entonces, es la necesidad de una nueva forma de articular el concepto de lo humano. Quien aportará una nueva vía de pensamiento es aquello que se presenta como gran proscrito de la historia y del mito fundante de la humanidad: la diminuta carcoma de Julián Barnes que viaja como polizón en el Arca de Noé es, precisamente, la que podrá poner en primer plano que el mismo germen desintegrador se encuentra en lo humano y que, de lo que en definitiva se trata, es de aceptar como norma que ya no hay una norma como medida a partir de la cual se deba juzgar a la naturaleza y a sus producciones. Leer más “La cesura se vuelve sutura: hacia una estética de la variedad en Swift, Wells y Barnes”

Lo sobrenatural y lo ideológico en la historieta de Hugo Pratt

Lo sobrenatural y lo ideológico en la historieta Corto Maltés: Sueño de una mañana de invierno

Martín Miguel Ferrari Frasca[1]

En la historieta Sueño de una mañana de invierno (SMI), de Hugo Pratt, el marinero Corto Maltés es guiado por las criaturas míticas de las leyendas arturianas y de la obra de Shakespeare para defender las islas británicas de una invasión alemana durante la Primera Guerra Mundial. Dicha intervención sobrenatural tiene lugar en las borrosas fronteras del sueño y la vigilia del protagonista, en el marco de una ambientación alejada de las áreas urbanas. La historieta de Pratt establece una multiplicidad de vínculos con la obra teatral de Shakespeare Sueño de una noche de verano (SNV). Superficialmente, los intertextos pueden observarse en el título de la obra y en sus personajes. Sin embargo, la historieta guarda relaciones temáticas mucho más complejas dignas de un detenido análisis; temas tales como lo sobrenatural, el sueño, la cuestión de género y sus implicancias políticas muestran un correlato en la narrativa gráfica. El presente trabajo se propone comparar y contrastar ambas obras, haciendo foco sobre cómo lo ideológico es vehiculizado por lo sobrenatural.

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Para comenzar, la narrativa de SMI está marcada por la abundancia de personajes que duermen y por la incertidumbre acerca de los límites entre el estado onírico y el de vigilia. Deliberando sobre cómo evitar la invasión alemana, Oberón, Puck y Morgana resuelven invocar al mago Merlín, a quien despiertan de su largo sueño en los bosques de Brocéliande. Merlín, a su vez, sugiere despertar al rey Arturo, pero le contestan que es imposible debido a que “debe dormir por otros veinte siglos, y solo quince han pasado” (78, traducción propia). Entonces, deciden ir a por algún soldado, pero como todos están dormidos en estado de ebriedad, encuentran a Corto, quien está medio dormido en Stonehenge. Merlín advierte “Sí… pero está durmiendo con sus ojos abiertos, y aquellos que sueñan despiertos son peligrosos porque no saben cuándo termina el sueño.” (79). ¿Acaso es por esta característica que la historia presenta límites tan borrosos entre la “realidad” y “el sueño”?

Puck, en la forma de un cuervo parlante, despierta a Corto, y junto con los otros personajes legendarios, van guiándolo (sin que lo note) por distintos lugares y situaciones para que frustre el ataque de un submarino alemán a la cúpula militar aliada. A pesar de que el protagonista no le encuentre sentido a los acontecimientos, él sabe lo que tiene que hacer. Al detener a Rowena, espía alemana, declara:

Te lo diré otra vez. Estaba en Stonehenge esta mañana, luego conocí a tu marido, que se estaba muriendo… De repente, apareció la niebla… Y ahora estoy aquí… Un submarino alemán está ahí… Y no lejos de aquí hay un cañonero con los generales aliados… Aquí tenemos a una colega de Mata Hari y a un bonito, amigable cuervo… Me muero si puedo entender algo de todo esto. (85)

Por su colaboración, es condecorado, pero enseguida vuelve la niebla. De vuelta en Stonehenge, los personajes concluyen la historia. Puck le roba las medallas a Corto, y Oberon piensa que es mejor así, para que no sepa “si todo esto fue un sueño o realidad” (93). Puck despierta a Corto como al principio, y el marinero siente que ya hizo todo esto, “pero evidentemente fue un sueño” del cual el cuervo parlante es “la única evidencia concreta que [le] queda” (94).

Al igual que en SNV, los personajes sobrenaturales, particularmente Puck, bajo la conducción de Oberón, guían la conducta de los otros personajes. Oberón manda a Puck a ordenar las relaciones amorosas de los cuatro jóvenes y a que Titania se enamore de Bottom. Al final, todos terminan con la sensación de que todo lo vivido fue un sueño del cual no tienen más que recuerdos.

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Segundo, los personajes sobrenaturales de la historieta se organizan para intervenir en la Primera Guerra Mundial, por lo cual su papel resulta profundamente político. Ante la noticia sobre la invasión alemana, Puck responde “Pero Oberón, estas son cosas que no nos conciernen”, a lo cual el Rey de las Hadas le contesta: “Oh, no nos conciernen, ¿no?… No te das cuenta de que con los alemanes vendrán sus trolls, sus enanos, y los nibelungos, dragones, hadas del continente y de la Selva Negra… Estamos en peligro… Todos los duendes y hadas de Inglaterra tendrán que defenderse a sí mismos.”(76). Estas palabras evidencian que para Oberón la guerra y la invasión es una cuestión de índole mítica. Los mitos podrían asociarse a explicaciones folklóricas de la historia con la cual entender (y justificar) el presente; Cácharo (2009: 8) afirma que “tienen carácter explicativo, referido al origen y al orden del mundo, del hombre, de la naturaleza e incluso de la organización de la comunidad”. Podría decirse que los mitos, al ser la fundamentación sobre la cual descansa la sociedad actual, tienden a vincularse con el establecimiento de un orden. El posicionamiento de Oberón, rey de las Hadas, es, en esencia, conservador: como autoridad del mundo mágico de Inglaterra, su rol es el de mantener tanto el orden real como el sobrenatural. Leer más “Lo sobrenatural y lo ideológico en la historieta de Hugo Pratt”