Reconfiguración y subversión de las dinámicas familiares

Reconfiguración y subversión de las dinámicas familiares en Kynodontas (Lanthimos) y Jardín de cemento (McEwan)

por María Jimena Balado[1]

charlotte_gainsbourgRoland Barthes ensaya una definición de “autarquía” en sus cursos y seminarios en el Collège de France entre 1976 y 1977, y señala que es una “estructura de sujetos, pequeña ‘colonia’, sin otra necesidad que la vida interna de sus constituyentes”(Barthes, 2005:83). La pregunta es, ¿cómo se constituye y se sostiene esta “pequeña colonia”? A priori, arriesgaremos que la respuesta se relaciona con determinadas condiciones extremas, por lo menos en cuanto atañe a las obras de Ian McEwan (El jardín de cemento) y Yorgos Lanthimos (Kynodontas), que serán el núcleo del presente trabajo.

Por un lado, la novela de McEwan retrata las vivencias de cuatro hermanos, entre niños y adolescentes, durante un verano en el cual quedan huérfanos y librados a su suerte y a su deseo, en una casa aislada del resto del mundo en una ex zona fabril ahora deshabitada. Por otro lado, la película de Lanthimos retrata a una familia tipo -padre, madre y tres hermanos- que vive aislada en su hogar en las afueras de una ciudad bajo la premisa, establecida por el padre en un momento fundacional que no es mostrado, de que los peores peligros acechan fuera de los paredones que rodean el hogar.

Hasta aquí podemos recabar varios motivos de análisis que iremos desarrollando oportunamente:

A) La casa como refugio del mundo exterior que se presenta como peligroso.

B) El aislamiento y su puesta en crisis por elementos externos.

C) Las dinámicas intrafamiliares que escapan a lo “tradicional”.

C.1)     El patriarcado hostil.

C.2)     La puesta en cuestión de los cuerpos de los hijos.

C.3)     El incesto.

Veremos cómo se desarrollan y entrelazan estas cuestiones en ambas obras y cómo construyen estas familias, en particular los hijos, una cotidianidad fundada en el horror pero perfectamente funcional y autárquica.

A) Nuestra casa en el medio de la calle:

Our house, it has a crowd

There’s always something happening

And it’s usually quite loud

Our mum she’s so house-proud

Nothing ever slows her down and a mess is not allowed

El espacio en el cual se desarrollan ambas historias es de vital importancia, en sus semejanzas y en sus diferencias, más aún al tratarse de espacios cerrados al resto del mundo, funcionan como únicos (o principales) escenarios de la acción. Toda referencia o muestra de otros espacios ajenos a las familias sirven para recalcar la importancia del hogar. Las casas, de este modo, se compartimentan y se expanden: importa el contraste entre la habitación o la cocina y el jardín, el piso superior y la planta baja y el sótano, los recintos privados y los espacios comunes; cobran importancia los objetos, los recovecos y los muebles que junto con los personajes constituyen el pequeño universo del hogar. La casa, o mejor dicho el hogar, cobra vida. No existe nada más en el mundo que esos espacios; aunque haya referencias a lo exterior, éstas se ignoran o son irrelevantes a las experiencias de los personajes en ambas obras.

cement11Jack, el narrador protagonista de Jardín de cemento describe: “Nuestra casa había estado antaño en una calle llena de viviendas. Ahora se alzaba en un descampado donde las ortigas crecían entre pedazos de chapa ondulada. Habían derribado las demás casas a causa de una autopista que nunca se había construido. […] Nuestra casa era antigua y grande. Estaba construida de manera que se pareciese un poco a un castillo, con paredes gruesas, ventanas bajas y almenas encima de la puerta principal” (McEwan, 2008:31-32). Podemos visualizar la casa de esta familia como  un despojo resultado de la desidia estatal de obras de ingeniería inconclusas: la familia queda con el correr de los años aislada del resto del resto del mundo. El telón de fondo es posapocalíptico: los jóvenes de la zona fisgonean las casas derruidas en busca de objetos que les llamen la atención, de alguna pared prefabricada para patear o golpear hasta que caiga para matar el aburrimiento de un verano que no parece tener fin. El poco verde que podía tener el jardín de la familia de Jack es cubierto por el alisado de cemento que encargó su padre antes de morir. No tienen mascotas: la única vida de la que se tiene registro es la de los miembros de la familia. Todos son paisajes y escenarios desoladores, devastados por un sol estival abrasador, lo cual aumenta la sensación de soledad y aislamiento: pareciera que durante ese verano, y sobre todo luego de la muerte de ambos padres, que el tiempo deja de transcurrir. Las casas del vecindario, además, son un memento mori para el propio hogar. Jack lo descubre un día vagando por una habitación antaño incinerada: “Los que habían dormido en aquel colchón, pensé, sin duda creían encontrarse en el dormitorio. Habían dado por sentado que siempre sería así. Pensé en mi dormitorio, en el de Julie, en el de mi madre, en todas las habitaciones que un día se vendrían abajo” (McEwan, 2008:55). Las ruinas del mundo que rodea a estos hermanos eventualmente alcanzarán también su propia casa, destruyéndola. Leer más “Reconfiguración y subversión de las dinámicas familiares”

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La orfandad estatal y sus consecuencias

La orfandad estatal y sus consecuencias en Diario del año de la peste, Oliver Twist y El jardín de cemento

por Ailén Kamienny[1]

 

'Over London by Rail', 1872. Artist: Adolphe François PannemakerEn este trabajo se realizará un análisis comparativo entre las obras Diario del año de la peste de Daniel Defoe, Oliver Twist de Charles Dickens y El jardín de cemento de Ian McEwan. Si bien estas obras fueron publicadas en tres siglos diferentes, XVIII, XIX y XX respectivamente, se puede establecer un nexo en común entre ellas: el rol del Estado en la configuración del espacio urbano y en los modos de comportamiento de los individuos. Para este análisis, se tomarán conceptos sobre la ciudad de distintos autores críticos como Peter Ackroyd, Fernando Chueca Goitia y Richard Sennett, para sostener que la ciudad de Londres aparece, en estas tres obras, representada como un espacio comercial, caótico, fragmentado, desigual, degradado y corrupto. La hipótesis central es que el Estado, a través de sus nulas o pocas intervenciones beneficiosas en los sectores más vulnerables de la sociedad, influye en la actitud y en los actos que los personajes principales realizan, los cuales se encontrarían por fuera de los valores morales y éticos reinantes en la sociedad inglesa. En efecto, detrás de estos comportamientos cuestionables y/o polémicos subyace toda una lógica del sistema que, si por un lado reprime y castiga estos hechos, por el otro los incentiva con su ausencia en los problemas sociales más graves. El escritor Raymond Williams señala en este sentido:

la sociedad es la creadora de las virtudes y los vicios. Son sus relaciones activas y sus instituciones las que a la vez generan y controlan todo aquello que en el primer tipo de análisis moral hubiese sido considerado un defecto del alma. (…) Las instituciones sociales, y más en concreto las motivaciones sociales, reescriben no sólo el mundo físico sino también el moral. (…) Con lo cual la cuestión moral e individual se convierte en una cuestión social (Williams, 1997:52-56).

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Espacio y melancolía

Espacio y melancolía en Jane Eyre, de Charlotte Brontë, y El  ancho mar de los Sargazos, de Jean Rhys.

por Yanina Daniela Santo[1]

2210a1d9d044e2ba08f538b2352c7846-horror-art-pulp-art Los elementos que enlazan las novelas Jane Eyre (1847), de Charlotte Brontë, y El ancho mar de los Sargazos (1968), de Jean Rhys, son tan numerosos como diferentes. El que interesa en este trabajo es la utilización de los espacios –entendidos como locaciones– que generan sensaciones melancólicas en los personajes, principalmente en sus protagonistas femeninas. Al mismo tiempo, estos espacios tienen una finalidad que coincide con la implementación de convenciones sociales del victorianismo –época comprendida entre 1837 y 1903– que pretenden impartir y controlar la educación y el desarrollo de la mujer en la sociedad. De esta forma, la melancolía estaría ligada a las condiciones de la mujer del siglo XIX.

A pesar de que Jane Eyre y Bertha provengan de distintas zonas geográficas, la expansión del Imperio Británico asegura una educación que inculca los mismos valores, pero que no influye de la misma manera en todos sus alumnos. En ambas novelas aparecen representadas las instituciones educativas como un punto de formación que luego se bifurca en caminos que resaltan las diferencias entre una y otra protagonista. Y esto también abre algunos interrogantes: ¿Jane Eyre y Antoinette Cosway/Bertha Mason son alter ego entre sí? Al mismo tiempo, ¿por qué Brontë reservó para cada una de ellas un final antitético, después de haber atravesado ambas una vida conflictiva? ¿Podía Bertha vivir otra realidad o algo más la está condicionando? ¿La melancolía tiene la misma raíz en ambas mujeres? Pueden hallarse respuestas en la crítica literaria, que ha enfocado el análisis de estas novelas desde perspectivas que responden al feminismo, a los estudios sobre el colonialismo e incluso a la psiquiatría. Sin embargo, todas ellas se desprenden de un eje central conformado por la figura del “ángel del hogar” y sus alcances durante el victorianismo.

El aporte de los enfoques provenientes de los estudios culturales es un pilar fundamental de este trabajo, pero también se buscará una confluencia con el objetivo del mismo: proponer una lectura sobre la melancolía cuyo punto de partida sean los espacios productores o contenedores del estado de ánimo y su relación con los factores –históricos, sociológicos, psicológicos– que inciden en los personajes de ambas obras. No obstante, es de suma importancia observar que las manifestaciones de la melancolía y del rechazo toman, en determinadas ocasiones, la forma de la animalización y se apoyan, en parte, en la introducción de elementos sobrenaturales. Esto no hace más que agrandar el abismo entre la persona melancólica y quien la observa, como ocurre en algunos episodios entre Bertha Mason y Edward Rochester en las novelas a trabajar.

A modo de aclaración, Jane Eyre y El ancho mar de los Sargazos, a pesar de compartir personajes y parte del argumento, se analizarán como textos independientes en la mayoría de los casos pero, de lo contrario, se especificará oportunamente. El nombre “Antoinette” se reservará para el personaje en El ancho mar de los Sargazos y “Bertha”, para el personaje en Jane Eyre. En el caso de una referencia en conjunto, se escribirá “Antoinette/Bertha”. Las novelas se abreviarán como JE y AMS para facilitar la lectura. Leer más “Espacio y melancolía”

Efectos de la ciudad moderna

London Calling: efectos de la ciudad moderna en The String of Pearls: A Romance (1846-1847) y en sus adaptaciones musicales

de Nicolás Coria Nogueira[1]

Hell is a city much like London – –
A populous and a smoky city;
There are all sorts of people undone,
And there is little or no fun done
Small justice shown, and still less pity.

(Percy B. Shelley)

  1. La ciudad que habla

 En 1844 Friedrich Engels llama la atención sobre el comportamiento de cientos de personas en la ciudad industrial por antonomasia y, por ello, centro económico del mundo: Londres. Al respecto, señala que los londinenses circulan “como si no tuvieran nada en común, nada que ver el uno con el otro, y su único acuerdo es tácito, que cada uno mantenga su lado de la vereda, de manera de no demorar las corrientes opuestas de la multitud” (1975: 329). La observación del teórico socialista supone una serie de problemas que se relacionan al surgimiento de la ciudad moderna, justamente “una creación del capitalismo industrial” (Williams, 2016: 212). En este sentido, el intenso crecimiento demográfico, el ritmo de vida y de trabajo, y la competencia laboral son sólo alguno de los efectos que pueden relacionarse de manera directa con este sistema económico.

Por su parte, las nuevas tecnologías que produjo el proceso de industrialización significaron también, a nivel cultural, la aparición de nuevos discursos, formas y géneros literarios que se correspondieron con un acelerado proceso de alfabetización de las clases bajas británicas (Flanders, 2014). Teniendo en cuenta estos aspectos, este trabajo se propone estudiar las representaciones de los distintos fenómenos de la ciudad moderna en una novela popular del siglo XIX, The String of Pearls: A Romance y en su adaptación musical –teatral y cinematográfica– en los siglos siguientes.

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Una vida en itálicas

Una vida en itálicas
Marcelo Lara[1]

Beckett_Tapa

 

 

Reseña de Recordando a Beckett: entrevistas inéditas a Samuel Beckett y testimonios de quienes lo conocieron. Traducción de Elina Montes y Milita Molina. Editores Argentinos, 2017.

 

 

 

Recordando a Beckett es, como sugiere su editor James Knowlson, la construcción de una biografía, un efecto de selección, filtro y rechazo de recuerdos, escritos, correspondencia y reminiscencias. Esta observación del editor en el “Prefacio” presenta, de algún modo, una generosa declaración de principios a tener en cuenta: hay algo que permite recoger las memorias de cuando los perros de la casa Beckett destrozaron a los de la casa vecina, y algo que permite desechar, quizás, posibles tickets de lavandería, posibles notas en la heladera, posibles chismes, posibles murmuraciones que emergieron cuando se apagó el grabador.

Una vida es el resultado de un tamiz. La ignorancia acerca de si lo que nos ha llegado es lo que pasó hacia el otro lado o lo que quedó de este lado del tejido es una franqueza que el lector debe agradecerle a este libro.

Recordando a Beckett fue editado originalmente en 2006 por James y Elizabeth Knowlson, y traducido al rioplatense con aplicada dedicación en 2016 por Elina Montes y Milita Molina. La edición argentina a cargo de Editores Argentinos incluye, como su homóloga en inglés, un recorrido fotográfico por las vidas del autor irlandés, desde las rodillas de la tía Rubina Roe hasta sus años de vejez. Es interesante que el editor argentino no haya desechado dicho material: las imágenes nos miran, incluir fotografías en medio de las palabras de este texto en particular permite volvernos intermitentemente sordos al ilusorio sentido único que promete la aparente linealidad del discurso.

El libro divide la vida en dos tiempos, por un lado, presenta los relatos de la infancia del autor irlandés, su paso por la docencia, su relación con James Joyce, sus caminatas, sus viajes a París y la necesaria huida a Roussillon durante la Segunda Guerra Mundial, así como también incluye el regreso a Francia con la Cruz Roja y su trabajo en Saint-Lô. Por el otro, deja ver un tiempo de diversos Becketts donde se derraman las voces de los años de escritura y lectura, de sus obras de teatro, de sus singulares éxitos, de sus silencios. Y también donde aparecen los diversos cruces que lo narran, esas otras vidas de escritores, directores, críticos y del propio Knowlson, su biógrafo.

De todos los textos que se acumulan en este libro, la contribución de Richard Seaver, el primer editor que llevó Beckett a la atención del público de habla inglesa, es quizás uno de los fragmentos en los que emerge con más fuerza la construcción afectiva de una vida. Seaver cuenta que conoció a Beckett en la vidriera de una librería del número 7 de la calle Bernard Palissy, tienda que ocupaba el local de un burdel recientemente clausurado por las manos fregadoras de la moral y las buenas costumbres francesas. Seaver narra su sorpresa al ver cada día desde la vereda de esa calle que lo llevaba a sus reuniones a Deux Magots o al Café Royale unos libros de un autor irlandés en la vidriera de Minuit, un editor francés. Su paso cotidiano por el ex burdel tropieza definitivamente con su curiosidad el día en el que se permite entrar a la librería y adquirir Molloy y Malone muere. A partir de allí, un poco como le había sucedido a George Orwell el día que leyó a Jonathan Swift, la fascinación lo toma y comienza a transitar la experiencia de un “shock de descubrimiento”. Beckett deviene en la voz de Seaver la literatura como una forma de vida que lo narra al propio Seaver. El editor es leído por las novelas que lo habían convocado desde los cristales del escaparate de Minuit y surge en él la necesidad de ponerse a escribir sobre sus lecturas beckettianas recién adquiridas. Aquí aparece efectivamente un relato en el que, como anota Patrick Bowles, “las palabras se desmoronan porque, en la vida, hay situaciones sin palabras, en las que las palabras se hacen pedazos, o, donde ‘las palabras nos fallan’”. En este sentido, es apasionante la narración del trabajo de traducción que llevan adelante Seaver y Beckett en sus reuniones de las cuatro de la tarde en el Dôme,  donde escritor y traductor discuten sobre las palabras y las cosas entre letras de molde y cervezas. Esas breves líneas iluminan la idea que retoma unas páginas más adelante Bowles para señalar que Beckett hablaba “de sus libros como si hubieran sido escritos por otro”.

La aparición de algunas discusiones filosóficas aportan una voz que llevará al lector a releer diversos fragmentos de sus obras literarias y teatrales. Pero especialmente lo llevará hacia el camino del fracaso al intentar ver allí el reflejo de su obra. En este sentido, la aparición de la risa, del mismo modo que la de las fotos, nos resguarda de caer en la trampa del cierre de sentido que se vive denunciado por todas partes, pero que, al mismo tiempo, no se renuncia a anhelar.

Otros de los pasajes únicamente conmovedores de los efectos de esta selección, filtro y rechazo son los relatos de sus colegas y alumnos en los que aparece un Beckett que detestaba la exposición permanente, a quien no le gustaba dar clases, profesor que hacía medianos intentos de enseñar francés: periodo que él mismo ubica como un tiempo sin ocupación que tuvo que llenar con el trabajo en el Campbell College.

Recordando a Beckett es, en este sentido, un diario de viaje posible sobre una geografía cuya cartografía desafía cualquier intento de trazar algún mapa. Los momentos que aquí se presentan podrían, es cierto, ser leídos como indicios de alguna profundidad en el individuo Beckett que trashumó por esta tierra. Encontrar en estas líneas la profundidad insondable de un hombre y su obra, o perderse en los surcos invisibles de un arado disperso es un problema del lector.

 

Distribución en librerías de la Rep. Argentina

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[1] Marcelo Lara es licenciado y profesor en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña como docente e investigador en la cátedra de Literatura Inglesa en la carrera de Letras, UBA. Ha participado en diversas investigaciones bajo la dirección del Dr. Lucas Margarit y actualmente se encuentra finalizando su tesis de Maestría en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad, UBA, sobre una lectura de la emergencia de un blanco biopolítico en un corpus swiftiano.

ZONA de TRADUCCIÓN: Amanda Dalton

AMANDA DALTON: “Bird on a Wire”, “Full Moon Fall” y “His Boots”
por Sofía Somoza

Nota biográfica:

Amanda-DaltonAmanda Dalton es una poeta y dramaturga inglesa. Nació en Coventry, Inglaterra, en 1957. Fue subdirectora de colegio por cinco años y la directora de Arvon Foundation en el centro de escritura de Yorkshire, Lumb Bank, donde organizaba cursos de escritura. Su primera colección de poemas, How to disappear (Bloodaxe Books, 1991) fue seleccionada para el premio a mejor First Collection y fue elegida con el título de Next Generation Poets, por The Poetry Book Society en el 2004. Su segunda colección, Stray, fue publicada por Bloodaxe Books en el 2012.

Actualmente es directora adjunta en el Royal Exchange Theatre, en Manchester y dirige una fundación honoraria en la Manchester Metropolitan University Writing School. Reside en Hedben Bridge, West Yorkshire. Sus poemas cuentan historias, Dalton sostiene que muchas de ellas se presentan en su mente como fragmentos de relatos o cuentos en miniatura.

Poemas y traducciones: 

Bird on a Wire

Usually they remind me of Leonard Cohen’s song
and you say they’re notes on a stave
but that September day I agreed, the swallows came
like a falling scale, some landing as chords in the bass
under single lines of startling melody.

We knew they were heading for Africa,
thousands of miles on the wing
but they were hardly birds that day.
You took a photograph for every move they made,
a thousand shots- their journey didn’t matter.

It took you a week to translate wires into staves,
a month to decide which birds should perch as quavers,
which as crotchets, semibreves, and then November
you transcribed them for soprano voice with piano,
sung to tswit-tswitt-tswittt, feetafeet-feetafeetafitt.

I grew tired of it, read bird books by the dozen
as you cut and pasted photographs. I wished you’d sleep.
December it was done, your masterpiece.
You drank to the birds, went out alone, drifted
home at dawn to a room still strewn with manuscript

and through the window – this is true-
a swallow perched on the washing line.
Was it lost or hurt?
Just late?
Would it stand a chance of crossing the Sahara?

I found you in the middle of the room, in tears, like a child,
left you to it, made some tea,
couldn’t bring myself to ask you if you were crying
for a bird that wouldn’t make it, or a missing note
recovered far too late and in the wrong place.

Pájaro en un Cable

Usualmente me hacen acordar a la canción de Leonard Cohen[1]
y vos decís que son notas en un pentagrama
pero ese día de septiembre yo coincidí, las golondrinas llegaron
como descendiendo en escala, algunas aterrizando como acordes en el bajo
tras cada línea de una deslumbrante melodía.

Sabíamos que se dirigían a África,
miles de millas en vuelo
pero apenas eran pájaros aquel día.
Sacaste una fotografía por cada movimiento que hicieron,
miles de tomas – su viaje no importaba.

Te tomó una semana traducir cables a pentagramas,
un mes decidir cuáles pájaros deberían posarse como corcheas,
cuáles como negras, redondas, y luego en Noviembre
los transcribiste para la voz soprano con piano,
cantado al ritmo de tswit-tswitt-tswittt, feetafeet-feetafeetafitt.

Me cansé de esto, leí docenas de libros sobre pájaros
mientras vos cortabas y pegabas fotografías. Desearía que hubieras dormido.
Para diciembre estaba terminada, tu obra maestra.
Brindaste por los pájaros, te fuiste solo, vagaste
devuelta a casa al amanecer a una habitación con el manuscrito aun desparramado

y por la ventana – esto es cierto –
una golondrina se posó en el tendedero.
¿Estaba perdida o herida?
¿O simplemente retrasada?
¿Tendría chances de cruzar el Sahara?

Te encontré en el medio de la habitación, entre lágrimas, como un niño,
te dejé con eso, hice un té,
no pude atreverme a preguntarte si estabas llorando
por un pájaro que no lo lograría, o por una nota perdida
recuperada demasiado tarde y en el lugar equivocado.

 

Full Moon Fall

He used to think the opposite of full moon was an empty moon,
that full moons grew so tired and fat that they fell from space
and landed in the sea.
And he knew that a moon might stray off course someday,
could land right here, on his town, on his face,
and he worked for months with a ruler and maps
to figure the odds.

The moon is small tonight.
He gives it the thumbs-up and it’s gone,
spreads his fingers and it’s back, between his knuckles,
like a trick.
By 2 a.m. it’s a scarred old magnet tugging him from bed,
just about pulling his insides out.
He strains to reach, like the moon’s a man on the edge of a cliff,
or nearly drowned. But it won’t reach back
and he hasn’t the strength to save it.

When Janet comes next day his face is blotched and stained.
She’s brought the rock from his shelf and a magazine.
He says I think. I think I remember Dad. His nose and chin.
Forget him. He was rubbish, Allan.
Thought I had. 

 Caída de Luna Llena

Él solía pensar que el opuesto de luna llena era una luna vacía,
que las lunas llenas se cansaban y engordaban tanto que caían del espacio
y aterrizaban en el mar.
Y él sabía que una luna podría desviarse de su curso algún día,
podría aterrizar justo aquí, en su pueblo, en su cara,
y trabajó por meses con una regla y mapas
para descifrar las posibilidades.

La luna es pequeña esta noche.
Él la compara con su pulgar al elevarlo y ella desaparece,
extiende sus dedos y vuelve a aparecer, entre sus nudillos,
como un truco.
Para las 2 a.m. esta es un marcado y viejo imán tirándolo de la cama,
a punto de sacar su interior hacia afuera.
Él se esfuerza por alcanzar, como si la luna fuera un hombre al borde del precipicio,
o casi ahogado. Pero esta no se acercará.
y él no tiene la fuerza para salvarla.

Cuando Janet viene el día siguiente él tiene la cara enrojecida y manchada.
Ella había traído la roca del estante de él y una revista.
El dice Yo creo. Yo creo que recuerdo a Papá. Su nariz y su barbilla.
Olvidalo. Él era una basura, Allan.
Creí que lo había olvidado.

  

His Boots

She couldn’t throw away his boots,
said they reminded her of everything
he’d trampled over, crushed,
kick into carelessly.

She loved the mud, she said –
to watch it dry, turn flaky,
drop away to dust.

She loved the broken lace
he’d snapped in his clumsy hand,
in his rage.

One night, undressed, tired out,
she wandered back downstairs
and, almost without thinking,
slipped her feet inside.

So cold against her skin, so enormous
she was lost in them, she said,
a child again,

shuffling in stilettos,
jumping snowdrifts barefoot,
squeezing both feet into one huge shoe,

until she caught herself
in the hallway mirror,
saw how tall she’d grown, how stooped,
how she had hardened.

Sus Botas

Ella no pudo tirar sus botas,
dijo que le recordaban todo
lo que él había pisoteado, aplastado,
pateado descuidadamente.

Ella amaba el barro, dijo –
mirarlo secarse, descascararse,
convertirse en polvo.

Ella amaba el cordón cortado
que él había roto con su torpe mano,
iracundo.

Una noche, desvestida, exhausta,
ella bajó distraídamente las escaleras
y, casi sin pensar,
deslizó sus pies adentro.

Tan frías contra su piel, tan enormes
estaba perdida en ellas, dijo,
una niña otra vez,

arrastrando sus pies con stilettos,
saltando montículos de nieve descalza,
apretujando ambos pies en un zapato gigante,

hasta que se encontró a sí misma
en el espejo del pasillo,
vio cuánto había crecido en altura, cuán encorvada estaba,
cuánto se había endurecido.

 Datos del traductor:

Sofía Somoza es estudiante avanzada de Licenciatura en Letras (FFyL, UBA), con orientación en Literaturas Extranjeras. Es adscripta a la Cátedra de Literatura del Siglo XIX y colabora en la Revista Literaria de Letras de la UBA (Por el camino de Puán), entre otros proyectos.

 Sitios web de interés:

http://theagency.co.uk/the-clients/amanda-dalton/ (Sobre Amanda)

http://wordsunlimited.typepad.com/words_unlimited/2012/04/amanda-dalton.html (Entrevista)

https://www.youtube.com/watch?v=f-7iZHd-0xU (Lectura de “Almost a Story”)

[1] “Bird on the Wire” es el nombre de una canción de Leonard Cohen: https://www.youtube.com/watch?v=BmPUu-rMpWA